"Lola" y "Simón", los nombres preferidos para bautizar mascotas en la era de los "perrhijos"

"Lola" y "Simón", los nombres preferidos para bautizar mascotas en la era de los "perrhijos"

En línea con la tendencia de “humanizar” los perros y gatos, se eligen los mismos nombres que están de moda para los bebés. Qué dicen los veterinarios.

Hace medio siglo lo más común a la hora de bautizar a nuestras mascotas era ponerles nombres ligados a sus características físicas. Los llamábamos Negro, Colita o Manchita. Décadas después, la tendencia es que tuvieran nombres de personajes famosos. Así surgieron los Rambo, Rocky, Lassie, Elvis o Daisy. En la actualidad, en cambio, se estila usar los mismos nombres que recibimos los humanos.

Si uno busca en el Registro Civil y en el Registro de Mascotas seguramente se llevará una sorpresa porque suelen coincidir los nombres que están moda para los bebés con los que se usan para perros y gatos.

En Tucumán, según el Registro Único de Mascotas (RUM), los favoritos son Simón y Lola. Y a nivel nacional un censo basado en 15.000 casos reveló que los nombres de perros preferidos son Lola y Milo. En el caso de las hembras, el segundo puesto lo ocupa Luna, seguido por Olivia, Mora y Nina. Respecto de los machos, figuran Rocco, Teo, Simón y Felipe.

También hay argentinos que llaman Uma, India, Mía, Lupi, Coco y Tobby a sus canes. Los datos fueron revelados por la firma DogHero, una aplicación que ayuda a buscar cuidadores para nuestros animales. En el listado también se destacan algunas referencias a personajes conocidos: Ciro (ex cantante de Los Piojos), Homero (protagonista de Los Simpson y Frida (por la famosa pintora mexicana).

Los motivos

Que en la actualidad estemos usando los nombres que recibimos los humanos para nuestros perros y gatos está íntimamente relacionado con la tendencia a humanizar las mascotas, explica la veterinaria Diana Abascal, especializada en comportamiento animal.

Cada vez más familias tratan a sus animales como hijos. Por eso, según Abascal, hoy se habla de “perrhijos” y “gathijos”. En ese sentido, la profesional está en contra de que se usen nombres de bebés para mascotas. “Con estas identificaciones se tiende al antropomorfismo (humanización) de los animales y se altera la relación que deberíamos tener con ellos para que sea sana”, explica. Además de los nombres, la humanización de mascotas muchas veces incluye que duerman en la cama con nosotros, se sienten en la mesa a comer y tengan un placard con ropa para cada ocasión, por ejemplo.

¿La manera cómo llamamos a una mascota puede influir en su comportamiento?, le consultamos a Abascal. “Hay algunas teorías que indican que sí, pero no hay estudios específicos sobre el tema”, recalca. En realidad -sostiene- sus nombres condicionarán cómo los vemos los humanos, cómo nos relacionamos y nuestras expectativas sobre ellos. Por ejemplo, no es el mismo rol que le otorgaremos a Killer que el que se le dará a Lady.

Somos las personas las que, a la hora de elegir una identificación para nuestra mascota, queremos decir muchas cosas, explica la veterinaria Rossandra Molina. “Yo no veo que esto infiera en el comportamiento del animal. El perro escucha la fonética, no entiende el concepto. Conozco varias Lady que son muy malas y un Rocky bien manso”, ejemplifica. Aclara que el comportamiento se gesta así: una parte viene por genética y otra la determina el medio ambiente en el que crece, el cual termina cambiando o no su temperamento, ya sea para hacerlo más manso o más agresivo.

“No me parece mal ponerles nombres de bebés mientras no humanicemos los animales. Lo que sí creo es que no debemos ponerle el mismo nombre que ya tenga un integrante de la familia. Y tampoco hay que ponerles identificaciones demasiado largas. Tengo un Federico y una Valentina. Les terminan diciendo Fede o Vale. Siempre aconsejo que elijan nombres de dos sílabas así responden mejor a las órdenes”, explica.

Y con los gatos, ¿qué sucede? ¿es cierto que no son capaces de responder a sus nombres? Abascal y Molina creen que esto es solo un mito. “Los gatos son capaces de aprender exactamente lo mismo que un perro: por ejemplo, sentarse, dar la pata, ir cuando los llaman. La realidad es que su relación con el ser humano es diferente; básicamente ellos hacen caso cuando tienen ganas”, destaca Abascal.

“Lo que pasa es que los perros ante cualquier estímulo responden inmediatamente. El gato sí responde, pero se nota menos; es más pícaro de lo que uno cree y no es tan demostrativo”, añade Molina.

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