El deplorable estado de varias sedes policiales

19 May 2018

Precariedad, imprevisión, falta de planificación, desatención, pueden ser algunas expresiones para referirse a las posibles causas del deplorable estado edilicio de muchas comisarías tucumanas, así como a la ausencia de espacio para albergar detenidos, que trae como consecuencia el hacinamiento. En nuestra edición de ayer informamos que la sede de la comisaría de Villa Belgrano (departamento Alberdi) fue clausurada el martes por los serios deterioros, que ponían en riesgo la vida de los agentes y de los ocasionales concurrentes. La repartición fue trasladada provisoriamente a un sector de la comuna local, que dispone de una oficina y una reducida cocina.

El edificio, reinaugurado en 2006, tenía desde hacía tiempo problemas, que se incrementaron con las recientes lluvias. Los vecinos dijeron que la repartición también carece del personal necesario. A pesar de abarcar una jurisdicción de 6.000 habitantes, solo dispone de dos policías por turno y de una motocicleta como único móvil.

En San Miguel de Tucumán, la situación no es diferente. El 18 de abril pasado publicamos que las cloacas obturadas eran uno de los problemas que sufren en el vetusto edificio de la 2ª, ubicado en Buenos Aires al 400. Su estado general no solo es lamentable, también es deprimente para quienes deben realizar algún trámite y seguramente, para los empleados.

“Piden la clausura de una comisaría donde los presos dormían en medio de líquidos cloacales. Se trata de la seccional 11°, donde el 26 de febrero los detenidos se amotinaron por las pésimas condiciones. ‘El baño era un pocito que siempre estaba trancado”’, contó un joven que estuvo encerrado allí. La fiscala Giannoni confirmó que arrestados se enfermaron por el hacinamiento”, señalaba nuestra crónica del 8 de marzo. Peritos de la Dirección Técnica de Arquitectura, Obras y Servicios del Ministerio Público dijeron en un documento que la dependencia no era apta para el alojamiento de detenidos, que el sistema cloacal estaba colapsado y ocasionaba el contacto directo de los detenidos con los efluentes cloacales la clausura del arresto. Dijeron que las condiciones edilicias eran “inadecuadas y advirtieron el riesgo de electrocución para el personal policial y los detenidos.

Pero no sólo las comisarías padecen esta situación, el 9 de abril informamos que la Unidad Penal N° 3 de Concepción estaba colapsada y no reunía las mínimas condiciones de seguridad e higiene que establece la ley para este tipo de establecimiento. La crónica indicaba que la cárcel tiene una capacidad de albergue para unas 200 personas y, sin embargo, alojaba a 310 personas. Una jueza de Ejecución y Sentencias del Centro Judicial de Concepción se refirió al hacinamiento infrahumano de los presos y añadió que cuando se caminaba por el interior de la cárcel, se observaba que desde el techo afloraban líquidos que anegaban los pasillos y el interior de las celdas.

Es lamentable que en los últimos lustros poco se haya hecho para poner en condiciones las comisarías, adecuándolas a los tiempos que vivimos, en que la delincuencia se ha incrementado notablemente y el número de arrestados también. En el caso de Villa Belgrano, se podría contratar a vecinos del lugar y de las inmediaciones para que efectuaran la refacción de la sede policial. Por otro lado, el Estado podría diseñar un programa para que los mismos presos, previa capacitación y con la dirección adecuada, se ocuparan realizar tareas de albañilería, de instalación eléctrica, no solo en las seccionales, sino también colaborar en la reparación de puentes y rutas, pintar las sendas peatonales, entre otros asuntos. De ese modo, cumplirían su condena, prestando importantes servicios a la sociedad.

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