Los problemas crónicos que padecen afiliados del PAMI

22 Jul 2018 Por LA GACETA

Falta de reconocimiento de los favores recibidos. La ingratitud es un rasgo distintivo de nuestra sociedad, en particular con los adultos mayores. Jubilarse puede resultar una desdicha para muchos ciudadanos que pasan a ser afiliados del Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), una de las obras sociales más populosas de Sudamérica, con siete millones de asociados.

En estos días, asumirá nueva directora ejecutiva de la Unidad de Gestión Local de la filial Tucumán, en reemplazo del médico cardiólogo que presentó su renuncia a fines de junio. El profesional le había dicho en abril pasado a “Buen Día”, el noticiero de LG Play, que durante su gestión que se inició en mayo de 2017, se había logrado reducir el déficit del 33% al 2,8%, lo cual tuvo impacto en las prestaciones y agregó que se había mejorado la cobertura de los medicamentos y de prótesis. Sobre las quejas por demoras en el envío de prótesis o en la obtención de turnos para especialistas, había indicado que al tratarse de una obra social nacional muchas de las resoluciones no las podían tomar en Tucumán y la autorización pertinente debía darla Buenos Aires. “Estamos llevando adelante un proceso en donde pretendemos que haya una mayor autonomía de las delegaciones locales”, sostuvo en la ocasión.

Las quejas de los afiliados que llegan a nuestro diario son constantes. En nuestra edición del 17 de junio pasado, una señora contaba que su mamá de 90 años tenía cada vez más dificultades para terminar sus días en una manera digna y tranquila, debido a que los turnos para los médicos eran una pesadilla. Debía pagar la atención en forma particular, el problema era que para hacerle la receta debía ser prestador del PAMI. “El dinero se le va en remedios, por suerte tiene una familia que la contiene pero siente que la vejez es muy cruel”, escribió.

El PAMI fue creado el 13 de mayo de 1971, por el ministro de Bienestar Social, Francisco Manrique, para que fuera administrado por sus propios beneficiarios. Pero este hecho nunca se cumplió, porque desde su creación el presidente de su directorio fue designado por el gobierno de turno, fuera de facto o democrático.

Desde hace muchos años, sus afiliados padecen a menudo todo tipo de problemas, que van desde el otorgamiento de turnos para especialistas para dentro de dos o tres meses, dificultades en la obtención de drogas para enfermedades específicas o de prótesis traumatológicas, hasta conseguir medicamentos. Y si el afiliado desea ser atendido de inmediato porque su dolencia no puede esperar dos o tres meses, debe pagar una consulta particular; algo similar ocurre cuando debe hacerse estudios. Por lo menos, una vez por año, los farmacéuticos interrumpen sus servicios para reclamarle al organismo nacional el pago de deudas.

Esta realidad es crónica. El afiliado es siempre víctima de la incompetencia de las autoridades de turno. ¿Por qué el PAMI no le reintegra al afiliado el dinero que tuvo que pagar por consultas y estudios particulares, a causa de su burocracia e insensibilidad incomprensible? ¿Qué deben hacer los que perciben una jubilación miserable que no les permite pagar una consulta particular? ¿Por qué no se puede elegir libremente el médico o especialista como ocurre en cualquier obra social? ¿Por qué no dejar en libertad a la persona para optar por una prestadora mejor? ¿Por qué los legisladores nacionales permanecen ajenos a esta problemática? ¿Porque no se jubilarán con la mínima? En 47 años de intervención, el PAMI ha servido de botín de guerra para los gobernantes de turno. Sería positivo que les entregaran su administración a los jubilados como dicen los estatutos o se fundara una nueva obra social que asegurara una vejez más digna a sus afiliados.

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