Internismo mata gestión

02 May 2018

Que la interna se haya vuelto peligrosa para oficialistas y opositores no es casual. Hay motivos concretos por los cuales en ambos bandos están involucrados en ese juego que preocupa a muchos y entretiene a algunos. En la oposición las derrotas del año pasado y de 2015 pusieron en duda los liderazgos. Está claro que José Cano ganó espacios, y multiplicó los cargos para su partido, pero lejos estuvo de poder subirse a la cabeza del poder. Podrá aducir que no lo ayudaron, que el peronismo es clientelar, que el sistema electoral es fraudulento, pero no posee elementos para rebatir que ambas caídas lo dejaron en desgracia.

Desde Germán Alfaro, pasando por Domingo Amaya y hasta Silvia Elías de Pérez, en la coalición de partidos que conforman Cambiemos ya todos disputan puestos que los lleven a hacer cumbre. Por eso se avizora que el camino de las internas es inevitable y colmado de rocas. Todos sueñan en grande, pero ninguno en que el partido opositor llegue al poder como conjunto. Prevalecen las individualidades que, parafraseando al fútbol, sirven para ganar partidos pero no campeonatos. Algunos esperan que sea el presidente, Mauricio Macri, el que laude en el conflicto local, unja un postulante y ordene a la tropa de arriba hacia abajo. No parece ser la situación. Su desprecio por los berrinches que hacen sus socios locales quedó demostrado en la última visita a Tucumán. ¿Será que el Presidente ya da por perdido Tucumán? ¿Será que prefiere ir trazando una alianza con un posible gobernador peronista? Algunos ya especulan con que podría poner sus fichas en una interna, pero de la vereda de enfrente…

Justamente allí también hay rencillas que les son caras a los dirigentes. Mientras Osvaldo Jaldo hace gala de su poder de fuego movilizador y de aliados, José Alperovich toma nota para castigar o premiar a los que él considera “traidores”. La batalla no será menor y traerá más consecuencias, tanto en la Legislatura como en organismos diversos del Poder Ejecutivo. Cuando se instala la desconfianza, los que sufren son los punteros, los contratados y los que ocupan los estratos más bajos en la cadena de mando de la estructura justicialista-oficialista. En medio de todo esto, Alperovich podría tener más pronto que tarde otra novedad judicial. No será ni por el caso “Lebbos” ni por el caso “DAU”, sino por lo que se hizo durante su gestión en el Instituto de la Vivienda. Cuando esa complicada maraña de denuncias comience a desentrañarse, podría terminar involucrado el ex mandatario, con al menos algún pedido judicial para que dé explicaciones sobre cómo se hizo tanto, tan mal, con dinero público, sin que él lo supiera.

Respecto de internas y causas judiciales, el gobernador Juan Manzur enfrenta el caso “Qunita” con una tranquilidad que sólo es aparente. Por lo bajo, en su entorno analizan de dónde viene o a qué apunta el resurgimiento de ese proceso en su contra. Algunos aventuran que se trata de un mensaje para que el resurgido peronismo nacional no logre los votos necesarios para complicar la política tarifaria de Cambiemos. Es un tema que preocupa sobremanera a la Nación y descontar votos a esa iniciativa es una obsesión del poderosísimo Marcos Peña. También están los que ven en ese movimiento del juez Claudio Bonadio una vendetta contra el kirchnerismo que lo defenestró y que apunta a lastimar a la jefa, Cristina Fernández. Lo cierto es que, por uno u otro motivo, Manzur se mueve con renovada cautela y pleitesía con el Gobierno nacional. Abandonó el tono criticón contra la política y el modelo económico macrista, no acudió a los últimos encuentros con sus pares peronistas que buscan reordenar al peronismo y hasta sus ministros se cuidan de no lesionar la diplomacia con la gente de Mauricio.

En ese internismo y en esas preocupaciones andan por estos días nuestros dirigentes. Debe ser por eso que no tienen tiempo para ocuparse del narcotráfico, de las guerras entre delincuentes, de la inseguridad y de los escándalos institucionales que protagonizan algunos dirigentes importantes de uno y otro sector. Nada parece ser tan relevante para ellos que garantizar su propio futuro. No importa si Tucumán es noticia nacional por escándalos por drogas o si se la compara con la devastada e insegura Rosario. Lo urgente para los internistas está a un mar de distancia de lo necesario para el resto de los tucumanos.

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