Argentina rompe relaciones con el Eje

29 Ene 2019 Por Manuel Riva

Durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial nuestro país se mantuvo neutral. Hasta que el 26 de enero de 1944 tras descubrirse una red de espías del Eje y la presión de los Estados Unidos, Argentina rompió relaciones con Alemania y Japón ya que Italia, por entonces, había sido invadida por los Aliados. El golpe del 4 de junio de 1943 había terminado con un período de fraude electoral y el gobierno se encontraba ante la disyuntiva sobre qué bando apoyar en el conflicto mundial. Se buscaba mantener la neutralidad tradicional del país como lo había hecho durante la Primera Guerra Mundial. Pero una serie de situaciones fueron llevando a las autoridades a tomar la decisión que se adoptó en aquel enero de 1944.

La situación, en aquellos días, era de tensión total y nuestro diario la transmitía con detalles. Tanto es así que el número 11.765 de nuestro diario registró dos ediciones. La primera informaba: “Nuestro país tomaría severas medidas de política exterior” y hacía referencia a los hechos de espionaje en beneficio del Eje que se habían descubierto. Aunque aquella primera tapa también tenía un espacio importante para las repercusiones tras el terremoto en San Juan, ocurrido el 15 de enero de aquel año. Sin embargo la situación fue decantando a decisiones más urgentes y obligó a cambiar la edición para titular, con grande tipos: “Ruptura de relaciones con Alemania y Japón”. La información oficial señalaba: “el gobierno argentino ha resuelto proceder de inmediato a la ruptura de las relaciones diplomáticas con Alemania y el Japón. Funda esta actitud en el hecho de que las investigaciones ordenadas por el gobierno nacional…, han permitido comprobar de una manera concluyente la existencia en el país de una vasta red de espionaje por agentes del Eje”.

Detenciones

La declaración correspondía al ministro de Relaciones Exteriores, general Alberto Gilbert, quien agregó que las informaciones prestadas por las personas detenidas demostraban que esa actitud de espionaje que ya había dado ocasión a la formación de un proceso criminal contra una gran cantidad de personas y el retiro del entonces agregado naval a la embajada de Alemania, había continuado desarrollándose en perjuicio del país y en abierta violación de la política del gobierno y de los deberes impuestos a la República y a sus habitantes por el decreto de neutralidad del 4 de septiembre de 1939 y los del 9 y 13 de diciembre de 1941”.

En un suelto bajo el título “Recapitulación de los últimos hechos” nuestro cronista relataba lo ocurrido. El viernes 21 de enero la cancillería anunciaba que había sido exonerado el cónsul adjunto al consulado de Barcelona, Osmar Alberto Hellmuth, que fue desembarcado y detenido en Trinidad por las autoridades británicas mientras viajaba a esa ciudad española bajo la imputación de agente del enemigo.

Por ello el Ministerio iba a realizar una investigación, pues la denuncia británica “hace suponer la existencia de una red de espionaje en nuestro país”, decía la nota. En los días subsiguientes se llevó a cabo la investigación al mismo tiempo que el ministro mantenía relaciones con representantes diplomáticos para intercambiar información sobre los hechos.

El martes 25 de enero fue un día agitado para el general Gilbert, que mantuvo un encuentro con el presidente, Pedro Pablo Ramírez, y otros funcionarios de la Cancillería. En horas de la tarde, al regresar al palacio San Martín convocó a la prensa a la que le adelantó que las investigaciones demostraban el accionar de los espías, al tiempo que anunciaba que la situación era grave.

Tras ello Gilbert recibió a los coroneles Enrique González, Juan Perón, Emilio Ramírez y Eduardo Ábacos y al teniente coronel Francisco Mercante con quienes cenó y analizó la situación. A las 2 de la mañana del 26 se les informa a los cronistas que debido a la hora no se podían anunciar las decisiones tomadas y que se difundirían en la mañana de aquel día.

Poco antes de las 10 se informó sobre la ruptura de relaciones. Una hora y media después el presidente Ramírez anunció los motivos que ha tenido nuestro país para tomar esa decisión. Y al mediodía se dio a conocer el texto del decreto correspondiente y los anuncios a cada una de las correspondientes legaciones y los ciudadanos de aquellos países.

Por esta correlación de hechos podemos interpretar por qué nuestro diario tuvo aquel día dos ediciones. La segunda salió de nuestras rotativas en horas del mediodía con la información correspondiente.

Previamente nuestras pizarras “hervían” con la información que llegaba desde Buenos Aires sobre los hechos y ello cada vez atraía la atención de los tucumanos que se agolpaban a las puertas de nuestro edificio. Poco después los canillitas comenzaron a vocear la nueva edición.

Los canillitas permanecieron frente nuestras puertas esperando la salida de cada tanda de diarios.

Aquel mes de enero de 1944 requirió un doble esfuerzo de nuestra parte. Primero con la cobertura del terremoto de San Juan y el envío de equipos periodísticos hasta aquella provincia. Y el 26 con las dos ediciones, en menos de 12 horas, por la necesidad de informar a los tucumanos.

Según nuestra crónica: “nuestro diario fue el primero en todo el país que salió a la calle con la información de la enérgica actitud del gobierno argentino. De las emociones y de la nerviosidad vivida ayer por nuestros público al solicitar los ejemplares, puede el lector tener una idea por la información gráfica que ilustra estas líneas”.

Decreto presidencial

En referencia al accionar de los espías, el decreto presidencial expresaba: “la continuidad de esas actividades ilícitas hacen incompatible con la seguridad continental la permanencia en la República de los representantes diplomáticos de Alemania y Japón con personal amparado por privilegios excepcionales”.

Agregaba: “la gravedad y persistencia de los hechos comprobados; la participación evidente de representantes diplomáticos extranjeros en las actividades de espionaje, obligan a definir la política internacional argentina a la luz de las nueva circunstancias”.

El ministro Gilbert expresó: “frente al desconocimiento de sus deberes por los representantes de los gobierno del Eje que han pretendido ejecutar actos de agresión contra otros países americanos desde el territorio argentino, el gobierno de la Nación, en defensa de su propia dignidad y de su soberanía, ha resuelto tomar las medidas de seguridad que la situación del momento aconseja, empezando por la entrega de sus pasaportes a los representantes de Alemania y Japón y el llamado de los agentes diplomáticos argentinos acreditados en esos países”.

Los representantes de las legaciones afectadas recibían sus documentos junto con una comunicación que decía: “las investigaciones recientemente realizadas por orden de este gobierno, han permitido descubrir la existencia de un vasto sistema de espionaje en el que se hallan complicados varios súbditos alemanes. Queda así comprobada la comisión de actos ilegales, realizados en el territorio de la República en beneficio de ciertas potencias beligerantes y en contra de los intereses de la defensa continental, que este gobierno está decidido a proteger”. Las comunicaciones fueron entregadas por el subsecretario de Relaciones Exteriores, Oscar Ibarra García.

Argentina a lo largo del conflicto tuvo posturas oscilantes debido a la influencia de la comunidad de inmigrantes alemanes y por su histórica rivalidad con el Reino Unido. Pese a su posición neutral, en un principio hubo simpatías hacia las fuerzas del Eje, pero siempre se reivindicó la posición de neutralidad.

Desde la llegada de Adolfo Hitler al poder, la comunidad judía de Tucumán se mostró solidaria con los judíos perseguidos en Alemania. Incluso hubo cierre de comercios en 1933.

Para el 10 de abril de 1938 se convocó a un gran acto en el Luna Park por el día de la Unidad. El mitin fue permitido por el Gobierno bajo un amplio operativo de seguridad. En las calles, el clima era marcadamente antinazi y pese a la prohibición oficial, la Federación Universitaria Argentina y grupos socialistas aliadófilos convocaron, para ese mismo día, a una contramarcha en las cercanías de la plaza San Martín.

Aquel acto en favor del Tercer Reich se considera el mayor realizado fuera de Alemania. Se estimó una concurrencia de casi 15.000 personas. El diputado socialista Enrique Dickmann presentó el 18 de mayo un proyecto para crear una comisión especial que investigaría las actividades “ilícitas” de organizaciones extranjeras. Finalmente en 1941 fue creada la Comisión de Investigación de Actividades Antiargentinas, que tuvo un funcionamiento con altibajos a causa de los cambios de gobierno producidos en aquellos años, que pendularon desde los más aliadófilos a los más progermanos.

AL DÍA SIGUIENTE. El 27 de enero de 1944 se publican las expresiones de todos los actores tanto nacionales como extranjeros. La decisión tuvo gran repercusión.

Declaración de guerra

Tras la ruptura de relaciones siguieron las ideas y vueltas hasta que justo 14 meses después, el 27 de marzo de 1945, el presidente de facto Edelmiro J. Farrel (había reemplazado a Ramírez) firmó el decreto 6.945 por el que se declaró la guerra a las fuerzas del Eje.

El artículo 2 establecía: “a fin de intensificar la política de la Nación con la común de las demás repúblicas americanas y solidarizarse con ellas ante amenazas o actos de agresión de cualquier país a un Estado americano, declárase el estado de guerra entre la República Argentina y el imperio del Japón”. Y el siguiente rezaba: “declárase igualmente el estado de guerra entre la república Argentina y Alemania, atento al carácter de esta última de aliado de Japón”.

Apenas 42 días antes de la rendición alemana, Argentina entró en guerra.

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