Ya nadie pasea ni juega en la plazoleta Aramburu de Villa Luján por temor a ser asaltado

Los vecinos describen el espacio verde, ubicado en Mendoza al 3.300, como una verdadera “boca de lobo”. Anuncian su renovación.

19 Abr 2018
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INTOCABLE. Lo único que está impecable es la gruta de la Virgen; un grupo de vecinos cuida parte del paseo. LA GACETA / FOTOS DE HÉCTOR PERALTA.-

En toda la cuadra hay árboles frondosos. Eso se traduce en más frescura, aunque también, a falta de una buena poda, en un lugar oscuro de la ciudad. El alumbrado público se encuentra tapado por el follaje. Esa es la base del reclamo de los vecinos de Mendoza al 3.300. Ellos sostienen que ese sector de Villa Luján les sirve de “sitio de emboscada” a los malvivientes para atrapar peatones desprevenidos, y que luego usan de ruta de escape a la oscura y descuidada plazoleta Aramburu (que en realidad son dos, ya que la calle Mendoza la corta por la mitad). Quienes viven allí añoran ver renovado ese espacio público para “darle vida a la zona”.

“Acá, en toda la cuadra, falta una poda urgente. No queremos que maten los árboles, pero todo está oscuro, como abandonado. Y a esa plazoleta le falta todo, porque la fueron vandalizando con el tiempo. No sé si vale la pena que la transformen: hay muchos chicos que vienen drogados a hacer destrozos”, cuenta desesperanzada Marta de Richie, que la noche previa a hablar con LA GACETA tuvo su propia experiencia relacionada con el vandalismo. “Sentía ruidos en mi casa. Eran chicos que tiraban naranjas del árbol de la vereda al portón de mi casa, a las tres de la madrugada. Esas cosas pasan por acá, porque no tenemos cuidadores o placeros. Pagamos seguridad privada, pero no es suficiente”, confiesa. Ella vive a unos pasos del espacio verde, que ayer se encontraba con el césped alto, basura desparramada y todo el mobiliario urbano roto. Además, sólo quedan pocos resabios de lo que fue una cancha de básquet, pero la gruta de la Virgen sigue intacta. Es lo único que no se toca.

La calma de la mañana parece cotidiana. Pero el estilista Rubén Pelegrino, que tiene su negocio a media cuadra, cuenta que ese lugar está muy alejado de la serenidad. Relata que todos están en constante alerta por los robos y por el tránsito que se ha vuelto pesado con los años, ya que es una de las calles paralelas a la avenida Mate de Luna, que muchos prefieren usar por la falta de semáforos. Entonces, es común ver autos a alta velocidad. No hay control.

Por otra parte, Pelegrino relata que en la plazoleta los malvivientes se esconden debajo de los árboles y esperan a sus víctimas. A su hija le tiene prohibido cruzar para cortar camino por el paseo hacia la avenida más cercana. “Es que está todo oscuro. Esto es una verdadera boca de lobo. Además vienen a hacer de todo acá, desde tener sexo hasta tomar drogas. El otro día salvé a una chica y terminé lastimado (muestra su mano y su brazo con escaras). Algo tienen que hacer, encima el encargado de Seguridad de la Provincia (por Claudio Maley) vive a unas dos cuadras. ¿No le preocupa su propio barrio?”, opina.

Sobre qué deberían hacer en esa área, detalla que primero estaría bueno para todos que arreglen el alumbrado público y renueven completamente la “olvidada” plazoleta, con pistas de salud y juegos.

Añade que personas que viven por la zona desde hace años le hacen mantenimiento a un sector de la plazoleta, el que está por Córdoba. El resto está librado a la suerte de que pasen los encargados del mantenimiento de las plazas.

Sacar turno

La Municipalidad sostiene que los vecinos deben ser pacientes, ya que en la agenda de renovación de espacios verdes de la capital hay una larga lista de espera. “Hay 307 espacios públicos, entre plazoletas y plazas. Más los cuatro parques. La plazoleta Aramburu está cerca de ser renovada, seguramente, en los próximos meses. Sean pacientes”, pide Carlos Arnedo, secretario de Servicios Públicos. ¿Qué se hace en esos espacios reducidos? El funcionario detalla que poda, jardinería, renovación de luminarias, pintura e instalación de nuevo mobiliario.

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