Pablo Angeli: “en el humor está permitido todo”

El exitoso comediante reflexiona sobre el stand up y la improvisación. Monólogos y personajes en los shows. “Nos reímos de nosotros”

02 May 2018
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LULY. Sus historias en Instagram son seguidas por miles de fans.

ACTÚA MAÑANA

• A las 21 en teatro Alberdi (Jujuy y Crisóstomo Álvarez)

Desde 1998 que no se baja de los escenarios; los fines de semana es número puesto en el centro de la Ciudad de Buenos Aires (Paseo de la Plaza), y durante el resto de los días gira por distintas ciudades.

Pablo Angeli dejó la ingeniería de sistemas hace muchos años y está satisfecho con su vida porque es muy bien recibido en las provincias y puede conocer el país. Meñana, por ejemplo, le tocará Tucumán, a la que por primera vez visita en fase artística. Angeli es un comediante, por toda definición.

Durante una conversación con LA GACETA demuestra su conocimiento del género, además de practicarlo; sabe cómo es este estilo en Estados Unidos y en Inglaterra, y puede distinguir las clases de humor. Es un standapero exitoso, cuyo personaje, Luly, es seguido por miles de fans en sus historias de Instagram.

En el show de “King of Comedy” se despacha con monólogos, personajes, momentos de improvisación cómica con el público y varias locuras más. El actor, que lleva 18 años de trayectoria, también llevó su show a Uruguay, Chile, Miami, Nueva York y Madrid. “En el humor está permitido todo, porque nos reímos de nosotros mismos. El humor te enseña que nada es tan dramático”, responde durante la entrevista.

- ¿Por qué toda esta moda del stand up?

- En mi opinión es que veníamos de una época con mucho humor político, pero con el kirchnerismo se hizo difícil. El stand up no habla de lo político, sino de las cosas comunes de todos los días, lo cotidiano, de cómo fracasan algunas mujeres con los hombres o estos cuando quieren levantar a alguien. Esto hermanó al público y lo identificó rápidamente. El stand up en Estados Unidos es político, hay mucha bajada de línea, pero aquí no; fue como una salida de todo eso. No te olvidés de que todo esto viene de la revista, donde el humorista político tenía otra llegada a la gente. Y tenía una técnica muy particular. Aquí hay personajes desde el nerd y el tipo que le va mal con las minas… Mi público, con Luly, es de mujeres de 25 a 45 años, que no les fue bien con sus parejas. Se vienen a matar de la risa.

- Decías que en Estados Unidos es diferente…

- El americano, a pesar de que se manda un monólogo serio, siempre arranca con un chiste. Hay convenciones de las empresas más grandes del mundo, y es toda una pauta, ya que siempre el gerente o el CEO debe iniciar su discurso con un chiste. Otro caso es el de los ingleses y judíos, que van directo al humor negro.

- O sea que el humor te permite meterte con cualquier tema.

- Está permitido todo, porque el humorista se ríe de uno mismo, si soy gordo, si soy gay… Te reís de vos y nadie te puedo decir nada. En otras décadas los cómicos se reían de los otros.

- Catarsis, entonces.

- Ni más ni menos. Hay hechos reales de gente que se paró en un escenario y contó lo que le pasaba. Toda una catarsis. Se dice bien que nosotros contamos problemas y no hacemos chistes. Yo no cuento chistes, sí situaciones.

- Quiero decir que sirve para otras cosas también...

- Mirá, armar un stand up nos permite conocernos mejor, saber qué cosas nos gusta y cuáles no, cuáles nos dan risa y cuáles nos angustian. Y tener en claro eso, sabiendo que puede ser un lugar común con mucha otra gente, nos purifica. Al final lo que se hace no es más que mostrarse tal cual uno es, una especie de catarsis en público. Y de esos lugares, sólo se sale fortalecido. Lo de la catarsis es así, y también un poco de terapia.

- ¿Cómo llegaste a esto?

- Comencé haciendo teatro convencional. Luego trabajé en el impro que es un espectáculo de humor, pero que te enseña a ser positivo; mientras que el stand up te enseña a burlarte de algo que quizás no esté en tus manos cambiar. Finalmente, hay que tener en cuenta que el humor nos enseña que nada es tan dramático; que las cosas que pasan, que te parecen anormales, son tan normales y cotidianas. La improvisación nos agiliza la mente y en momentos de tensión, hasta nos puede dar una salida elegante y hasta graciosa. Me inicié en los match de improvisación, y luego pasé al stand up.

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