El robo de las tapas de registro en las calles

08 Dic 2018

Hay problemas crónicos que arrastran a veces un mal olor insoportable. Los líquidos cloacales que fluyen despreocupadamente por la ciudad se han convertido en un tormento para muchas barriadas porque deben convivir a diario con esta contaminación. Ya en 2003, se afirmaba que hacía dos décadas que el sistema de cloacas estaba colapsado, pese a la gran cantidad de dinero recibido por préstamos internacionales y de la Nación para la realización de obras de infraestructura.

En 2013, un experto en Hidráulica afirmó que no se cumplían las reglas básicas en la instalación de la red. Señaló que al no tener una base firme, la cañería cedía por el peso del cemento de la calle, se quebraba y el agua afloraba por una grieta del pavimento o una tapa. Manifestó que otra de las causas tenía que ver con que gran parte de las redes en la ciudad eran insuficientes y la cantidad de líquidos por cuadra se había multiplicado con la construcción de edificios.

A este problema -hasta ahora irresuelto- se ha sumado en los últimos años, el robo de las tapas de registro, esa cubierta que sirve para proteger la boca de acceso a sistemas de alcantarillado o de servicios públicos. En nuestra edición de ayer, dedicamos un espacio a la consideración de asunto, que es un peligro para los conductores, especialmente, los motociclistas, y se indica que faltan 105 tapas de bocas de registro en la ciudad, que han sido robadas o están rotas.

Por ejemplo, en Buenos Aires y Matheu, la falta de la cubierta deja abierto un pozo de una profundidad considerable. Una señora denunció a través del WhatsApp de nuestro diario un agujero en San Lorenzo y Frías Silva, en el cual, ramas puestas por los mismos vecinos, advierten del peligro. “Este pozo tremendo, por la falta de la tapa, está hace más de seis meses. Antes no tenía nada y mi esposo dio la vuelta en la esquina y rompió la cubierta delantera de nuestro auto. Es una vergüenza y un peligro. Las autoridades no hacen nada”, señaló.

Las tapas de la calles tucumanas son de hierro -las más resistentes y las que suelen ser blanco de los ladrones- y de cemento; estas últimas suelen romperse por el peso de los vehículos. La Sociedad Aguas del Tucumán informó que se está trabajando en la reposición y añadió que cuando se las rompe material sólido ingresa a la red cloacal y causa obstrucciones y daños en el sistema, de manera que debe efectuarse una intervención mayor. Actualmente, se está estudiando la incorporación de tapas diseñadas para evitar robos y roturas por el tránsito.

En 2010, un gerente de la SAT explicó que había dos tipos de sustracción. En el primer caso, golpean la tapa, la levantan y se la llevan. En el segundo, deben romper con una maza el hormigón en el que está amurado el marco; destrozan la calle. “Es una cuestión de mercado, de oferta y demanda. Si hay demanda se produce el robo. Venden las tapas en corralones y desarmaderos. Las trocean y las ofrecen por kilo de hierro. Haremos relevamientos en conjunto con la Policía y esperamos que luego se hagan allanamientos”, afirmó en la ocasión el directivo.

Mientras la SAT analiza los nuevos diseños o repone las 105 tapas, debería señalizarlas convenientemente para evitar accidentes. Desde 2010, poco o nada se supo de los relevamientos y allanamientos. No debería ser muy complicado para la Policía investigar y detectar en qué corralones o desarmaderos se compra el hierro robado, no sólo en la capital, sino también en la provincia. Probablemente, detrás de estos robos, se esconde un gran negocio, pero, al parecer, las autoridades no lo han advertido.

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