¿Qué hará el próximo Ente de Cultura con el patrimonio?

14 Jun 2019 Por Guillermo Monti
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la gaceta / foto de Analía Jaramillo

La chapa brilla bajo el sol de la siesta. Es un plateado intenso y uniforme, que se opaca apenas las nubes consiguen abigarrarse para flotar sobre San Martín al 700. Por delante, la vereda es un alisado de cemento. Una acera generosa, amplia, justo donde una pasarela y un puñado de tablones defendían a los transeúntes del derrumbe que -afortundamente- nunca se produjo. Detrás de la chapa, nada. Un rectángulo vacío, exento de los ecos del viejo Banco Francés. La piqueta consumó su obra y no dejó vestigios de ese pedacito de patrimonio que Tucumán se engulló sin indigestarse. Ya está.

La cuadra quedó desperfilada, porque a los lados de la propiedad todavía no llegó el retranqueo. Pegada, en la esquina con Maipú, llena la vista la exquisita fachada del Paseo Español. ¿Quién puede asegurar, al paso que vamos, que en el futuro algún iluminado no vaya a tirarla abajo, invocando vaya Dios a saber qué motivos? Al frente, las puertas y ventanas de la vieja Dirección de Rentas se mantienen amuralladas. Cuentan además con la custodia de la legión de pericotes que asaltan la zona cuando cae la noche. O en plena siesta.

El chapón que saluda el paso en plena city proyecta una tristeza absoluta. Es como una lápida sin epitafio. Nadie va a dejarle flores a esa construcción que pasó a mejor vida y no dejó ni un recoveco para albergar sus fantasmas. Porque los viejos bancos, como los teatros, tienen sus historias de aparecidos. El problema es que donde se erigía el Francés quedó una geografía tan plana y aséptica como una playa de estacionamiento. Esa burbuja inodora, incolora e insípida, enclavada en San Martín al 700, es la representación de nuestro fracaso como sociedad. Tal vez convendría dejarla como está, aunque sea para recordarnos de lo que somos capaces, con una placa que diga: en este lugar se levantaba un edificio histórico, al que dejamos deteriorar sin que nadie fuera capaz de salvarlo. Después fue tarde y lo tiraron abajo. ¡Que no se repita! ¿Serviría de algo?

Mirando hacia adelante

“Cuando llegué a Cultura en Patrimonio había una sola persona. Me voy dejando un equipo de trabajo”, sostuvo Mauricio Guzman en LA GACETA Central. Durante esa entrevista, previa al anuncio de su renuncia a la presidencia del Ente, Guzman habló de la necesidad de seguir jerarquizando el área brindándole mayor relevancia en el organigrama de la administración pública. Por ejemplo, con mayor rango y autonomía. Hasta habló de un potencial Instituto de Patrimonio, con la potestad suficiente para actuar con menos filtros.

Hoy Patrimonio es una de las ocho direcciones que estructuran al Ente de Cultura. La conduce la arquitecta Mercedes Aguirre, en un pie de igualdad con Acción Cultural (a cargo de Salvador Díaz), Letras (Horacio Elsinger), Artes (Marilí Bullion), Artes Visuales (Raquel Zeitune), Producción y Gestión (Ronit Keter), Teatro (Oscar Zamora) y Medios Audiovisuales (Adriana Chaya). Por encima de cada departamento quedan el presidente y el vice (Martín Ruiz Torres), que se mantendrá al frente del Ente una vez que Guzman desocupe el despacho y hasta que el Gobernador designe al sucesor.

El futuro del área patrimonial es una de las numerosas cuestiones que deberá contemplar la nueva conducción del Ente. Lo fundamental en este caso será la naturaleza del proyecto por el que se inclinará Juan Manzur. ¿Apuntará a mantener las actuales estructuras o apostará por una reconfiguración del organismo? En la génesis de cualquier plan aparece la definición de cultura que lo sustente. No todos asocian la cultura con la inclusión social y la construcción de ciudadanía.

Las últimas 48 horas fueron un hervidero de rumores, conjeturas, globos de ensayo, autopostulaciones y operaciones políticas. Candidatos a ocupar la presidencia del Ente puede haber varios, pero en la consideración del Gobernador la lista es mucho menos extensa. “El problema es que se habla de nombres, no de proyectos, y lo importante es un buen proyecto”, destacó Coqui Sosa. Director de Cultura de la Municipalidad de Bella Vista y embajador cultural de la Marca Tucumán, el músico formó parte de la delegación que acompañó a Manzur a Israel y mantienen una relación cordial. A su grupo de trabajo se sumaría el abogado Juan Grande, director de la Diplomatura en Gestión Cultural de la Universidad de San Pablo-T y militante cercano a Carolina Vargas Aignasse. El del sobrino de Mercedes Sosa es uno de los perfiles que se siguen con interés. Claro que no es el único.

Otra figura a tener en cuenta es el director de la Orquesta Estable, Alejandro Jassan, y no sólo por su cercanía afectiva con el Gobernador. En los meses que lleva al frente del cuerpo aprendió a pasillear el edificio de San Martín 251 y fue trabando buenas relaciones. Ser un hombre de la casa siempre otorga ventajas y en su caso podrían traducirse en la continuidad de algunos directores.

De todos modos, el propio Manzur anticipó su intención de analizar con tiempo todas las variables antes de anunciar una decisión. Confía en que Ruiz Torres navegará sin problemas los meses venideros, que serán intensos por la programación del Festival de Cine “Gerardo Vallejo” y el Septiembre Musical. La espuma informativa bajará en los próximos días y seguirá otra instancia: el lobby más subrepticio, que es el que rinde.

Y mientras tanto...

Pasaron cinco días y la ciudad se va olvidando del fragor electoral. La limpieza de afiches y el retiro de la cartelería son parciales, por zonas: más rápido en el microcentro y en algunas avenidas; sin prisa en los barrios, donde muchas pintadas pueden aguantar tranquilamente hasta la campaña que viene. Claro que todavía quedan en el paisaje demasiadas marcas freezadas. Es curioso leer esos mensajes con los hechos consumados, rostros perdedores que hasta hace unos días soñaban con otra cosa y hoy lucen condenados a sonreír sin motivo.

La cuestión patrimonial apenas se rozó durante la campaña. La crisis económica y la inseguridad se engulleron infinidad de temas que hacen a la calidad de vida de los tucumanos, entre ellos cómo valorizar lo que queda en pie de nuestra identidad; cómo mantener las escasas joyas de la abuela al margen de salvajadas con forma de topadora. Esta es una discusión de neto corte cultural.

Ni el Gobernador ni los miembros de su equipo brindaron precisiones acerca de los pasos que se vienen en este segundo período al frente del Ejecutivo. Los pasos concretos, no los ejes discursivos. En el caso del patrimonio y de la ciudad se impone, de una vez por todas, una articulación con la Municipalidad de la capital. Eso implicaría gestos de grandeza de parte de funcionarios que no hacen otra cosa que mostrarse los dientes.

Desde donde se lo mire -lo práctico y lo simbólico-, otorgarle mayores atribuciones al área de Patrimonio puede ayudar a construir una red de contención más efectiva, aunque en el fondo siempre primarán las decisiones políticas que emanen desde la fuente del poder. Son temas centrales que hacen al Tucumán que viene, de allí la importancia del destino reservado al Ente de Cultura y a sus numerosas áreas de influencia.

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