Una obra de arte con forma de robo y transformada en película

Guillermo Francella y el director Ariel Winograd hablan de “El robo del siglo”, recreación de un inolvidable episodio de la historia contemporánea

12 Ene 2020 Por Ana Daneri
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APUNTES EN PLENO RODAJE. Winograd y Francella discuten el planteamiento de una escena. La película se estrenará el jueves en todo el país.

¿Quién no fantaseó alguna vez con robar un banco? Quebrar el sistema, desconcertar a los expertos y... reunir un montón de plata. El 13 de enero de 2006, hace 14 años, un grupo de seis ladrones robó el banco Río de Acassuso, en la zona norte de Buenos Aires, tras burlar a más de 300 policías. Hubo toma de rehenes, la TV lo transmitió en vivo y después de siete horas de tensión, la Policía entró al banco y no encontró ningún ladrón. Los rehenes estaban sanos y salvos. “En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es sólo plata y no amores”, decía una nota escrita por el líder de la banda y encontrada en la bóveda.

Habían utilizado botes y construído pasajes rudimentarios y diques de contención en los rincones del laberinto de túneles subterráneos que terminan en el Río de la Plata. Cayeron tiempo después, fueron juzgados y condenados, pero al poco tiempo quedaron libres porque la Cámara de Casación bonaerense confirmó que actuaron con armas de juguete. Una historia “de película”, llevada al cine con el inevitable título de “El robo del siglo” y que se estrenará esta semana. LA GACETA charló con el director Ariel Winograd y con Guillermo Francella, el protagonista.

- ¿Qué fue este robo del siglo para ustedes? Todos lo recordamos de la TV, del imaginario social. ¿Cómo les llega?

- F: yo estuve muy informado, como lector, de ver los noticieros. Ocurrió en una zona muy cercana de donde yo vivía, en Acassuso. Recuerdo ese banco y cada instancia de lo que sucedió. Y con el paso del tiempo siempre me decían: es un episodio plasmable 100% para una película. Tuve varias convocatorias para filmarla, pero por una cosa o por otra nunca se podía llevar a cabo. Y siempre me ofrecían el personaje de Mario Vittete. Hasta que llegó la gente de AZFilms, ahí entra Ariel Winograd en esta historia. Lo vi muy seguro, muy metido. Así empezó a volar este viaje maravilloso.

- Ariel, ¿cómo se hace para filmar esto que es “de película”, algo que ya está ficcionalizado?

POR LOS TÚNELES. La película cuenta como se movilizaba la banda.

- W: el cómo se hace es decir: “vamos a llevar a cabo esta aventura” y hay atrás un fuerte trabajo de diseño de producción desde el lugar del arte. Desde decir “che, ¿pero acá vamos a hacer el túnel, no?” “¿Cómo vamos a hacer la escapada con los gomones?”. Hay mucho planeamiento pero siempre la intención de no ficcionalizar tanto, porque la historia es superadora de cierta ficción y casi que lo que pasó es hasta inverosímil en algún punto.

- ¿Tuvieron contacto con los protagonistas reales?

- W: sí. Fernando Araujo es uno de los guionistas de la película, pero en el libro está todo. Tuvimos oportunidad de entrevistar a miembros del grupo Halcón para entender también qué pasaba afuera, recrear ese mundo y jugar con cierto western entre el personaje que interpreta Guille de Vittete y el personaje que interpreta Pipo Luque de Miguel Sileo. Cortar la avenida Libertador, hacer un banco desde cero, había muchos desafíos visuales. Nos sentamos a pensarlo y dijimos “vamos a hacerlo”.

- Guillermo ¿cómo hiciste con tu personaje? ¿Tomaste contacto con Vittete para construirlo?

- F: estuve en contacto, hablé con él. No personalmente porque está extraditado al Uruguay, no puede volver a la Argentina. La idea nunca es imitar a un personaje, más allá de que está basado en la vida real. Fue muy útil observar su comportamiento en las entrevistas televisivas, el modo de hablar. Tenía mucha cintura para las respuestas, mucha cancha. Es alguien con una inmediatez, una verborragia muy particular. Carismático, histriónico, alguien muy singular. Entonces yo fui, no tomando su modo de hablar pero sí ciertas actitudes, su estética, intenté peinarme como se peinaba él. Y luego sí tuve una charla cuando comenzó el rodaje. Muy agradable, vi su simpatía. Me dice: “tenemos puntos de contacto, puntos en común”. “¿Cuáles?”, le digo y me dice: “los dos tenemos la voz ronca, y además yo soy hincha de Racing como vos”. Después me ofreció su traje gris, a él lo llamaban “el hombre del traje gris” los snipers (francotiradores) que lo visualizaban. Le dije que le agradecía, que ya vestuario me había hecho uno a medida. Y bueno, después me invitó a comer un pescadito a Colonia algún día de estos, así que...

- ¿Y fue fácil empatizar con este personaje?

- F: empatizar sí, a veces hacés personajes basados en la vida real como Puccio, un ser tan execrable, tan en las antípodas de lo que una persona normal puede ser, que no comulgás. Pero como actor yo no cuestiono, me meto en el personaje y lo transito.

- ¿Es un héroe o un villano?

- F: a mí me generó empatía transitarlo como actor, como intérprete me gustó.

- Extiendo la pregunta para los dos, hay algo ahí de “hazaña”, de esta cosa épica de robar un banco. Me quedó resonando de la película la frase de Becquer: “¿es mejor robar un banco o fundarlo?” Y pienso en la Argentina, en este contexto post corralito del 2001, pregunto si quizás este delito es recibido de otra forma en este contexto.

- W: sí, creo que más allá de robar un banco es la forma de hacerlo. La forma romántica, que no haya heridos, dejar réplicas, dejarles un cartelito, muchos elementos para casi querer generar un evento (ríe). Creo que en ese sentido hay algo épico. Más allá de que para cada uno de los miembros de la banda en la película el hecho mayor sea la plata, más allá de eso no es sólo la plata sino generar esta necesidad de trascendencia, de obra de arte.

- Es una historia de la que todos conocemos el final. ¿Cómo hacer para mantener la atención del público durante dos horas?

- W: en los detalles.

- F: gente amiga que la vio en funciones privadas me decía: sabiendo el final y todo, igual tenía nervios, tenía ganas de que se vayan del banco, pensaba: “los van a agarrar”.

- W: ahí estaba el desafío de contar esta historia. Me pasó también que Rodolfo Palacios, el autor del libro, vio la película y me dijo: “entré pero como si no hubiera escrito ni una coma”.

- Está bien profundizada en la historia la relación con tu hija, que a la vez es tu hija en la vida real. ¿Cómo fue eso?

- F: uff, hermoso, hermoso. Me dio mucho placer, tenía muchas ganas de trabajar con ella en su primera película como me pasó con Nicolás en “Corazón de león”, también su primera película. Fue muy emocionante para mí, muy emotivo, pero fue muy profesional ella, tiene mucho rigor para trabajar, como su papá. Me gusta algo que pasó en la escena de la cárcel. Ella no quería estar conmigo en el catering, quería encontrarme en el calabozo. Fue muy importante. Me gustaron los colores que le pude ver, tenemos cuatro escenas muy jugosas.

- Pienso en la frase que ellos dejaron: “sin rencores y sin armas”. ¿Hay rencores entre la banda? ¿Qué fue de ellos? ¿Qué fue del botín, dicen algo?

- F: no, nunca se supo. Sé que parte del botín se recupera cuando lo agarran a De la Torre, pero del resto no se supo nada.

- Hicieron cameos algunos de ellos...

- W: sí, hay alguna participación de ellos.

- ¿Y cómo recibieron la película?

- F: se divirtieron

- W: si, ya ha pasado el tiempo, han cumplido su condena y vinieron. Muy normal, digamos, tranquilo.

- Y pensaba también en quizás la fantasía que tenemos todos. ¿Qué harían si tuvieran todo ese dinero, así de golpe? (ríen)

- W: el otro día escuché una respuesta muy buena de Diego Peretti que dijo: “no puedo pensar porque no tengo esa plata, pero cuando la tenga pensaría cosas”. Me iría de viaje, le compraría departamentos a mis hijos pero no sé, es mucha guita.

- F: te sobra

- W: no sé qué haría

- F: y después es importante dónde tenemos esa plata, si en esta Argentina querida, que no sabemos qué hacer con la plata desde el punto de vista de si son dólares o si terminan siendo pesos. O si se lo termina llevando el Estado, así que no te sabríamos contestar.

El escenario

La sonrisa de Francella

Guillermo Francella baja por la escalera del primer subsuelo en el Hotel Intercontinental, a la vuelta de la Casa Rosada. Entre cada entrevista fuma un puchito. Allí lo ataja el equipo de la distribuidora Warner para contarle de la función privada de esa mañana: 195 personas se dieron cita en el Hoyts del shopping del Abasto. Después de un desayuno buffet en la recepción del cine, periodistas e invitados especiales -incluida LA GACETA- vieron “El robo del siglo” a una semana de su estreno.

“La gente aplaudía, se reía, estuvo muy bueno”, le dice una de las chicas de la producción. Francella sonríe de oreja a oreja, le brillan los ojos. “Qué alegría”, responde entusiasmado.

Francella y Diego Peretti miran serios desde el póster principal de la película, también en la sala del hotel. El filme promete ser uno de los éxitos del verano, ya con más de 9.000 entradas prevendidas y una historia que vive en el imaginario social como una de las hazañas delictivas del siglo. Filmarla, ambientarla en el año 2006, replicar un banco, construir un túnel, acerca la película a una hazaña parecida. Un hecho cinematográfico donde se diluyen las barreras entre ficción y realidad. Y donde, además, el cerebro del robo al banco (Fernando Araujo) entra al set como extra llevando una pizza.

El director imagina la épica de este robo como una obra de arte, un acto tan humano como buscar la trascendencia. El arte del cine tal vez logre fijarla en el imaginario argentino para siempre.

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