El venerable Teatro Belgrano - LA GACETA Tucumán

El venerable Teatro Belgrano

Edificado por una sociedad anónima de tucumanos, se inauguró en 1878 y fue lamentablemente demolido en 1959

30 Dic 2018 Por Carlos Páez de la Torre H

El gobierno del doctor Celestino Gelsi (1958-1962) se caracterizó -nadie podría negarlo- por esas grandes obras públicas, en cuya primera línea es obligatorio citar el dique El Cadillal. En nuestra opinión, es una lástima que, simultáneamente, dispusiera un par de demoliciones que, pensando con calma y con realismo, pudieron haberse evitado. Nos referimos a la de la sede de la Municipalidad (San Martín y Maipú) y la del teatro Belgrano (San Martín 251). De ese viejo coliseo nos ocupamos en esta nota.

Gelsi pensaba reemplazar los venerables locales por dos edificios modernos, cuyos proyectos se exhibieron en aquella época. La crisis económica y el abrupto fin de su mandato, le impedirían acometerlos, y las administraciones posteriores tendrían criterios diferentes. Así, nunca la Municipalidad contó con una sede especialmente construida para ella, y nunca el Belgrano fue reemplazado por un teatro con importancia y capacidad similares.

Una sociedad anónima

Empezaba la década de 1870 y la ciudad carecía de un teatro. El que se empezó a construir en 1867 –sobre planos de Alejo Devillers- se había demolido antes de concluirlo, por su falta de solidez. El historiador Manuel García Soriano abunda en referencias sobre lo que ocurrió después. En mayo de 1873, en una reunión efectuada en el Café “Colón”, un grupo de entusiastas resolvió fundar la Sociedad Anónima “Teatro Belgrano”, para construir una nueva sala con el nombre del prócer. Se movieron con rapidez. Designaron una comisión directiva que presidía Federico Helguera, y al mes siguiente tuvieron concedida la personería jurídica. La Provincia, la Municipalidad y los particulares, se apresuraron a obtener acciones de la Sociedad. Que, en noviembre, convocó a propuestas para comprar el terreno destinado al futuro teatro.

LA FACHADA. El Belgrano se alzó retirado de la línea de edificación de la hoy calle San Martín. Eso le daba un gran atrio

En abril, adquirieron un inmueble de 30 varas de frente por “fondo completo”, en la hoy calle San Martín (entonces General Paz y luego Las Heras), vereda del norte. El vendedor fue Ramón Navarro, a quien se le pagaron 3.500 pesos. No consigna García Soriano el autor de los planos del edificio del teatro que allí levantarían; pero sí que se consultó, sobre ellos, a los expertos ingenieros del ferrocarril, Dahlquist, Aranda y el famoso Juan Pelleschi. La construcción se confió a la empresa Falcone y Compañía, que en febrero de 1876 inició sus trabajos.

Amplio atrio

Tardó un año y cinco meses en dar cima al Teatro Belgrano. A la gentileza del arquitecto Raúl Torres Zuccardi, debemos una descripción y comentario del edificio. Apunta que fue muy acertado levantarlo retirado de la línea de edificación. Quedaba así un amplio atrio, ideal para apreciar el frente y para solucionar la masiva entrada y salida de público. En esto se diferenciará, positivamente, de los posteriores teatros tucumanos, que carecen de un espacio de esa naturaleza.

En cuanto al exterior del local, “respetaba los criterios habituales en la composición académica”, sin elementos de gran volumen, ya que la escala tucumana no admitía esos despliegues. La fachada poseía un componente central protagónico, que se resolvía “en continuidad, en toda su altura, como un tema en sí mismo”. El ingreso se solucionaba “mediante tres grandes aberturas culminadas en arcos de medio punto, apoyadas en bien definidos macizos de mampostería”.

UNA FUNCIÓN DE 1880. Cartel que anunciaba una función de la ópera “Norma”, de Bellini

En orden “a la necesaria unidad de este conjunto que hacía de verdadero frente, en la planta alta se replicaba la solución escogida para el acceso, transformando en la alzada los macizos de la planta baja en ligeras pilastras. Luego del entablamiento de rigor, la obra concluía canónicamente, en su porción central, con un frontón”.

En cuanto a los laterales a izquierda y derecha, “replicaban, en un tono menor, los elementos propios de locales accesorios o complementarios: en planta baja, eran grandes paños de mampostería con aberturas convencionales, pero en planta alta se advertía un esfuerzo por culminar con mayor empaque ambas extensiones mediante ventanas geminadas, más el arco de medio punto que remataba cada dúo, así como el correspondiente cornisamiento”. Era “una obra sencilla y de escaso mérito arquitectónico”, pero no dejó de causar admiración a los tucumanos de su época.

La inauguración

Según la información de la “Guía ilustrada de Tucumán para el viajero”, de Colombres y Piñero (1901) el Belgrano tenía una superficie cubierta de 1.364 metros cuadrados, con 22 metros de frente por 62 de fondo. Su capacidad era de 1.500 personas. La platea se desplegaba en 188 metros cuadrados y el escenario en 195. Constaba de “250 butacas de platea, 20 palcos bajos y 22 altos, con seis sillas cada uno”. Tenía, además, “tertulias altas y paraíso; un vestíbulo; tres galerías y un ‘foyer’ magnífico que mide 66 metros cuadrados, donde está instalado el buffet”. Las decoraciones del techo y el telón de boca, fueron obra del escenógrafo Francisco Vázquez. Años después, el telón sería repintado por Ferry.

FEDERICO HELGUERA. El primer presidente de la Sociedad Anónima Teatro Belgrano

El Belgrano se inauguró el 6 de julio de 1878, con una función de la Compañía Dramática de Zarzuelas dirigida por Juan Risso, que puso en escena esa noche “Yorick o un drama nuevo”, de Joaquín Estebanez, y la ‘petipieza’ de Manuel Tamayo “Marinos en tierra”. Los apellidos de los actores eran Barreda, Risso, Rodenas (tucumano, según García Soriano), Diex, Cheso, Bono, García y Calvert.

Variados usos

La investigación que citamos trae una minuciosa nómina de los espectáculos que se presentaron desde entonces en el Belgrano, algunos de ellos de bastante importancia y casi siempre a cargo de compañías visitantes. Una evocación de LA GACETA de 1912, destacaría las presentaciones de María Guerrero, Rosario Pino, Mimí Aguglia, Tina Di Lorenzo, Emma Grammatica, Ermete Novelli, Juan Grasso, Ferruccio Garavaglia, por ejemplo. En cuanto a los espectadores consta, para dar un solo ejemplo, que Domingo Faustino Sarmiento con el ex gobernador Tiburcio Padilla asistieron a la puesta de “El Alcalde de Zalamea”, en 1886.

Además, el teatro servía para comidas, bailes o agasajos multitudinarios. En esos casos, se cubría la platea con un tablado que la ponía al mismo nivel del escenario. Quedaba así disponible el espacio cubierto más grande de la ciudad.

Un caso singular ocurrió el 27 de marzo de 1920, cuando en el teatro se batieron, en duelo a sable, los políticos Clemente Zavaleta y Felipe S. Pérez. Este último resultó herido levemente en la mano izquierda.

Arreglos de 1899

Pero la Sociedad Anónima no administraba directamente el coliseo, sino que lo arrendaba. En 1887, la Provincia cedió a la Municipalidad las acciones que poseía, dado que el Belgrano “corría peligro de convertirse en ruina”. Con ese paquete y las acciones que le donaron los particulares, la Municipalidad era ya dueña del teatro. Lo restauraría completamente en 1899, en la intendencia de Zenón J. Santillán y bajo la dirección de Carlos E. Frías. Así quedó documentado en la placa que se colocó en sus paredes.

LAS ACCIONES. Se pagaban en cuotas, como consta en este recibo de 1875

Después, la Comuna continuó con los arriendos. Antonio Subirá, Luis Padilla, Higinio Gil, Adolfo Bugeau, Juan B. Ortiz, Juan Mondéjar, José Guardiola, fueron algunos de los sucesivos arrendatarios. La inauguración de dos nuevas e importantes salas en 1912 (el “Odeón” -luego “San Martín”- y el “Alberdi”) empezaron a dejar al margen al Belgrano, cada vez más necesitado de refecciones que no se hacían a pesar de su urgencia.

La demolición

En 1933, el teatro volvió al patrimonio de la Provincia. Por ley del 5 de julio de ese año (que recién se efectivó el 10 de agostó de 1939), la Municipalidad lo entregaba en pago de su deuda, junto con el viejo Mercado del Este, de calle Monteagudo segunda cuadra. Un juicio de posesión treintenal complicó las cosas, y recién en 1943 ambos inmuebles se anotaron en el Registro como propiedades del Estado Provincial.

Durante varios años, albergó a la Academia de Bellas Artes de las Provincia. En marzo de 1946, se lo facilitó a la Universidad Nacional de Tucumán, y allí funcionó su Departamento de Artes. En 1958, al establecerse el Consejo Provincial de Difusión Cultural (ley 2765) el Belgrano pasó a integrar su patrimonio.

El más que octogenario edificio sería demolido en 1959: el gobernador Celestino Gelsi le dio, simbólicamente, el primer golpe de pico. Se había convocado a un concurso nacional de anteproyectos para erigir allí una “Casa de la Cultura”, que llevaría el nombre “Lola Mora”.

El concurso fue ganado, en 1960, por los arquitectos Pedro José Prioris y Carlos Enrique Robledo. Su diseño preveía, como ámbito principal, un teatro con capacidad para 1.500 personas. Pero pasaron los años y el Gobierno de turno, finalmente, consideró que no podía afrontar el gasto y que Obras Públicas de la Provincia aportaría un nuevo proyecto, que confeccionó Alberto Casado.

Mole nada funcional

Fue el que se construiría, a un costo de 186.244.655 pesos de los de entonces, aportados por la Nación a través del Fondo de Integración Territorial. De ese monto, 81.244.655 afrontó Difusión Cultural, gracias a un préstamo del Fondo Nacional de las Artes. Las obras, adjudicadas a la empresa Fontdevila, empezaron en 1970.

La mole de cemento que finalmente se levantó (notable por su carencia de funcionalidad) no preveía teatro alguno. A última hora y en el subsuelo –donde el plano disponía una “sala de conferencias”- se armaría después el pequeño teatro, bautizado “Orestes Caviglia”. Con su escenario al sesgo y una columna en el medio, de manera alguna podía llenar el rol del antiguo coliseo. El Teatro Belgrano nunca debió ser demolido y es extraño que nadie pensara en encarar su restauración. El 18 de mayo de 1973, el último gobernador de la “Revolución Argentina”, Oscar Emilio Sarrulle, inauguró el edificio de San Martín 251.

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