Día del viajante: historias de tucumanos que hicieron del auto su oficina

Vendedores que dedican su vida a viajar contaron sus experiencias.

01 Oct 2019 Por Camila Carceller
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VIAJANTES. "Nos hacemos amigos entre todos porque somos compañeros de ruta" IMAGEN ILUSTRATIVA/WHEELSANDLIPSTICK

Llega el domingo y comienza a armar la valija. Después del asado, discute con su esposa porque a “todos los pares” les falta una media, y si la empleada se olvidó de planchar las camisas ¡agarrate! El lunes a la mañana carga el maletín en el auto, saluda a sus hijos y emprende viaje. No hay cumpleaños, reuniones familiares ni Días del Padre que valgan de excusa para no viajar. Esa, en general, es la rutina del viajante. Un trabajador con una profesión que se contagia por generaciones y que hoy festeja su día, como cada 1 de octubre.

En general, los viajantes conocen la profesión por algún cercano o familiar que los recomienda. En Tucumán hay familias completas, generaciones de abuelos, hijos y nietos que continúan el legado. Construcción, salud, electrónica, decoración, muebles, artículos del hogar son algunos de los rubros que mantienen sus representantes vigentes.

Flavio Nicotra adquirió el amor por este trabajo de grande. Su esposa venía de una familia de viajantes y sus allegados le contagiaron la curiosidad por la actividad: “me gustaba el hecho de que fuera un trabajo en el que no tenía un tope ni un sueldo fijo”. El vendedor hizo su primer viaje al interior de la provincia y a Santiago del Estero ofreciendo materiales eléctricos.

“La gente cree que ser viajante es lindo porque nos ven como ‘turistas becados’ y no es así. A la larga, viajar y estar lejos de tus seres queridos, dormir y comer solo no es fácil”, mencionó.

Martín Máximo tuvo que comenzar a vender “porque no le quedó otra”. Tenía que mantener a su madre y a su hermana luego de que su padre muriera súbitamente de un infarto. Corrían los años ‘60 cuando Martín recién egresaba del colegio Tulio y conoció a Anita -quien fue su esposa durante 41 años hasta que falleció en 2010-. Había decidido estudiar dibujo publicitario cuando murió “El Gordo” y tuvo que dejar todo: “tenía que hacerme cargo de mi mamá y de ‘Susi’, entonces empecé a trabajar en un negocio de electrodomésticos. Ahí conocí al representante de una cadena nacional y me recomendó para trabajar en Buenos Aires. Llegué a la capital, agarré una plancha y salí a vender”.

El “Gringo” de 72 años, se hizo viajante después del nacimiento de su primer hijo, Leonardo, quien años más tarde continuó con la profesión. En el medio nacieron sus otros tres hijos. A medida que ellos fueron creciendo, su trabajo también comenzó a dar frutos y logró tener tres negocios propios y una distribuidora. Hoy, el tucumano radicado en Buenos Aires continúa trabajando de viajante y hace recorridos por el interior de esa provincia.

Para los viajantes, el país se divide según la zona de la que son responsables; y la provincia, por el mapa de comercios que tienen que visitar. Pueden representar a una, dos, cinco o 10 empresas de diferentes rubros, pero el objetivo siempre es el mismo: posicionarlas y destacarlas. Para ello se levantan temprano, viajan, golpean puertas, insisten, insisten e insisten.

“Lo nuestro es levantarte a las 5 para ir a un pueblo a visitar a una mujer que tiene un negocio de barrio que vende $ 10, y ponerle la misma onda que a una que vende dos millones; es ser psicólogos del cliente, escuchar los problemas que tiene; tomar un café con él, un vino o comer un asado; es dormir en un hotel cinco estrellas o en un hotel alojamiento. Poca gente lo puede entender”, expresó ‘Leo’, hijo de Martín.

El vendedor, de 49 años, se había quedado recientemente sin trabajo cuando decidió ingresar en la profesión. Recomendado por su padre a una reconocida empresa de nebulizadores, se mudó a Tucumán y empezó a comerciar esos productos: “primero vine solo y después vino mi familia. Por suerte me empezó a ir bien y pude comenzar a representar a otras empresas al mismo tiempo. Mi esposa no trabajaba y yo estaba en la calle y sabía que si no vendía, mi familia no iba a tener comida”.

‘Leo’ llegó a vender productos de 15 empresas en todo el NOA. Viajaba a Salta, Jujuy, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero. “Estaba dos semanas al mes en casa y otras dos viajando. Nuestra oficina es el auto”, resumió.

“Nuestra distracción es compartir con otros viajantes cuando nos encontramos en alguna provincia. Si bien somos competencia ante el cliente, también somos compañeros y muy amigos en la ruta, y pasamos buenos momentos entre nosotros”, agregó Flavio.

Una profesión vintage

Con el tiempo, las formas de trabajar y las tecnologías evolucionaron. Estos hombres mencionaron sus distintas formas de manejarse y demostraron que cada generación tiene sus mañas. Martín, por ejemplo, comenzó a trabajar cuando las notebooks no existían y en su maletín llevaba remitos, formularios, cuadernos y muchas lapiceras. Actualmente sigue manteniendo esa metodología y no piensa cambiarla: “es lo que me resulta cómodo. Tengo un celular porque tengo que comunicarme con mi familia, pero no uso Whatsapp ni Facebook ni ninguna de esas cosas”.

En medio quedaron Flavio y Leonardo, la generación +40 que vivió el cambio del papel a los dispositivos portátiles. “En mi maletín tengo papeles con los que me manejo, como las listas de precios y los catálogos, pero también llevo mi notebook y uso mucho el celular”, contó “Leo”.

“Nuestro principal aliado es el celular, pero la mayoría de los clientes quieren que el viajante se siente frente a él, le levante el pedido y le comente las ofertas. Es una profesión que te exige estar dinámico todo el tiempo, actualizado”, opinó Nicotra.

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