Tucumán: el lugar del microrrelato

El Centro Cultural Alberto Rougès de la Fundación Miguel Lillo alberga en sus bibliotecas una importante colección de microrrelatos y de obras que abordan esa narrativa, que la convierte en una de las más importantes del país en el tema.

08 Sep 2019
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El lugar

Todo ser necesita un lugar donde morar sobre la tierra. El mío es el libro. Ni el original manuscrito, ni el envío por correspondencia, ni la aparición en una de tantas revistas, aplacan mi deseo de contar con un lugar donde quedarme para siempre. Así es como concibo la página de un libro. Para un microrrelato como yo, ese lugar es lo más parecido posible a lo que otros llaman inmortalidad.

(David Lagmanovich, Memorias de un microrrelato, 2010).

El microrrelato en Tucumán tiene una energía inusitada: se publican decenas de libros de creación y crítica de escritores e investigadores del medio y se realizan frecuentes reuniones de escritura en taller, de lecturas y académicas para difundir e investigar sobre esta singular especie narrativa. Gran parte de este fenómeno se lo debemos a la actuación de David Lagmanovich, escritor, crítico, periodista y profesor emérito de la Universidad Nacional de Tucumán fallecido en 2010.

David Lagmanovich fue uno de los pioneros en el estudio del microrrelato y contribuyó a sentar las bases críticas del género. Desde la década de 1970 escribió textos críticos sobre los que entonces se consideraban “cuentos breves”, aunque su primer trabajo específico sobre microrrelato data de 1994: “Márgenes de la narración: el microrrelato hispánico”, publicado en la revista Chasqui nº1, editada por la Universidad Brigham Young (Utah, EEUU).

En su biobibliografía personal (Los días y las letras: bibliografía personal 1953-2008), al respecto, apunta: “Entre los artículos, el número 253 (el de la revista Chasqui) es el primero de los que dedico al tipo textual conocido como microrrelato (ya tratado por mí desde años antes en algunas notas): tema general que, en sus distintas modulaciones, me ocupará con frecuencia en años siguientes”.

En la misma línea crítica publicó, más adelante: Microrrelatos, en 1999; Microrrelatos argentinos, editado por la Universidad Nacional del Comahue, en 2006; La otra mirada: antología del microrrelato hispánico, en 2005 y El microrrelato. Teoría e historia, en 2006, ambos editados por la editorial española Menos Cuarto y El microrrelato hispanoamericano, en Bogotá por Universidad Pedagógica Nacional, también en 2006. A estos se suman innumerables artículos en publicaciones periódicas latinoamericanas y europeas.

Por otro lado, acompaña esta producción teórica y crítica una prolífica escritura ficcional que se vuelca en varios libros propios y también en antologías, entre los que destacamos: La hormiga escritora (2004), Los cuatro elementos (2007), Historias del Mandamás (2009) y Memorias de un microrrelato (2010).

Durante su vida académica y docente se abocó a varios temas: comenzó con los estudios de filología y luego por la literatura colonial latinoamericana, la traducción poética, la narrativa del Noroeste argentino, la narrativa policial, Julio Cortázar, etc. En sus últimos años, dedicado casi exclusivamente al microrrelato, dictó numerosos cursos y coordinó varios talleres de escritura a docentes, microrrelatistas (o aspirantes a serlo) e interesados en general en el Centro Cultural Alberto Rougès, de la Fundación Miguel Lillo, donde donó, en 2004, la Biblioteca de Letras, con su esposa, Inés Cullel, pedagoga. Esta biblioteca, especializada en letras, cuenta con aproximadamente 13.000 volúmenes de: lingüística, teoría y crítica literarias, literaturas nacionales y extranjeras y eran, originalmente, la biblioteca personal de Lagmanovich. En ella hay diferentes secciones dedicadas exclusivamente a una temática o género en particular, que se corresponden a las áreas de investigación de la trayectoria académica de David Lagmanovich: literaturas coloniales latinoamericanas, la traducción poética, la narrativa policial, pero sobre todo se destaca la importante sección destinada al microrrelato.

Títulos

Esta última colección es muy completa, contiene teoría, crítica, antecedentes y creación literaria y está continuamente actualizada, gracias a la donación de los escritores.

Vale la pena detenerse en algunos de sus títulos, porque dan cuenta de la seriedad y rigurosidad con que Lagmanovich asumió el estudio de este género.

Los antecedentes del microrrelato están representados por textos curiosos como la afilada crítica a la música de Wagner en Monsieur Croche: antidilettante de Claude Debussy; En la calle del alquimista y en alemán Das Urteil: und andere erzahlumgen (El juicio y otros cuentos) de Franz Kafka y de Bertolt Brecht, Cuentos de almanaque en español y en su lengua original, Kalendergeschichten. También están presentes el escritor húngaro István Örkény, con sus Minimythes y los franceses Charles Baudelaire con una hermosa edición de Petits poemes en prose (Le spleen de París) y Marcel Schwob con Vidas imaginarias.

En este panorama germinal encontramos ciertos textos de escritores de lengua española, como las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, y las prosas narrativas breves de Juan Ramón Jiménez y latinoamericanos, como Rubén Darío, Macedonio Fernández (No toda es vigilia la de los ojos abiertos: y otros escritos) y la Filosofícula de Leopoldo Lugones, que inician una tradición de minificciones que oscilan entre la crónica, el poema en prosa, el ensayo y el relato.

La legitimación del género está representada con autores como Juan José Arreola, Jorge Luis Borges, Marco Denevi, Enrique Anderson Imbert, Augusto Monterroso, Julio Torri y Ramón López Velarde, entre otros. A estos le siguen innumerables antologías de diversos tipos: generales (Flash fiction. 72 very short stories), por países (Antología del cuento corto del Caribe colombiano), por regiones (Panorama del microrrelato en el noroeste argentino), por temas (MicroQuijotes; De mil amores: Antología de microrrelatos amorosos), de autores (Antología personal. Raúl Brasca), etcétera. Podemos afirmar que casi todos los microrrelatistas de Latinoamérica y Argentina tienen por los menos una publicación en esta biblioteca y, con seguridad, todos los del noroeste argentino. No faltan franceses (Microcontes 31, de Odilia Boutry) ni españoles (Dos minutos: microrrelatos, de José Alberto García Avilés)

La bibliografía crítica es abundante y variada. Destacamos la edición alemana de Omar Ette: Nanophilologie: Literaturische Kurz-und Kürzestformen in der Romania, y la española de Francisca Noguerol Jiménez: Escritos disconformes: Nuevos modelos de lectura; actas de congresos (La era de la brevedad: El microrrelato hispánico. Actas, de Irene Andrés Suárez y Antonio Rivas), revistas (Revista Interamericana de Bibliografía 43: 4, de la OEA). También estudios regionales argentinos: El microrrelato en Santiago del Estero de Antonio Cruz; El microrrelato en Tucumán y el Noroeste argentino. Antecedentes y producciones de Ana María Mopty. Los estudios de Alba Omil: Cómo escribir un microrrelato y la tesis doctoral de Guillermo Siles: El microrrelato hispanoamericano: La formación de un género en el siglo XX; o aplicaciones didácticas del microrrelato como El boom de la minificción y otros materiales didácticos del mejicano Lauro Zavala.

En este breve panorama bibliográfico resalta, por supuesto, la rigurosidad de los estudios de David Lagmanovich, pero sobre todo la importancia de las bibliotecas como reservorio de las producciones intelectuales y sobre todo como espacio multiplicador de lecturas e investigaciones.

© LA GACETA

Verónica Estévez - Profesora en Letras. A cargo de la Biblioteca de Letras del Centro Cultural Rougès.

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