Qué hay que hacer para que Yerba Buena sea una mejor ciudad

04 Jun 2018
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DEMASIADA VELOCIDAD. Una vecina de la ciudad opina que se debería reducir la velocidad del tránsito y poner transporte público.

Cinco vecinos, dos concejales y el intendente opinan sobre cómo lograr un municipio sostenible, inclusivo y con proyectos urbanos integrales. El caso de Medellín como disparador.

Carmen apoya los codos sobre la mesa, entrelaza los dedos y acerca la cara al monitor de la computadora de quien la entrevista. “Poné que en Yerba Buena está ocurriendo algo grave: dentro de poco, vamos a tener que pagar para ver el verde”. Carmen Perilli, doctora en Letras e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), alerta sobre la reducción de espacios públicos en la ciudad donde vive. “Todo lo que antes era verde hoy ha sido urbanizado”, prosigue. Leonardo Natiello lidera el centro vecinal del barrio El Bernel. Dice que los gobernantes actuales tienen buenas intenciones. Aunque enseguida añade: “no veo que se concreten. Siempre hay ideas, pero a posterior”. Ana Taboada hace medicina ayurvédica. Califica la sociedad yerbabuenense como estructurada y resistente al cambio. Tomás Caride se mueve en una silla de ruedas. Cuando quiere cruzar la avenida Aconquija -cuenta-, los automovilistas aceleran, en vez de cederle el paso. Mariano Campero, el intendente del municipio del que se habla, proporciona cifras: queda un 40% de tierras libres. Y ese porcentaje se encuentra en manos de dos o tres familias. “Todo el tiempo conversamos con ellos, para planificar lo que se hará”, comenta.

La semana pasada, Yerba Buena fue visitada por Jorge Melguizo, un consultor internacional en gestión pública que trabajó en el proceso de urbanización de Medellín, Colombia. Durante su estadía transmitió sus experiencias. Dijo que la política tiene que traducirse en hechos que provoquen un valor agregado. Que la mayor parte de las inversiones debe concentrarse en los sectores vulnerables. Y que las transformaciones tienen que contar con el impulso de todos los sectores. Pero, ¿cómo se hace? ¿Cuán lejos o cerca estamos de esas consignas? ¿Qué necesita esta ciudad? ¿Cómo se afronta el imparable crecimiento? ¿Se promueve la convivencia y la diversidad? ¿Pueden los niños jugar en las calles (y no precisamente en las de los countries)? ¿Acaso estamos saturados de autos? ¿Se incorpora la naturaleza en el planeamiento? ¿Se fomenta la creación de espacios públicos, como parques y plazas? ¿Reducimos los residuos; reciclamos? Esos y otros planteos se les formuló a vecinos, concejales y a Campero, tras el paso de Melguizo.

- ¿Cuáles deberían ser las prioridades? (Contesta Carmen Perilli, vecina de El Corte, doctora en Letras e investigadora del Conicet).

- Acá está ocurriendo algo grave: dentro de poco, vamos a tener que pagar para ver el verde. La gente que no tiene dinero quedará excluida de los espacios verdes. Todo se está urbanizando. A todo le están poniendo etiquetas privadas. Mientras tanto, Yerba Buena no tiene ni un parque. Y pareciera que nadie va a diseñarlo, porque se crece al ritmo de los capitales privados. De los countries. Por eso, entre otras razones, no hay veredas. Los countries no dejan veredas. Y los frentistas, cuando las hacen, las hacen como quieren; sin normas. Ni los discapacitados ni los capacitados tienen por dónde andar. Yerba Buena es invivible como ciudad. Conozco a una madre que, desde los edificios de Terrazas Park, lleva a sus hijos al colegio Santa Rosa en auto. Son unas cuadras de distancia. Pero no tiene por dónde caminar. También hay que bajarle la velocidad al tránsito. Uno tiene miedo de manejar. Hay mujeres que van solas, en tremendas camionetas. Y los colegios son un mundo aparte. Si hubiese veredas y un transporte público que nos conectara entre nosotros, la gente subiría menos a sus autos.

- ¿Cómo cree que se transforma una ciudad? ¿Qué opina de las consignas propuestas por los urbanistas? (Contesta Leonardo Natiello, presidente de la asociación civil Centro Vecinal Barrio El Bernel).

- Veo que los funcionarios tienen buenas intenciones y propuestas de cambio. Pero no veo que se concreten. Siempre hay ideas para más adelante. Y hasta que esas soluciones lleguen, los vecinos estamos a la deriva. En nuestro loteo, por ejemplo, desde hace casi cuatro años esperamos que nos pongan el gas. En 2014, Gasnor nos recomendó que hiciéramos la obra con una contratista, Jach. Pagamos el 85% del monto, por adelantado. Nos entregaron los contratos (a algunos vecinos). Y demoraron. Demoraron. Y demoraron. Hoy argumentan que no tienen plata. Y recién ahora, Gasnor suspendió a esa empresa. Y no sólo por este incumplimiento, sino porque son más de 60 las obras inconclusas. Ante esto, nos preguntamos por qué no hubo antes una sanción. Y por qué los entes reguladores no son expeditivos. Durante cuatro años penamos con cartas documentos. Anduvimos de oficina en oficina. Yo llegaba al Enargas -me acuerdo- y me encontraba con tipos jugando al solitario detrás de sus computadoras. Cualquier gestión que quiera cambiar tiene que establecer una política pública de transparencia y eficiencia.

- ¿Qué opina de la convivencia en los espacios públicos? (Contesta Ana Taboada, médica graduada en la UNT y especializada en ayurveda en la India).

- Creo que la sociedad yerbabuenense es estructurada y resistente al cambio. De algún modo, hay mucha resistencia. Sólo algunos ambientes muestran flexibilidad mental y apertura. Eso hace que el camino hacia una ciudad ordenada y respetuosa sea dificultoso. La gente debe encontrar, primero, su equilibrio personal. Si uno se siente bien consigo mismo, ese bienestar lo traslada, naturalmente, a sus relaciones. Debemos cultivar nuestra paz interior. Se ha demostrado, a través de estudios científicos, que quienes meditan son más pacientes y amables. Creo que en esta ciudad se observan numerosos conflictos cotidianos. La falta de dinero, el estrés y la excesiva carga laboral generan agotamiento.

- ¿Cómo hacemos de Yerba Buena un mejor lugar para vivir? (Contesta Tomás Caride, 22 años, estudiante de Derecho).

- Me ha pasado de detenerme con mi silla de ruedas frente al shopping El Solar, en la avenida Aconquija, para cruzar. En vez de cederme el paso, los automovilistas aceleran para pasar primero.

- ¿Le parece utópico pensar en una transformación? (Contesta Pedro Romano, vecino del nuevo barrio Procrear).

- Creo que tenemos un problema cultural. Es nuestra cultura la que nos hace así; la que nos impide avanzar hacia una sociedad ordenada y respetuosa. Hay gente que ensucia las calles. Que tira papeles en las veredas, como si nada. Se debería trabajar en promover una cultura de reciclaje. Creo que, a partir de eso, se solucionarían otros problemas. Todo se resuelve con educación.

- ¿Cuál cree que es la deuda de los gobernantes? (Contesta Walter Aráoz, concejal peronista).

- Yerba Buena necesita un pacto de gobernabilidad, donde el árbol de las vanidades de quienes tenemos la obligación de gobernar no nos tape el bosque de lo que prometimos cuando estábamos en campaña. A partir de esa premisa, debemos ofrecer las pequeñas obras que necesita el vecino en su quehacer cotidiano. Y las grandes obras que requiere la ciudad. Además, entiendo que la mayor parte de las inversiones debe concentrarse en los sectores vulnerables, que son muchos. Por eso, promuevo la sanción de una ordenanza que cree un banco de tierras. Así, se les daría a los más humildes la oportunidad de quedarse, en vez de ser expulsados. Pero para que una transformación sea efectiva y sustentable, se necesita de todos los sectores. Y de sus ganas de participar en sus comunidades.

- ¿Cómo cree que se afronta el imparable crecimiento de la población urbana? (Contesta José Macome, concejal del oficialismo local y presidente de la comisión de Obras Públicas del Concejo).

- Muchas personas quieren seguir viviendo en la Yerba Buena de hace 30 años atrás. Imposible. El crecimiento resulta inevitable. Nuestro desafío pasa, entonces, por lograr que ese inevitable sea positivo. Debemos controlar la expansión con responsabilidad y con una visión de futuro. Para mí, hay dos palabras que sintetizan lo que el vecino quiere de esta ciudad: baja y verde. Eso significa que tenemos que mantener los límites en las alturas y que hay que hacer respetar el Factor de Ocupación del Suelo, que es la fórmula que define cuánto se puede construir.

- Usted asumió con la promesa de convertir Yerba Buena en una ciudad de vanguardia. Esas han sido sus palabras, textuales. Le quedan menos de dos años. ¿Cree que lo ha hecho? (Contesta Mariano Campero, intendente).

- Hoy, somos el municipio con mayor crecimiento demográfico de la provincia. La mayoría de los tucumanos quiere vivir aquí. Y la mayoría de las empresas quiere radicarse aquí. Por eso, tenemos una normativa restringida. De hecho, pocas ciudades en el mundo poseen reglas tan estrictas. Hemos formado un equipo de profesionales que se dedica a proteger el verde. Cuando llegamos al gobierno, Yerba Buena colapsaba cada vez que llovía. Era un problema grave. En ese sentido, hemos dado un paso cualitativo gigante. Ahora, estamos enfocados en un proceso de desarrollo en la avenida Perón. Nos queda un 40% de tierras libres. Y ese porcentaje se encuentra en manos de dos o tres familias. Todo el tiempo conversamos con ellos para planificar lo que se hará.

- ¿Qué opina del casco viejo?

- En ese sector tenemos pedidos de desarrollo todo el tiempo. Los desarrollistas quieren ir ahí; lo plantean de manera constante. Se les está pidiendo respeto por las fachadas. Y no se autorizan las demoliciones, lo que los desalienta. Muchas veces discuto con los comerciantes y les pido que me dejen más verde. Se enojan porque argumentan que pierden una mesa, por ejemplo.

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