Museos: sea contemporáneo o moderno, el problema está en los cimientos

Las prioridades son las refacciones en el Timoteo Navarro. Una parcial historia de arduas gestiones que involucraron al arte.

26 Nov 2019 Por Jorge Figueroa
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CON ANDAMIOS. Las grietas externas e internas abundan en la construcción de 9 de Julio 44. LA GACETA / ANTONIO FERRONI

Luis Benedit formó parte del Grupo de los 13, del CAYC, del arte de vanguardia argentino reconocido internacionalmente; artista, arquitecto y diseñador, y con numerosos diplomas aquí y allá. En 2004, el Centro Cultural Virla de la UNT lo invitó a ser jurado del Salón de Arte. Con el rosarino Fernando Farina, además de actuar como jurado, visitó La Baulera, un espacio de arte y teatro ubicado en la zona del Abasto, cuando esa zona comenzaba a despertar y a transformarse. Mientras la artista Natalia Lipovetzsky sacaba fotos de la reunión, a Luis Benedit no le llevó más de 10 minutos leer el proyecto y firmar sin dudar su adhesión: Sergio Saksonoff y Jorge Gutiérrez, entre otros, le exhibían el plan de un museo de arte contemporáneo en el ex Abasto (con diseños, planos, presupuesto y fundamentación teórica). Su firma se agregaba al nombre de decenas de artistas, teóricos, curadores y personalidades extranjeras, argentinas y tucumanas.

Ante la indiferencia oficial, el proyecto contó con el respaldo del coleccionista y funcionario, Carlos Casal, quien intentó acercar el interés de las autoridades. Pero no hubo caso. Ni siquiera cuando se adaptó el planteo a la actual Usina Sarmiento, en la que, por esos años, el Estado no tenía que pagar nada por el terreno. El ex secretario Jorge Feijóo sugirió entonces Yerba Buena, y luego de una entrevista con el entonces intendente alperovichista Daniel Toledo, el impulso por el museo se cayó: ofrecía un espacio menor al de cualquier concesionaria. Saksonoff y Gutiérrez continuaron fundamentando el proyecto en ponencias y encuentros de arte, pero sin resultado alguno, mucho menos del Ente Cultural.

En los primeros años del milenio, Tucumán se posicionó con Rosario y Buenos Aires en el arte contemporáneo. Un museo con esas características era una necesidad indiscutible pensando, además, que Salta ya tenía el suyo, con una cantidad muy inferior de artistas en comparación con Tucumán.

Toda esta historia (que es mucho más larga y llena de avatares) viene a cuento de que la renovada directora de Artes Visuales, Raquel Zeitune, le dijo a este diario que era necesario un museo de arte contemporáneo.

1.- La prioridad hoy es que el Museo Timoteo Navarro no se caiga, literalmente. Las grietas son internas, visibles apenas uno ingresa a lo alto, por el sector derecho. Los pisos se abren. Y para qué hablar de las fachadas. Exactamente, como sostuvo la funcionaria, la prioridad son esas refacciones, esos 33 millones que hoy deben llegar a 50. Habló de los cimientos, nada menos.

2.- “A la tucumana”, los artistas han convertido el MUNT y el Timoteo Navarro en contemporáneos (ninguno de los dos edificios han sido construidos para ese fin, vale recordar). No son espacios dispuestos para ellos. Aquellos que estaban interesados en el proyecto parecen resignados ya. Ni el Gobierno provincial ni la Universidad tienen presupuesto para las necesidades básicas de funcionamiento; sería largo mencionar la lista de las carencias. (Es verdad que hace algunos meses faltaba el agua en el Museo de la Casa Histórica).

3.- ¿Y los artistas? ¿Se los ha consultado? En rigor, no pareciera una necesidad de un museo de arte contemporáneo. Y no solo por el dinero que hubiera que invertir, sino porque debería pensarse en una política artística y preparar los cuadros profesionales para llevarla adelante.

4.- “El problema está en los cimientos”, dijo la funcionaria del Ente Cultural. La frase puede ser una interesante metáfora de la misma política cultural o artística que sirva para reflexionar.

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