El desafío de erradicar el maltrato infantil

29 Abr 2018 Por LA GACETA

Está presente en todas partes bajo distintos ropajes, a veces atenuada, otras en forma explícita. Ello sucede porque se halla en la naturaleza humana. Es la acción de utilizar la fuerza y la intimidación para conseguir algo. Con frecuencia, la violencia adquiere rostros más sutiles, como la psicológica. Se puede encontrarla fácilmente en las conductas autoritarias que, por ejemplo, han dominado la educación. ¿Quién no ha escuchado alguna vez el dicho “la letra con sangre entra”? Esa severidad para criar a los hijos está basada en la intimidación, en el miedo, a menudo acompañada de agresión física. Hasta hace algunas décadas, un niño que se portaba mal era sometido a penitencias, algunas muy crueles, como permanecer arrodillado una o varias horas sobre granos de maíz.

El 25 de abril se recordó el Día Internacional de la Lucha contra el Maltrato Infantil que tiene por objetivo divulgar los derechos de los niños a nivel mundial para concientizar a la sociedad sobre las consecuencias de esta agresión. La Unicef (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, por sus siglas en inglés) realiza campañas de prevención y sensibilización sobre este tema.

La representante del organismo internacional en la Argentina señaló que en nuestro país, el 96% de los adultos considera que los chicos no deben ser castigados físicamente. Sin embargo, al preguntar por las prácticas, los mismos encuestados sostienen que es frecuente el empleo del castigo físico en la crianza (40%). “Esta tensión entre la creencia y la práctica presenta un desafío: trabajar para que las madres, padres y cuidadores reconozcan y desnaturalicen las prácticas violentas y desarrollen nuevas habilidades. El castigo corporal está prohibido en el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación (Art. 647) y la Ley de Protección Integral de la Niñez (26.061). La especialista indicó que el tratado internacional de la Convención sobre los Derechos del Niño exige la responsabilidad del Estado en la generación de estas políticas para que la familia pueda asumir adecuadamente sus funciones en la crianza.

Se sabe que el maltrato infantil puede tener consecuencias a largo plazo; está asociado a trastornos del desarrollo cerebral temprano. Los adultos que han sufrido maltrato en la infancia corren mayor riesgo de sufrir problemas físicos, mentales y de conducta. Algunas formas de castigos son físicos (quemaduras, golpes, pellizcos, fracturas), psicológico (descalificación, humillación), el abuso sexual (ser víctimas o espectadores de abuso hacia terceros).

La violencia nunca es buena compañía. Apelar al golpe, a la intimidación o al castigo para educar son acciones que generan temor en el niño. Cuando se llega a esa instancia es porque el adulto tiene serios problemas de comunicación y apela a la agresión psicológica o corporal. Son métodos que deben desterrarse. Un niño que es tratado con extrema severidad, posiblemente tendrá una personalidad agresiva. En otras ocasiones, hemos sugerido que la incorporación de la mediación como método para zanjar los problemas puede ser una herramienta muy útil, no solo entre los chicos, también entre los adultos. Se podrían dictar talleres para padres y docentes en los establecimientos educativos. El autoritarismo siempre ha estado presente en nuestra educación y a lo largo del siglo XX, hemos padecido varios gobiernos dictatoriales, como consecuencia de los golpes de Estado. Si educamos para la paz, habrá menos violencia, más tolerancia, más diálogo. “Como tratas, te tratarán. Los niños aprenden también por observación. No olvides que escuchan y también miran”, reza un anónimo.

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