Cómo es pelear como un caballero medieval

Las batallas son un deporte de alto riesgo que sigue sumando entusiastas cultores. ¿Por qué nos fascina la Edad Media?

19 May 2019 Por Lucía Lozano
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FEUDALISMO. Los disfraces de los fanáticos del combate medieval recrean la vestimenta de los caballeros, reyes y druidas de 10 siglos atrás. la gaceta / fotos de Ines Quinteros Orio

El primer choque de espadas es tan fuerte que resuena en el aire. Y, entonces, el espectador cae en la cuenta de que esto no es una puesta en escena. Los dos guerreros vestidos con pesadas armaduras del Medioevo no están haciendo una demostración. Protagonizan una batalla de verdad. La lucha es cuerpo a cuerpo y a espadazos limpios. Dos minutos intensos en los que cada golpe suma puntos y el objetivo es derribar al oponente, dejarlo en el suelo sin energías para reponerse. No basta tener una fuerza arrolladora; es necesario contar con un buen equipamiento, táctica y estrategia.

Son las dos de la tarde de un sábado a sol pleno. El escenario en el complejo Belgrano parece salido de un túnel del tiempo. El campo de batalla es un rectángulo rodeado de una aldea medieval con un mercado de artesanos, comidas típicas, juegos y espectáculos. Los puesteros están ataviados como aldeanos de la Edad Media.

Antes de entrar al ring los luchadores sacan brillo a sus hachas y espadas. Prepararse para el combate les insume más de una hora. Lucen armaduras que hicieron confeccionar según los cánones del período histórico que ellos quieren representar. Todo el traje es idéntico al de un caballero antiguo: tienen pecheras, protecciones para las piernas, guantes, zapatos y hasta yelmo. Incluyen gambesones, una especie de tela acolchada que va pegada al cuerpo para evitar el roce de la piel con el metal.

ESPADA EN ALTO. Uno de los fanáticos, listo para la batalla.

En minutos arranca el Torneo de Combate Medieval, que se realiza por primera vez en la provincia y reúne luchadores de todo el país. Aunque el gusto por estos encuentros se originó en países europeos, hoy se desarrollan en gran parte de Argentina, que incluso tiene una selección nacional: “Los Cóndores”. Tucumán tiene dos equipos: “Quirquincho” y “León Albino”. Además, participan en esta competencia -que se extiende hasta hoy- agrupaciones de Buenos Aires y de San Juan: SICON, Pecarí, Orden de Fuego y Garra de León, según detalló el organizador del evento, Luis Coronel.

Estrictos controles

Antes de que empiecen los furiosos episodios hay un control exhaustivo de las armas. Tres personas vestidas de amarillo miden y vigilan todo. Ellos son los marshalls, jueces que tienen el deber de estar dentro del campo de batalla para evitar las faltas o lesiones graves y también se encargan de supervisar todo lo que lleva cada peleador. “La vida de los guerreros está en nuestras manos; es una responsabilidad enorme”, apunta Roxana Ruiz. Su pollera con rayas horizontales negras da la pauta de que está certificada internacionalmente para cumplir la tarea.

“Sin ambulancia y médico esta competencia no arranca. Hay que ser muy estrictos”, advierte Ruiz, que ha viajado por el mundo como árbitro medieval. En más de una oportunidad puso en riesgo su vida. Sin ir más lejos, recientemente en Rusia logró esquivar de milagro un hacha que iba directo a su cabeza.

“Como esto es full contact, lo primordial es evitar las faltas que puedan ser peligrosas para los luchadores. Y si alguno resulta herido hay que llamar a un médico. Es él quién evalúa si puede seguir combatiendo”, destaca. Ella se desempeña junto a su esposo, Eduardo Miauro. Los ayuda Santiago Falcucci, tucumano de nacimiento pero porteño por adopción.

Ruiz y Miauro cuentan que hace poco estuvieron en Serbia, en un combate que enfrentó a 300 luchadores medievales (150 contra 150) a orillas del Danubio. Ellos se involucraron en este deporte porque su hija lo practicaba. Después hicieron cursos, se certificaron como marshalls y así empezaron a ejercer.

“Las peleas son muy cortas. Duran unos pocos minutos, hasta que los peleadores estén tumbados en el suelo. Es como el boxeo”, compara Ruiz. Las reglas son así: los peleadores pueden asestar la cantidad de golpes que sean necesarios para que los contrincantes “mueran”. Un peleador es dado por muerto cuando cae al piso. Si la categoría es bohurt (batalla en grupo) debe quedarse tirado hasta que termine el combate.

¿Por qué nos fascina?

La Edad Media suma cada día más fanáticos. Y no sólo están los que combaten; también los estudiosos, los cultores y los que adoran el arte de aquel período que va desde los siglos V al XV. Un fenómeno que se ve alimentado por series como “Juego de tronos” y “Vikingos” y por la literatura fantástica. En eso coinciden Coronel (artesano especialista en hacer piezas como aves fénix y dragones), Ramiro Martínez (de la filial en Tucumán de la Asociación Tolkien Argentina) y Tomás Díaz Bálsamo (ilustrador). Opinan lo mismo María José Vera del Barco y Mario Fanchini. A ellos les apasiona la enigmática cultura de los druidas, quienes tenían diversas funciones, sobre todo mágicas y espirituales.

Todos ellos participan de las ferias medievales, siempre ataviados para la ocasión. Llevan armaduras de cuero, cotas de malla y trajes de druidas celtas. Nuestra vida es tan distinta que a la gente le apasiona pensar que alguna vez la humanidad vivió como en la Edad Media. Por eso se sienten atrapados. O tal vez porque les encantan las historias violentas en las que se lucen los héroes. El gusto por lo medieval va más allá de fantasear con caballos, castillos y luchas cuerpo a cuerpo. Aunque ninguno se anima a decir que le gustaría haber vivido en esos años, sí los atrapa ese costado más salvaje de la vida, con más naturaleza y menos tecnología.

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