Para Mauricio Kartun “la risa es un fenómeno extraordinario, parangonable con el acto poético”

Referencia indiscutible de la dramaturgia argentina, Kartun habla del teatro, ceremonia a la que él le augura larga vida.

14 Oct 2018 Por Nora Jabif
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LA DEFINICIÓN. “No hay secreto alquímico. A veces las cosas funcionan, y a veces no”, distingue Kartun. almagrorevista.com.ar

El jueves de la semana pasada, en algún lugar de la ciudad de Buenos Aires, mientras millones de porteños cumplían sus horarios de oficina de 9 a 17, Mauricio Kartun disertaba en una Convención de Payasos. Y entre los temas de los que hablaron, cuenta el dramaturgo y director teatral, estaba el de esa reacción fisiológica tan inútil a primera vista que es la risa. Precisamente, de esas cuestiones aparentemente inútiles, por “improductivas”, habla Kartun desde su departamento porteño lleno de plantas y con dos gatos rondando, en esta entrevista telefónica (riguroso teléfono fijo) en la que el convidado central es el teatro. Aunque cuando Kartun habla de esa ceremonia colectiva a la que él le augura un largo porvenir, las reflexiones del autor de “Terrenal. Pequeño misterio ácrata” (que el 10 de noviembre sube a escena en el Alberdi) suenan como una metáfora de la vida, cuyos ingredientes de base son la pasión, mucho humor, la solidaridad y el hacer colectivo.

- Cuando el teatro, en general, no la pasa bien en la Argentina, “Terrenal...” está en cartel desde hace cuatro años, con temporadas internacionales ¿Cómo se hace?

- No hay secreto alquímico. A veces las cosas funcionan, y a veces no. Pero me parece que parte de la energía del creador está, justamente, en ese acto de audacia en el cual trabajás meses en una nave espacial y ni siquiera sabés si va a despegar de la Tierra. Creo que esto tiene que ver con un espíritu experimental y con entender el teatro como un espacio creativo y de expresión, y no sólo como un mecanismo de entretenimiento. El resto, la taquilla, lo que suceda con la obra, está ligado a cada una de las obras.

- Pero por ahí escribís: “con mi vieja Casio viendo el borderó”. La taquilla también cuenta...

-Cuando hace 15 años decidí empezar a dirigir mis obras, comprendí que ese acto no era un acto impoluto. No era un acto exterior al propio espectáculo. No era algo que uno hacía, y luego se retiraba. Es la producción no en términos empresarios, económicos, sino como gestión, como trabajo de gestación. Para que un espectáculo siga en cartel, se mantenga, se necesita una actitud gestora. Es tan creativo el trabajo de producción como el de posproducción. Esta gira que nos lleva a Tucumán es parte de ese deseo gestor, de buscar nuevos públicos. Una cooperativa como la nuestra trabaja -te diría que somos los últimos comunistas- con un sentido de igualdad absoluta: cada uno gana absolutamente lo mismo, y todos intentamos colaborar, trabajar y poner algo más por encima del propio rol en el espectáculo. Todo eso es también un acto de convicción, por encima de ese otro espacio jactancioso del artista que cree que simplemente basta con su talento. Plasmarlo en una obra como literatura dramática o como puesta, y esperar que el mundo venga a uno. Y me parece que no es así. Mirá… ayer di una conferencia de apertura en una convención de payasos y artistas callejeros. Y yo decía que, en realidad, el trabajo del teatro independiente es tan a los mordiscones, a las peleas, tan guarro como el del artista callejero. Porque cada vez que estrenás una obra salís a pelearla. Si alguien me pregunta cómo lo hacemos, yo diría; con un acto de compromiso que pone el espectáculo por delante de cualquier otra cosa.

- El cine se transforma, migra a otros formatos. Al teatro, ¿qué le queda?

- En principio, soy extremadamente optimista en relación con el futuro del teatro. El teatro, como el cine, no es otra cosa que un relato sobre el que sintoniza un público en común. Es un encontrarse en comunidad frente a ese relato. Y el cine cobra una vigencia notable a partir de las plataformas, llegando a tu computadora. Entonces, al teatro le regresa el monopolio. ¿Qué otro lugar quedaría para la ceremonia, que no fuese el teatro? Las tecnologías no han podido reemplazarlo. Le compiten, pero esa tecnología es superada por otra. Al teatro no lo puede superar nada porque detrás de él no hay otra cosa. Es el acto más básico de construcción. Pero por otro lado, tiene un atributo que a veces perdemos de vista: es el último refugio de una forma de talento y sabiduría del ser humano que es la mimética, y que no está en otro lado. En el cine, un buen director, con edición, puede hacer trabajar a alguien que no sea actor. Hace poco hemos llorado con la película “Coco”, por ejemplo. Insisto: el último refugio del talento y la inteligencia mimética es el teatro. Y las sociedades no dejan morir a sus formas de inteligencia. ¿Por qué dejarían morir la mimética, que es algo extraordinario? ¡Un tipo capaz de crear en su cuerpo una ausencia! Toma una imagen de otro y la trae por signos creados en su cuerpo. Es una sabiduría y es un lenguaje.

- ¿Cómo se hace para atraer los chicos al teatro?

- En principio, con el desafío de incorporar un nuevo lenguaje placentero. Nosotros tenemos una dificultad: los chicos nacen incorporando un lenguaje por corte, el lenguaje del cine y de la TV de ficción. El lenguaje por corte es muy vertiginoso, porque no es otra cosa que la técnica de llevar tus ojos a volar. La cámara toma tus ojos, y en 10 minutos los pone en 10 lugares diferentes. Cuando vas al teatro, y tenés que asumir el punto de vista único, la pobreza de construcción en el escenario, tenés que cambiar el chip. Pero no podés exigirle al teatro ese otro lenguaje. Entonces hay que tener otra actitud. Por supuesto, no podemos exigirle a nadie que no haya aprendido a disfrutar del teatro que aprenda a disfrutarlo si lo que le estás mostrando no es bueno. Yo creo en el futuro del teatro, pero creo también que se redoblan las exigencias de hacerlo muy bien.

- Vuelvo a “Terrenal”. ¿Dónde creés que está la clave del éxito de la obra?

- En principio, en los tres actores, que tienen magnetismo, atraen, divierten y sorprenden. Creo en la sorpresa como energía en el teatro. Vamos al teatro para ser sorprendidos, y ellos lo consiguen. Tenemos un público que se repite. Y la gente vuelve a ver la obra porque se divierte con esos actores. Pero, también, porque la obra tiene un sentido y una posibilidad de identificación en relación con qué lugar cada uno de nosotros ocupa frente a los arquetipos humanos. La obra trabaja básicamente sobre dos arquetipos, el nómade y el sedentario. Caín es el sedentario, el que vive acumulando; el que cree que acumulando encontrará alguna vez la felicidad; y que mira hacia atrás y se da cuenta de que en realidad gastó lo más precioso, que es el tiempo; y que ni siquiera le ha dado todo el placer que él esperaba. Y el otro, Abel, es el nómade que a veces vive las angustias del día a día, pero que puede disfrutar de su tiempo. Y como la obra es divertida, jodona, sin solemnidad, nos permite reírnos de cada una de las dos caras de los humanos.

- Coincide con un presente en el que muchos se plantean la necesidad de “parar un poco”...

- De eso exactamente habla la obra, y me parece interesante hacerte esa pregunta en el momento en que la respuesta te permita modular tu vida en otra dirección, no como un lugar de resignación por lo que uno no hizo, sino de pensamiento por lo que uno puede hacer. Algo de eso intenta la obra, pero sin la solemnidad, y sin intentar convencernos de nada. Que podamos reírnos de nosotros, como arquetipos, también nos ayuda a tomar rumbos en la vida.

- ¿Cómo llegaste a escribir teatro?

- Desde adolescente escribía. Y a los 20 gané un concurso de Narrativa en mi San Martín natal. Lo que te grita el cartel es seguí esa flecha. Pero yo tenía un mentor que me decía: lo más flojo que tenés son los diálogos. Y para ejercitarlo, el mejor gimnasio es escribir teatro.

- Ese maestro te apuntó los errores. Vos escuchás a tus maestros...

- Es que no imagino el mundo sin el otro... A riesgo de pecar de solemne -disculpas-: Sartre decía que es frente al otro donde el yo aparece y se manifiesta. Uno es frente al otro, no encerrado y compitiendo, sino en contacto con el otro. Y, en el caso de que uno escriba teatro, no debería tener otra manera de pensar que no fuese la de estar tendiendo puentes con el otro. El otro se transforma en las alas que te permiten volar. De eso habla también “Terrenal...”.

- ¿Qué papel juega -o debe jugar- el Estado frente al teatro independiente?

- Desde hace 22 años existe una Ley nacional del Teatro, que le cambió la cara al teatro argentino, que tiene creadores que trabajan en el país y en el mundo, y cuyo aporte es comprobable. En épocas de crisis como esta, el Estado busca dónde cortar; y puede poner mucho en seguridad, pero si corta en cultura y en educación no habrá ejército policial que sirva, porque el mecanismo inclusivo son la educación y la cultura.

> A propósito de la risa
Esa especie de orgía privada que es el caldo sin el cual el puchero resulta insulso
Dice Mauricio Kartun, cuando se le pregunta por el humor, por la risa, en sus obras: “Es el caldo sin el cual no se cocinaría nada del resto del puchero. No me puedo imaginar creando fuera de una energía tan poderosa con una metafísica tan fuerte como es el humor. Justamente ayer hablaba de eso en la Convención de payasos. A veces se pierde de vista que la risa, que tiene una aparente inutilidad biológica, porque nadie sabe para qué sirve, es en realidad un acto de festejo de la creatividad. Es una especie de orgía privada. Se sale de lo privado, del aburrimiento de la red conceptual cuando se pega una carcajada, y uno queda dentro de esa carcajada. Yo creo que la risa es un fenómeno extraordinario, parangonable en importancia y en trascendencia con el acto poético, pero que tiene mala prensa simplemente porque lo puede producir cualquiera. Porque la risa se produce dentro de uno. Porque riendo nadie puede producir. Porque como estamos manejados por un concepto productivo, a la risa se la reserva para la fiesta. Y a la fiesta siempre se la reserva para el tiempo libre. Me parece que producir ese fenómeno de humor es producir ese fenómeno trascendente al que, por supuesto, uno lo acompaña con la carne y con los garbanzos”.

› Mauricio Kartun
Dramaturgo, director teatral y maestro de dramaturgia. Autor de clásicos como “Chau Misterix” (obra siempre en escena en algún lugar del mundo desde 1989), “Sacco y Vanzetti”, “EL partener”, “El niño argentino”, “Pericones”, “La casita de los viejos”, “La Madonnita”, entre otros títulos, ha ganado algunos de los premios más importantes del medio teatral, entre ellos el  Konex de Platino, Léonidas Barletta, María Guerrero, Teatro del Mundo Y Premio Nacional 1994/1997. Su última obra, “Terrenal, pequeño misterio ácrata”, llega el 10 de noviembre a Tucumán, en el Alberdi.

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