Las razones por las que no hubo banderas en La Ciudadela

Sin los trapos, al color lo pusieron los hinchas.

21 Ago 2018

El clima se sentía raro en La Ciudadela, a pocos minutos de que comience el partido. No se oían bombos, ni trompetas, ni cohetes. No se veían banderas. Y el corazón de la tribuna sobre calle Rondeau, donde suelen ubicarse los miembros de la barra brava de San Martín, fue ocupado -tardíamente- por hinchas que no vestían referencias a ninguna facción de esta.

Un rumor circuló por el estadio, para explicar la ausencia de los barras: en la esquina de Pellegrini y avenida Néstor Kirchner, policías evitaron que pasen los integrantes de las principales facciones de la barra (la “Banda del Camión”, la “Brava” y la del “Oeste II”), que pretendían ingresar sin tener entradas.

El jefe de Seguridad Deportiva de la Policía de Tucumán, comisario José Jiménez, rechazó de plano que se haya producidos incidentes. Y añadió que el operativo de seguridad no arrojó ningún hecho inusual. “Nada fuera de lo común, según lo informado por el responsable del lugar. (Sólo) personas disconformes con el control y ordenamiento de los sectores y accesos”, respondió, ante la consulta de LG Deportiva.

La ausencia de “trapos” colgados en la tribuna sobre calle Rondeau podría interpretarse como una protesta de la barra. Pero llamó la atención que la ausencia de banderas no se limitaba a esta tribuna. Según protestaron algunos hinchas, en los accesos no se permitió su ingreso. “Los policías nos la quitaron en la entrada; y luego no querían devolverlas”, reclamó una hincha “santa” que siempre va con su familia a la Pellegrini. Algunas que habían sido colgadas fueron sacadas por empleados del club, incluso en la platea Alta.

LG Deportiva se comunicó con los responsables de la seguridad del club, para conocer a qué se debía esta decisión. “Las banderas excedían los límites permitidos por la Superliga. Deben medir 2 metros por 2 metros. Se trata de recomendaciones que nos ‘bajan’ desde Seguridad Deportiva”, explicó Rafael Lazarte, jefe del área en San Martín. En efecto, los pocos “trapos” que se vieron ocupaban un espacio menor a los 4 m².

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