Alerta barra: ultras rusas negociaron con violentos argentinos

04 Jun 2018
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Cecilia Caminos - DPA

Los barrabravas argentinos llegarán en pocos días a Rusia con el tour ya organizado por ultras rusos, pero con un perfil bajo para no correr riesgos ante los estrictos controles de seguridad que prometen las autoridades locales para el Mundial 2018. Los detalles fueron acordados en una cumbre celebrada en febrero en Buenos Aires, cuando un grupo de ultras rusos llegó para negociar con grupos de hinchas violentos de varios clubes, en particular Boca. El objetivo fue, según el periodista Gustavo Grabia, armar la logística de alojamiento y traslados de las “barras” argentinas, a cambio de un plan conjunto para enfrentar a los hooligans ingleses durante la Copa del Mundo.

La selección de Inglaterra tendrá su base en San Petersburgo, donde Argentina jugará el 26 de junio el tercer partido por el Grupo D frente Nigeria. Antes, se medirá el 21 ante Croacia en Nizhni Nóvgorod, la sede que albergará tres días después el partido de los ingleses frente a Panamá. Los choques entre ultras rusos y los “hooligans” son históricos, pero esta vez con los primeros como dueños de casa, podrían tener otra dimensión.

“Nosotros armamos toda la logística y enfrentamos a los ingleses todos juntos”, propusieron los rusos a los argentinos, según reveló Grabia. “Podría ser algo parecido, en alguna mente trasnochada, a lo que pasó en el Mundial de México ‘86, cuando los argentinos se juntaron con un grupo de escoceses y de galeses y fueron todos juntos contra los ingleses”, recordó. La rivalidad de los argentinos con los ingleses va más allá de lo deportivo, tras la guerra por las islas Malvinas de 1982 que le costó la vida a cerca de 1.000 personas, en su mayoría argentinos, y terminó con la rendición de Buenos Aires y el archipiélago bajo control de Londres, como desde 1833. “El que no salta es un inglés, el que no salta es un inglés”, estalló el martes pasado el estadio de Boca cuando la Selección de Jorge Sampaoli se despidió de su público en un amistoso con Haití. La herida sigue abierta.

“Los rusos tienen esa idea, pero conociendo a los ‘barras’ argentinos que irán, me parece que les dicen todo que sí pero no tienen la menor intención de generar nada. Saben que la seguridad en Rusia no es la de Argentina, donde podés generar un acontecimiento de zozobra gigantesco y salís más o menos bien parado en el aspecto judicial y policial”, estimó Grabia, periodista especializado en investigar sectores violentos del fútbol sudamericano. “No vamos a ir pegarle a nadie”, le confesaron algunos violentos antes de partir rumbo a Moscú.

Las autoridades rusas anticiparon un sistema de seguridad sin precedentes en copas del mundo. Cada espectador que ingrese a los estadios deberá contar con su “Fan ID”, el registro tramitado con antelación para verificar su identidad.

El Gobierno argentino firmó además un convenio de cooperación con Rusia, le entregó una lista con los nombres de más de 3.000 hinchas violentos con restricción de ingreso a los estadios argentinos y enviará a un equipo de agentes especializados. “Nuestra gente trabajará para impedir cualquier hecho de violencia que empañe el espectáculo y la fiesta que es un Mundial de fútbol”, advirtió la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Todas estas previsiones no evitarán sin embargo que representantes de las aficiones más violentas digan presente en el Mundial 2018. Grabia afirmó que la hinchada de Boca “llega a Rusia como la ‘barra’ oficial, amparada en el poder político o deportivo de turno, que generalmente van de la mano, y como lo había sido en los mundiales de 1986 y 1990”. La decisión de jugar el último partido de local de Argentina en las Eliminatorias en octubre ante Perú en La Bombonera fue una señal ineludible. Boca es un club muy ligado al poder político, fue presidido entre 1995 y 2007 por el hoy jefe de Estado Mauricio Macri, y el actual jefe de la entidad, Daniel Angelici, es un estrecho allegado al mandatario, además de vicepresidente de la AFA.

“Cuando decidieron pasar a la cancha de Boca uno sabía que le iban a dar el poder de manejar el estadio a la ‘barra’ de Boca. Les dieron 700 entradas, les dieron el control de lo que ellos llaman ‘la fiesta’”, precisó el investigador. Una enorme bandera albiceleste con la leyenda “Jugador Nro. 12 Argentina” en la tribuna dio a entender quién tenía el poder: “La Doce”, como se autodenomina la poderosa barra brava “xeneize”.

“Lo peor es que un mes después lo hacen posar a Messi con una plaqueta del jugador número doce”, advirtió Grabia.

El vínculo de las aficiones violentas con el poder político nació varias décadas atrás, en los años 70, cuando se ve al fútbol como caja de resonancia social y los políticos descubren el poder que tiene el estadio de fútbol para generar una corriente de opinión. Grabia precisó que entonces comenzó el interés en cooptar a las ‘barras’ y éstas empiezan además a poblarse de delincuentes.

Durante la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983 se organizó el Mundial 1978 en la Argentina, que ganó su primer copa del mundo en medio de un sangriento régimen que dejó 30.000 desaparecidos según estimaciones de organizaciones de derechos humanos. “Se infiltraron algunas ‘barras’ para tener controlado el ambiente de la cancha respecto a qué manifestaciones políticas se podían realizar y además para que esos mismos hinchas marquen a quienes podían considerar subversivos, porque ante la mínima sospecha te desaparecían”, declaró Grabia.

La junta militar creó en tanto “la patrulla perdida” para enviarla al Mundial de España 1982 para “acallar las manifestaciones opositoras”. El Gobierno kirchnerista avaló en tanto la creación de la ONG Hinchadas Unidas Argentinas para el Mundial de Sudáfrica 2010, en el que se “transparentó el vínculo” entre hinchas violentos y el poder político, indicó el experto. Pero la experiencia fracasó y hoy los “barrabravas” están muy mal vistos en la Argentina. “Ha habido un pequeño cambio cultural de 2010 a esta parte”, celebró.

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