La degradación del Ministerio de Ciencia marca un retroceso, coinciden científicos

Barañao, que había sobrevivido como ministro del kirchnerismo, justificó su permanencia.

05 Sep 2018
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La comunidad científica argentina se unió en un rechazo rotundo a la degradación del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación a secretaría, tras la decisión del gobierno de Mauricio Macri de reducir a 10 la cantidad de carteras ministeriales. Tanto el directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) como los representantes de las áreas ejecutivas provinciales responsables de las políticas públicas del sector coincidieron en que la eliminación de la cartera que hasta ayer conducía Lino Barañao como ministro marca un retroceso en un camino que había comenzado en 2007, cuando la gestión kirchnerista había decidido elevar el rango de ese organismo.

Por su parte, Barañao, que conducía ese ministerio desde la gestión kirchnerista, y que ahora quedó como secretario del área bajo el ala del ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, declaró ayer que decidió permanecer en su función “para garantizar la transición y preservar la estructura, presupuesto y ejecutividad” del organismo.

En un comunicado, el directorio del Conicet le solicitó “muy especialmente” al presidente Macri que preserve dicho ministerio y toda su estructura organizacional”. “No ignoramos la gravedad de la crisis económica que vive el país, ni las consecuencias sociales que la misma traerá en el futuro, pero estamos profundamente convencidos de que suprimir el Ministerio no significa ningún aporte valioso a la solución de la misma”, añadieron. “Por el contrario -continuaron- la magnitud de los problemas estructurales que afrontamos como sociedad desde los orígenes mismos de la nación, nos obliga a potenciar y promover la producción y transmisión del conocimiento, reconociendo a éste como el principal bien social y estratégico de las naciones para garantizar la mejora sostenible de la calidad de vida de sus habitantes”. “La ciencia y la tecnología no deben entenderse como un gasto, sino como una inversión estratégica, transversal a todas las áreas de la gestión del Estado Nacional y como promotores del desarrollo socio-económico y productivo de cada una de las regiones de nuestro país. Resulta fundamental mantener la independencia del MINCyT para que, a través de sus estructuras, se genere el conocimiento científico que sea el sustento técnico de las políticas de gestión del Estado Nacional, como así también del sector productivo”, concluyeron.

En igual dirección se manifestó el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, que señaló que la creación del Mincyt en 2007 “dio visibilidad a un colectivo social con demandas específicas y puso en la agenda pública un asunto estratégico para el país como el desarrollo científico y tecnológico como vector clave que agrega valor y aporta de modo sustancial a la actividad económica y social”. “Mantenemos intacta la impronta de federalización de esas políticas, sosteniendo y ampliando canales de asistencia técnica y financiamiento para universidades, municipios, asociaciones de productores, PYMES provinciales y muchos otros actores que apuestan a la innovación y al conocimiento para desarrollar el territorio y sus pueblos”, sostuvieron los consejeros, en otro tramo de su documento.

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