Cartas de lectores

19 May 2019

Gobierno nacional

Los integrantes de la oposición a la gestión de Macri, en general, se solazan con lo que ellos expresan como “el fracaso del Gobierno”, equiparándolo con el del pero-kirchnerismo. Sin embargo, desde una perspectiva de honestidad intelectual, no podemos realizar una evaluación negativa del actual Gobierno, ya que aún no ha podido demostrar sus virtudes en el ejercicio del poder, porque se ha visto forzado  a dedicar sus energías a reconstruir un país desde sus cimientos, degradado institucional y económicamente; y aislado del mundo. Heredó una bomba a punto de explotar y tuvo que desactivarla sobre la marcha, sin aprendizaje previo, pero ejerciendo la mejor decisión y voluntad posible. Parecía que lo estaba logrando gradualmente con las acciones encaminadas hacia el equilibrio fiscal y la reconstitución del precio de los servicios públicos, pero en 2018 se produjo una brutal devaluación, consecuencia de la suba de tasas de interés de los EEUU y la huida de  capitales de los países emergentes, y que golpeó más al nuestro por sus colosales desajustes fiscales. La devaluación habría afectado igualmente a cualquier gobierno de otro signo político, de no mediar la adopción de disposiciones inconducentes, ya probadas y fracasadas, como el cepo al dólar, el default y la sujeción artificial de la inflación entre otras; medidas todas que nos habrían dado una sensación de bienestar económico artificial y coyuntural, para luego deslizarnos directamente al abismo “venezolano”. ¿Podemos tener una memoria tan frágil y habernos olvidado ya de la “convertibilidad” del pero-menemismo, que nos proporcionó casi 10 años de una supuesta bonanza económica, pero luego se llevó puesto no sólo a un Gobierno sino también a toda la sociedad? El progreso de un país no sólo se mide por el poder adquisitivo del salario, sino y sobre todo, por la calidad de la democracia. La sociedad está logrando recuperar la institucionalidad, el vínculo con el mundo; está reconstruyendo valores y libertades que habíamos perdido; estamos luchando contra el narcotráfico y las mafias; vamos en camino de recuperar la autosuficiencia energética y la infraestructura, condiciones necesarias para atraer inversiones. No podemos retroceder ni naturalizar lo que ya conseguimos porque nos está costando “sangre, sudor y lágrimas”. Es un proceso lento pero con dirección certera. La alternativa es tumbar la democracia, enterrar la división de poderes y el respeto por las libertades, y precipitarnos inexorablemente al caos institucional, social y económico.  

Ana Lía Toledo

Ayacucho 290

San Miguel de Tucumán

Elecciones I

Una constante en mi vida en tiempos de campaña electoral se da cada vez que un puntero político llama a la puerta de mi casa en busca de mis hijos, porque siento que me visita la miseria. Porque ese personaje que llega trae consigo lo menos deseado de la democracia, como ser, entre otras cosas, el engaño, la dádiva, la bronca, la impotencia, el chisme y, en síntesis, la magna insensatez que nos hace tanto daño. Lo lamentable para mí es que no puedo echarlo. Porque mis hijos ya son mayores y si ellos los aceptan, seguramente es porque saben cómo manejar la relación que los vincula. Me queda de consuelo de que, por lo menos, ellos están bien entrenados para actuar una vez llegado el día de las elecciones. Y conocen muy bien sus derechos y obligaciones, tanto como sienten el amor al trabajo, a la democracia, a la república, a sus instituciones y a la patria. No obstante, mal que me pese, mi acompañamiento llega hasta la puerta nomás del cuarto oscuro. Quiero creer (y me ilusiono con ello), que ya una vez adentro, prevalecen mis consejos, mis enseñanzas, y el tiempo que invertí en la educación civil que los hace ser ciudadanos dignos de una nación cuya gloria es su mayor anhelo.

Daniel E. Chávez

Pje. Benjamín Paz 308

San Miguel de Tucumán

Elecciones II

Si pudiésemos establecer un porcentual sobre los ciudadanos que concurrimos a las urnas de una manera libre en cuanto a lo que decidimos, y no atrapados o cautivos por las distintas variables que deberían ser desterradas por siempre y que manejan nuestros hombres políticos, estos no sólo no se postularían, sino que presentarían sus renuncias indeclinables. ¿Alguien duda de por qué de los acoples siguen vigentes? ¿Alguien duda de que en las comunas rurales, entre un 20% a un 30% son ñoquis? ¿Alguien duda de que lo que se gasta en las campañas es muy superior a lo que recauda conforme a lo establecido y para tales efectos? Hoy inundan de besos y matecitos “in situ”, preparando el escenario para las fotos, rostros radiantes, resplandecientes, abrazan descaradamente a las pobrezas, no solo materiales, sino también morales. Sobran los ejemplos y referentes. Después de las elecciones, los ganadores intensifican sus éxitos. De allí en más, las puertas se cierran. ¿Cómo hacer para cumplir con tantas promesas? Las palabras cambian al ritmo de una negación silenciosa y de sus contenidos. La mayor parte de todo lo que se dijo o se prometió se sumerge en vacío y en un silencio inapelable. Eso ya lo vivimos demasiadas veces. Los “vamos a hacer” se pierden en los sinuosos caminos del “ahora si, vamos por el buen camino” o con “pobreza 0”, haciendo un guiso de nada. Todos somos compañeros o amigos, ¿por qué no camaradas? Es entonces cuando regresa a mi recuerdo la letra de “Cambalache”. Pero muchos como yo no dudamos en las esperanzas que se renuevan, en la necesidad de vivir nuestras vidas bajo un cielo de justicia, libertad y equilibrio social. En nuestro país potencialmente rico, quizás alguien con menos discurso pero mejores resultados, logre romper nuestras cadenas de las malditas iniquidades, y podamos disfrutar del sol, en su inigualable esplendor y no buscar su calor para calmar el frío producto de noches insomnes y de panzas vacías; como el alma de los que nos gobiernan.

Héctor Leonardo Bravo
[email protected]

Educación y tecnología de punta

“El alumno cambió, pero la enseñanza que recibe sigue siendo la misma”, dijo Guillermina Tiramonti. Estuvo hace unos días en Tucumán, en un curso del ciclo Formar. El evento fue presentado por una empresa de telefonía móvil. Reflexionó sobre la realidad que atraviesa la educación argentina. “La secundaria no está formando los recursos humanos que necesitan las industrias del conocimiento”. “Hay que discutir la educación. Los saberes, las habilidades propias del siglo XX no son las mismas que demanda el siglo XXI”. Justificó tales afirmaciones, con interrogantes faltos de precisiones. “La pregunta de qué vamos a trabajar en el futuro. Que va a necesitar un joven para incorporarse a la vida laboral. No está claro y tampoco está claro cómo va a desarrollarse la ciudadanía en el futuro”. Si no está “claro” el futuro tampoco apresurar reformas educativas que terminen en posibles fracasos. Habrá que discutir, lamentablemente, el día a día y no el interés particular de una empresa. ¿Cuál es el día a día? La presión devaluatoria, la carestía incontrolada y la fabulosa crisis industrial. La guerra económica internacional (China-Estados Unidos) ha volteado bolsas en todo el mundo y el precio de la soja se acerca a los costos de producción. La especialista formula planteos abstraídos de la realidad. “Cuando miro a Argentina me doy cuenta de que tenemos sectores de punta tecnológica, que es de avanzada en venta de productos del conocimiento. Para producir eso se necesita conexión y alguien que sepa usar la tecnología”. Hay que investigar lo que se fundamenta. En Estados Unidos, por ejemplo, los jóvenes trabajadores, relacionados a los “sectores de punta tecnológica”, duermen en  autos y casas rodantes. Silicon Valley, ubicado en la costa de California, es mundialmente conocido como el hogar de las corporaciones más ricas del mundo. Esta “meca” tecnológica (Apple, Alphabet-Google-Hewlett Packard, Oracle, etc) alberga a personas que todavía persiguen el “sueño americano”. No tienen viviendas. Son los llamados “homeless” (trabajadores sin hogar). Tienen empleos, a veces dos o tres al mismo tiempo, pero no pueden pagar el alquiler de una vivienda. No es una crisis de desempleo. Es precarización laboral y salarial de “recursos humanos”. Se suman los costos del transporte. Planteó, por último, sin sentido: “no es cierto que sólo se necesitan ingenieros. Se necesitan personas con distintos niveles de capacitación para hacer esos trabajos”. No me imagino ser paciente, en el caso de la medicina, ante alguna dolencia, para ser atendido por partes. El cambio del paradigma educativo, para que la tecnología entre efectivamente en el aula, está relacionado a la superación del actual orden social en crisis. La docencia, el verdadero “termómetro social” en las escuelas, no los especialistas, constituyéndose en un congreso soberano de la educación tiene la última palabra sobre los necesarios cambios para la educación.

Pedro Pablo Verasaluse

[email protected]

Hipnosis

Semana Santa marcó no sólo la resurrección de Cristo sino también de la obra pública municipal. La sincronía justo antes de las elecciones donde se advierten frenéticas obras genera una hipnosis infeliz en el ciudadano. La escueta limosna vituminosa de la pavimentadora se pudo apreciar en algunas calles y avenidas. Cuadrillas de municipales cuan peluqueros desmalezando pasos ferroviarios y accesos, rotondas que son pintadas y que, a diferencia de plaza San Martín, tienen la suerte de recuperar su fuente de agua, inauguraciones de nuevos espacios públicos y algunas plazas que son remozadas y vueltas a iluminar. La única excepción a esta hipnosis sigue siendo la alicaída Dirección de Tránsito, que saca de su gastada galera ridículas normas, tanto de estacionamiento como de circulación de vehículos y micros cuando ni siquiera es capaz de controlar cuántas personas viajan en una moto y manteniendo un caos de tránsito en una ciudad sitiada por el desorden y la falta de control vial como nunca antes se percibió. Pero aún así, haciendo una  abstracción, si uno detuviera por unos instantes el tiempo diría que la ciudad está funcionando como siempre debió hacerlo: en mantenimiento y armonía permanente. Pero la infelicidad hipnótica eleccionaria pronto acabará y las obras volverán a dormirse hasta el próximo llamado a urnas. ¿Por qué el ciudadano está siempre condenado a no disfrutar la ciudad que pudo ver funcionando como debería ser? El tiempo pasará, la gente pasará y los malos recuerdos vividos en esta ciudad se afianzarán.

Alejandro Bascolo

[email protected]

Comentarios