La banda de Bell Ville dice presente, como siempre

Un grupo de cordobeses disfruta en Rusia de su cuarto mundial en fila: todo arrancó en Francia '98 y promete seguir.

14 Jun 2018
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PARA EL RECUERDO. Oscar Huais (centro) y sus amigos posan con la bandera argentina delante del mítico teatro Bólshoi. la gaceta / foto de leo noli (enviado especial)

Si Pepe Nacho ya se hizo un de público en la capital rusa, un grupo de Amigos de Bell Ville, Córdoba, tampoco se queda atrás. La carnada es Omar Huais, el loco que anda de traje celeste y blanco por la capital rusa. Omar es odontólogo, pasa los 50 y viene a ser la punta de la lanza del resto de sus amigos, cuando de fotos se trata. Los curiosos lo buscan a él, y cuando piden la foto, el resto de la tropa se suma. Todos para uno, uno para todos. Bien.

Estos cincuentones tienen una receta de ahorro probada y garantizada que les ha posibilitado estar en cuatro mundiales ya, con este que comienza hoy. No son millonarios, sí de paladar fino, avisan. “Todos los meses nos juntamos a comer un asado que sirve de excusa para empezar con la ‘vaquita’”, le cuenta a LG Deportiva Héctor Ferrari, el único de los tres que no lleva nada celeste y blanco sobre el cuerpo. Es de perfil bajo este recaudador de los U$S 100 que aporta cada comensal del clan. Esa es la premisa para hacerse de una vacante en estos viajes cuya excusa es la pelota pero que en realidad suele ser el nexo perfecto para foguear lazos de amistad que superan largamente los 40 años.

En total, son siete los que forman parte del team mundialista de Bell Ville. Uno de ellos es Eduardo Peralta, ahora con residencia en Sudáfrica, y que fuera anfitrión de sus también ex compañeros de colegio en aquella cita 2010 que vio a la Selección caer en cuartos de final con Alemania. Ese 1-4 no se le borró a nadie de la cabeza. Todavía duele y cómo.

El más viajado de todos es Daniel Ianni, que arrancó en Francia 1998. Fue él el que sembró la semilla de la idea armar los viajes con antelación, así el bolsillo no se resienta tanto. “Todos trabajamos, somos comerciantes y así era más fácil ahorrar. Después de cada Mundial dejamos pasar tres meses y empezamos de nuevo. Con lo que juntamos ya tenemos una buena base para comprar lo que necesitamos”, reconoce Daniel, también anfitrión cuando hay que encender las brasas y armar una juntada.

“El que pone la casa se encarga de casi todo. De la mesa, del asado, del postre, del fernet, de tener un buen whisky. Los invitados solo tienen que llevar un buen vino. Pero bueno, eh, nada de cosas baratas, ja. Tampoco piensen en algo extravagante”, pide Héctor. “Un vinito arriba de los 200 pe”, aclara Daniel, padre de tres varones y una mujer que ya le dio su primer nieto. El abuelo, feliz, se transforma. Acá en Moscú Héctor es un pibe más que se pasea por las calles con sus amigos de la infancia como si fuera la primera vez que sus padres lo dejan ir de vacaciones a la playa.

Los cordobeses están en su salsa. Todo gracias a esa buena idea de ahorrar con tiempo y en dólares, y contar con la mejor excusa del mundo, para los hombres: compartir un asado de amigos una vez al mes al menos. Parece tan poco, pero no lo es.

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