Mala costumbre: Atlético juega de visitante y pierde

Anoche fue ante Vélez, por 1 a 0.

17 Sep 2019 Por Andrés Burgo
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PELEA EN LAS ALTURAS. Cabral gana por arriba ante Gianetti. El defensor volvió a la titularidad pero sufrió como gran parte de la defensa de Atlético anoche. FOTO DE IGNACIO IZAGUIRRE (especial para la gaceta)

Atlético se acostumbró a perder de visitante. Tan sencillo y doloroso a la vez. Las derrotas que al comienzo eran indoloras o anecdóticas (que importaba un 1-4 con River en el Monumental o un 0-5 con Tigre si la campaña en la Copa de la Superliga era espectacular) ahora encienden una alarma amarilla.

El 1-0 de anoche contra Vélez no sólo fue justo: fue la octava derrota seguida como visitante entre la Superliga y la Copa de la Superliga de un equipo que ya no sabe cómo cortar la hemorragia. Ni siquiera le alcanzó la tardía rebeldía que mostró en los últimos minutos, cuando por primera vez puso en ciertos aprietos al arco local.

Sin solidez colectiva ni respuestas individuales, no hacía falta ser un adivino para intuir que Vélez, aún sin ser muy superior, podría convertir en su primera llegada al arco visitante. Atlético llegó a Liniers tras haber mostrado algún atisbo de recuperación en Paraná, durante el empate y posterior derrota por penales contra Colón por la Copa Argentina, pero dentro de un contexto de dudas: al “decano” le sigue costando más de lo pensado el inicio de temporada y todavía es un equipo que, si fuese boxeador, sería acusado de mandíbula frágil. Le pegan y se cae a la lona.

En medio de los reproches cruzados entre tres defensores de Atlético, un doble cabezazo de Maximiliano Romero y Lucas Janson terminó en el 1-0 de Vélez cuando Alejandro Sánchez apenas había tenido trabajo. Y no es, para nada, un reproche al arquero -que de hecho fue el mejor de su equipo-: es el síntoma de un equipo que parece haber perdido la solidez de la temporada pasada. Los reclamos propios nacen en la impotencia.

Aún casi repitiendo el equipo que venía de jugar un buen primer tiempo contra Colón -sólo ingresó Jonathan Cabral por Dylan Gissi-, Atlético se mostró desde el comienzo como un equipo dietético, en versión light, con poco peso, acaso irreconocible para lo que suelen ser los cuadros de Ricardo Zielinski.

Lo que seguramente la televisión mostró fue un equipo tibio, sin sustancia, que no olía la sangre del rival, pero lo que también pudo verse en Liniers fueron algunos bufidos del entrenador a sus jugadores, pidiéndole más presión sobre los locales. Ni siquiera tiene mucho sentido recaer en nombres propios: Atlético fue durante largos minutos un equipo anestesiado, con individualidades que no podrían destacarse porque en ese contexto ni siquiera Lionel Messi podría haberlo hecho.

Las dos situaciones más claras de Atlético nacieron en dos chambonadas del arquero local, Lucas Hoyos, una en cada tiempo: Lucas Melano casi aprovecha la primera y Augusto Lotti definió por encima del travesaño en la segunda, ya a los 35 minutos del complemento, cuando Atlético al menos juntaba jugadores en ataque y puso en ciertos aprietos al local, un Vélez al que tampoco le sobra mucho.

El entrenador intentó un electroshock con los ingresos de Ramiro Carrera -por un desapercibido Tomás Cuello- y de Leonardo Heredia y el propio Lotti, pero Atlético siguió siendo un equipo que corrió de atrás al partido. Es cierto que en los últimos 15 minutos pudo haberlo empatado, pero también es cierto que Vélez podría haber llegado al 2-0 y nadie se habría sorprendido.

Los brazos en jarra de los jugadores al final de la noche de Liniers, la mirada perdida de algunos de ellos y los tibios reclamos al árbitro Darío Herrera fueron la imagen final de la octava derrota seguida como visitante, una de las tres peores rachas de Atlético en torneos de AFA: sólo está por debajo de los nueve partidos que perdió al final de la temporada 1994/95 del Nacional y de otros ocho en el campeonato siguiente.

Ya es hora que Atlético reaccione fuera del Monumental.

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