La madre que ganó una carrera de 430 km con paradas para amamantar

Corrió 83 horas. Se detuvo en cada puesto de control para darle la teta a su hija de un año. Venció a todos los corredores. Y como si eso fuera poco, destrozó el récord. La historia de Jasmin Paris, la británica que ha demostrado que la maternidad entrena a las mujeres para casi cualquier cosa.

09 Feb 2019 Por Soledad Nucci
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CORAZÓN DE MADRE. Jasmin y su hija, Rowan. Con una sensación térmica de 20° bajo cero, hizo historia en una de las pruebas más duras. YANN BB - THE MONTANE SPINE RACE

Empezó a correr un domingo a las ocho de la mañana. Terminó el miércoles siguiente, a las siete de la tarde. Fueron 83 horas de trote. En esos casi cuatro días, durmió apenas dos horas y media, repartidas en unas paradas. Subió y bajó montañas a lo largo de 430 kilómetros, con 13.000 metros de desnivel positivo y con una sensación térmica de 20 grados bajo cero. Ante esas circunstancias, es común sufrir alucinaciones. Le pasó: “veía animales saliendo de las rocas, y me olvidaba de qué hacía ahí”. Hasta que cruzó la meta de la Montana Spine Race. Lo hizo primera, por delante de hombres y de otras mujeres. Y entonces, al hacerlo, le entregaron una beba. No se trataba de una alucinación. Era su hija, Rowan, de 14 meses.

Hace unas semanas, la británica Jasmin Karina Paris ganó una de las carreras de ultra distancia más extremas del mundo. Pero no sólo se subió al podio. También rebajó el récord en más de 12 horas: lo dejó en 83 horas, 12 minutos y 23 segundos. Sin embargo, eso no es lo más hazañoso. Además de ello, Paris se detuvo en cada puesto de control para extraerse leche. Había planeado dejar la lactancia durante la Navidad, pero surgió un imprevisto. “Rowan tuvo dos infecciones víricas y se negó a comer nada que no fuera leche materna”, había escrito en su blog.

Así las cosas, la gesta de la corredora que venció a todos los hombres -y que lo hizo con una facilidad apabullante; despiadada- ha trascendido lo puramente competitivo.

El común desvelo

La táctica en la gestión del sueño resulta decisiva en la Spine, pues no se fijan momentos para que los participantes duerman. Cada uno debe elegir si se detiene a descansar y cuánto tiempo. Desde los primeros compases, Paris y el español Eugeni Roselló se pusieron a la cabeza. Ella supo abrir el primer hueco significativo cuando después de 200 kilómetros, él se detuvo para acostarse. Paris siguió. De algún modo, la maternidad le ha proporcionado cierto entrenamiento en el manejo extremo del sueño, dijo.

“Desde que nació la bebé, entrenar se ha convertido en un acto de malabarismo. Salgo a las cinco de la mañana, antes de ir a trabajar y después de una noche de sueño roto”, había contado en declaraciones reproducidas por el diario El País, de España. En otro reportaje, publicado por el sitio Carrerasdemontaña.com, había ironizado que podría escribir una tesis sobre malabarismos. “Deliré con un cerdo y con árboles que se estaban estirando. Veía casas donde no había nada. Era consciente de que estaba superando mis límites”, dijo en una entrevista con Runner’s World.

Desde entonces, su cara aparece en la televisión de Gran Bretaña. Su desempeño le ha dado un nuevo mazazo a las barreras de género en los deportes, especialmente los de resistencia.

Hija de dos matemáticos, Paris creció en Inglaterra. Desde joven practicaba montañismo. En 2010, se enganchó con las carreras de aventura. Desde entonces, se ha destacado en varias competiciones, pero nunca se dedicó al trailrunning de modo profesional. Estudió veterinaria y trabaja como investigadora en la Universidad de Edimburgo. “Tuve un buen embarazo y pude seguir corriendo hasta el día que nació mi hija”, contó en una ocasión. Al día siguiente de dar a luz, salió con su marido, también corredor, a caminar. Dos semanas después, ya trotaba. Y a los seis meses, corría llevando a la bebé en una mochila.

Lluvia, humedad, frío, desniveles y terrenos embarrados caracterizan la Spine Race. Roselló fue rescatado a seis kilómetros del final, delirando y con hipotermia. El último en acabar, Colin Green, lo hizo con un tiempo de 166 horas (el doble que Paris).

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