Los recortes en el Conicet ya están generando una fuga de talentos

Atilio Castagnaro, flamante director de Conicet Tucumán reconoce el ajuste. Apuesta al trabajo para el desarrollo tecnológico.

30 Dic 2018 Por Nora Jabif
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RETOS. “Hay que seguir trabajando para que la ciencia le mejore la calidad de vida a la gente”, dice Castagnaro. la gaceta / fotos de Inés Quinteros Orio

Nada para festejar; y un horizonte con nubarrones. Tal es la consigna con la cual evalúan este ciclo los y las integrantes del sistema científico argentino. En Tucumán, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet) cierra el 2018 con nueva dirección. Tras la jubilación de la doctora Elisa Colombo, llegó a la conducción del Conicet Tucumán Atilio Castagnaro. Sin quitarle dramatismo al ajuste que desde hace tres años repercute en el organismo -y que ya está impactando en la “fuga de talentos”- Castagnaro trata de remontar el clima de coyuntura. Ingeniero agrónomo de profesión, especializado en Biotecnología, Castagnaro es “un hijo de la Estación Agroindustrial Obispo Colombres” (EEAOC). Por ese perfil de investigador “en el campo” es que no sorprende que apueste a integrar equipos vinculados al desarrollo tecnológico,y a la necesaria articulación de lo público y lo privado. Y desliza una advertencia: “cuando hablamos de desarrollo tecnológico no sólo hablamos de las células o de las tecnologías de la información. También hablamos de lo social, de los necesarios aportes para pensar y madurar la democracia: hay desarrollos que hay que madurarlos desde el Estado, y que no necesariamente pueden implicar un negocio”.

- Investigadores de Conicet publicaron en LA GACETA que solventan de sus bolsillos gastos e insumos de los institutos en los que trabajan...

- Ya en el último año del gobierno anterior se empezaron a retrasar los pagos de los subsidios de investigación adjudicados por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y de otros otorgados por el Conicet. Esta es la fuente de financiamiento fundamental de la mayor parte de los investigadores activos del país, no para crecer, sino para cubrir gastos comunes o corrientes de sus investigaciones. El Conicet ocupa más del 90% de su presupuesto en pagar los sueldos de investigadores, personal técnico y el estipendio mensual de las becas doctorales y posdoctorales, no porque tenga un exceso de personal sino porque esa es la función que tiene asignada en el contexto de los organismos de ciencia y tecnología del Estado nacional. El porcentaje restante lo invierte en el mantenimiento y funcionamiento de los institutos y en adjudicar algunos subsidios para investigación. Con la nueva gestión nacional iniciada en 2016 se agudizaron estos retrasos. Comenzaron a ralear recursos para el funcionamiento de unidades ejecutoras (o institutos); y los investigadores y becarios tuvieron que contribuir con sus ya menguados salarios (por efecto de la inflación y devaluación) a evitar una caída peligrosa (o el cierre) de las actividades esenciales de sus laboratorios o institutos. Ante ello, surgió una iniciativa que parecía interesante para optimizar los recursos: articular mejor el rol principal de cada unidad e inclusive para pensar en cierto crecimiento estratégico, llamada Proyectos de Unidades Ejecutoras o de institutos. Sin embargo, los desembolsos aprobados, que habían sido cuidadosamente evaluados y seleccionados, fueron paulatina y parcialmente entregados durante un año y solo para gastos corrientes. Los recursos para equipamiento prácticamente no se hicieron efectivos hasta hoy (y probablemente, como hay que importarlos, no se concreten nunca después de la devaluación de octubre).

- También se redujo planta..

- El congelamiento de cargos administrativos a partir de enero de 2016 y la drástica reducción del ingreso tanto de investigadores como de técnicos afectaron fuertemente el ritmo del trabajo científico. Este recorte, indefectiblemente, está impactando en Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca: hay institutos fundados hace más de tres o cuatro años que todavía no tienen asignados fondos para funcionamiento ni para personal administrativo, se está adeudando el pago de funciones jerárquicas y estamos con serias dificultades para reemplazar personas jubiladas en la administración. También, hay una notable reducción del número de becas que se otorgaron y una disminución de los ingresos en las carreras del investigador/a y del Personal de Apoyo Técnico. Todo ello contribuye a configurar un sombrío panorama, que tal vez ingenuamente, creíamos que no íbamos a vivir más en la ciencia argentina.

- ¿Se percibe ya una migración de masa crítica?

- No solo se están disipando las expectativas y las condiciones reales para la repatriación de científicos: ya tenemos casos en Tucumán de jóvenes talentos que han renunciado a su beca para quedarse y “hacer su vida” en el extranjero. Más allá de lo desnaturalizante que resulta el desarraigo para cualquier persona, en un mundo donde la principal fuente de riqueza (material y espiritual) es el conocimiento, los argentinos, dilapidando el esfuerzo de todos (el IVA es el impuesto de donde mayoritariamente se obtienen los recursos para los sueldos de la administración pública), dejamos que esa riqueza se vaya gratuitamente. Y no es que sólo se pierdan los esfuerzos -y los recursos económicos- invertidos en la formación de esos jóvenes que se ven forzados a buscar otros rumbos, sino que hoy mismo, aún en estas condiciones, estamos formando nuevos recursos humanos con la incertidumbre en torno a si después ellos podrán pasar a enriquecer nuestros equipos de trabajo y garantizar la continuidad de la producción de conocimiento y de desarrollo tecnológico y social para nuestra sociedad.

- ¿Cómo hacer para que la ciencia deje de ser una idea abstracta para el ciudadano común?

- Demostrándoles que, más allá de contratiempos coyunturales, nuestro compromiso -compartido con la UNT, la UTN regional Tucumán, la Eeaoc, las universidades nacionales de Santiago del Estero y Catamarca, la Fundación Lillo y el Gobierno de Tucumán- es seguir trabajando para que, a pesar de los pesares, la ciencia esté permanente y cotidianamente mejorando la calidad de vida de los ciudadanos. Como ejemplos de nuestro CCT están las contribuciones en la organización social y política, en la educación con inclusión social, en el avance en el conocimiento de nuestro acervo cultural y la integración de nuestras comunidades originarias y campesinas, en la producción de nuevos fármacos y alimentos para solucionar enfermedades y problemas nutricionales endémicos, en progresos en la producción agroindustrial, en el reemplazo de agroquímicos contaminantes, en la preservación y uso sustentable de nuestra biodiversidad, en el ordenamiento territorial en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, en la resolución de causas judiciales, en la producción de energías renovables, en la optimización energética y la utilización eficiente y saludable de sistemas de iluminación, en el mejoramiento del hábitat, en la generación de nuevos materiales y sistemas construcción de viviendas, en la preservación de nuestro patrimonio arquitectónico, y en una larga lista de etcéteras.

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