A Belén le robaron en el parque 9 Julio algo más que su calidad de vida

Cuando volvió de una corta caminata vio que tenía una puerta del auto abierta. Entre lo que se llevaron había un neuroestimulador que la ayuda a soportar un dolor que le obliga a consumir 180 miligramos de codeína.

29 Ago 2019 Por Leo Noli

Su mensaje se hace viral en cuestión de minutos.

Belén Jiménez Suárez está desesperada. Tiene miedo, le confiesa a LA GACETA. Tiene miedo de volver a sufrir un dolor que en una escala del 1 a al 10 a ella le pegó en 11 durante cinco años de su vida.

La desgracia, porque así piensa ella, le metió la pata en una calle interna del parque 9 de Julio, por la zona Cuba y avenida Soldati. Buscó una sombra para estacionar el auto, escondió sus bártulos en la parte trasera de habitáculo y se fue a caminar. El problema fue al regreso. Apenas minutos, pero bastaron para que alguien “le limpiara” un vidrio y le robara dos mochilas. “Cuando volví, vi la puerta abierta del auto. Me quería morir”.

En una de esas mochilas está el aparato que la hizo volver a disfrutar de la vida, un neuroestimulador neuronal que la ayuda a soportar un calvario que no se lo cedería ni a su peor enemigo. Ni al que le robó.

Belén tiene 24 años, jugó al hockey en Central Córdoba hasta el día que se lastimó feo en el gimnasio. “Se me desplazó una vértebra hacia adelante y se me quebró”, cuenta hoy mientras toma una ración de codeína, una sustancia extraída del opio, menos tóxica que la morfina, que se emplea en medicina como analgésico y narcótico para calmar el dolor. Belén consume cerca de 180 miligramos por día de codeína si no tiene su aparato. Y así y todo, el nivel de resistencia a su dolencia física corre en 11.

ESTÁ BIEN. El neuroestimulador ayuda a calmar en Belén un dolor insoportable.

Pasó tres veces por un quirófano. “Me fijaron con barras y tornillos toda la parte del sacro y lumbar para que quede todo fijo y no se mueva. Tengo unas cajas reemplazando los discos. Está todo fijo lo óseo, pero los nervios están dañados y necesito una estimulación que engañe al cerebro de que mis nervios están bien. En vez de dolor siento una especie de corriente”, cuenta.

Dentro de una de las mochilas de Belén había una caja con una especie de antena y un control remoto. A esta antena se la apoya sobre la espada y con el control envía una señal para “activar los nervios”. “Tengo un cable que va conectado a un generador, de la T8 dorsal hasta la cola. A través del generador que me robaron subo y bajo la estimulación”, el aparato que le robaron a Belén es único en la provincia. Es solo para ella. Para nadie más.

De nada sirve venderlo. “Está programado para mí. Ojalá pueda encontrarlo. Que me lo devuelvan. Pago recompensa (3815151318)”.

Durante cinco años nada hizo que el dolor bajara un cambio. Recién el año pasado, cuando conoció a la doctora Andrea Arcos su vida volvió a funcionar con normalidad. “Ella fue la que me operó”, agradece justo hoy que se encuentra desesperada y en un punto ciego.

Hizo la denuncia en la comisaría Primera. Desde la Brigada se comunicaron con ella para informarle cómo llevan adelante su caso y también para consultarte si “había tenido suerte”. “En el estuche donde está la antena y el control está escrito mi nombre, con el número de serie del implante".

Si ella pudiera comprar el control y la antena por separado, sin todo el metal que tiene en su cuerpo, lo haría. No se puede. Es oro o barro.

“Los nervios me generan más dolor”.

Belén siente que la injusticia la castiga. “Estuve cinco años soportando este dolor inmenso y justo ahora que empiezo a estar bien me pasa esto. Había hecho de todo antes, ozono terapia, RPG, acupuntura, todo”.

Belén pide ayuda. 

“Al control, sí o sí, lo llevo a todos lados. Es para manejar mi estimulación neuronal. Cuando tengo crisis de dolor, lo conecto, pongo las antenas y listo. Ahora no lo tengo. Lo necesito”.

UN CALVARIO. El desplazamiento de una vértebra le costó tres operaciones a Belén.

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