En Tucumán, paralizados por 90 minutos

Colectiveros y taxistas se las ingeniaron para ver el partido; en las calles, poca gente y muchos sitios con TV que fueron atracción.

22 Jun 2018

El furor por la Selección paralizó ayer las calles tucumanas en plena siesta. Pasado el mediodía y al acercarse la hora del partido ante Croacia, los hinchas comenzaron a abandonar sus trabajos, estudios y demás obligaciones, para ver lo que podrían proponer en Rusia los dirigidos por Jorge Sampaoli. LG Mundialista se propuso ver cómo se producía esa precipitada fuga en búsqueda de un televisor. Y salió a la calle a palpar el momento.

Faltaban 15 minutos para el inicio del cotejo. Taxis y colectivos circulaban sin dar abasto en sus butacas. Pero al llegar la hora del partido, en un abrir y cerrar de ojos, todos los medios de transportes quedaron vacíos.

Los pasajeros se fueron, pero quedaron circulando los choferes de distintas empresas. Algunos pegados a sus radios y alentando a su manera, mostraban su pasión. Pero a las estridencias del fútbol en algunas unidades de colectivos, se oponía otra realidad, la de quienes manejando un taxi, por ejemplo, decidieron volcarse a las románticas canciones de Chayanne, como si nada ocurriera. Quizás, en ellos el desánimo por la falta de fe en el equipo resultó lapidario.

El chofer de la línea 4, Oscar Díaz, argumentó cómo vivía el partido en sus horas de trabajo: “apoyo al seleccionado, tengo esperanzas, pero lamentablemente me designaron para trabajar en este horario y no podía cambiarlo”.

Carlos Cuezzo, chofer de taxi, dijo: “tengo mucha fe en el equipo, estoy desde las 6 trabajando. Apenas termine de recaudar la plata para el alquiler del auto, haré un descanso para poder verlo”. Todo lo contrario fue la postura de su colega Juan Carlos, escuchando música en su radio, dijo: “prefiero escucharlo a Chayanne antes que ver a un seleccionado que juega tan mal y no me identifica”.

Un dato curioso fue que durante el segundo tiempo, mientras se dirigía de Yerba Buena al centro de San Miguel de Tucumán, en la línea 118, de 15 pasajeros, 12 eran mujeres mayores de edad, mirando series en sus celulares.

Por las ventanillas, la ciudad se veía como si se estuviera viviendo un feriado. Sólo los vendedores ambulantes en algunas esquinas se mantuvieron estoicos en sus puestos.

Distinta era la situación en la zona de la pantalla gigante que instaló el municipio capitalino en la zona del parque 9 de Julio. Allí, más de 500 personas miraban impávidas cómo los croatas ya habían sacado ventaja en el marcador.

En 25 de Mayo y Santiago, otra vez los grupos de personas agolpadas frente a un televisor, se notaban a la distancia. Desde cerca, taxistas miraban escenas del juego, sin perder de vista la posibilidad de que apareciera algún cliente, algo por ese momento parecía imposible.

El paisaje desértico se repetía aquí y allá en la ciudad. Pero había sitios dominados por los hinchas. Por caso, los locales de ventas de electrodomésticos fueron un polo de atención. Vale decirlo: el hecho de que el partido se haya jugado a la siesta no dejó a quienes, por ejemplo, trabajan en el comercio en general, sin la posibilidad de ver lo que hacían Messi y compañía.

Muchas personas optaron por ver el juego en sus celulares, en silencio. La escena se repitió, sobre todo en las peatonales. También casi sin emitir palabra, por los lugares donde estaban y por la tristeza de la derrota, en las salas de espera de los sanatorios y los hospitales se concentraban los curiosos. En la vereda de uno de los centros asistenciales, una persona, vuvuzela en mano, repetía como una letanía “qué mal la estamos pasando”.

Tucumán cerró sus puertas por 90 minutos para dar su apoyo a la Selección. Pero el equipo también se cerró... en sus propias limitaciones.

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