El Guillermina, en su primer aniversario

09 Abr 2018

Manuel Riva - LA GACETA

“La inauguración de esta Casa llena un anhelo de mi espíritu de largo tiempo atrás acariciado con mi esposa. Acrece nuestra satisfacción el haber podido levantarlo en este barrio suburbano donde estimamos es mayor la necesidad de un establecimiento de tal índole”, resaltaba Alfredo Guzmán. Con estas palabras el reconocido filántropo tucumano hablaba en la inauguración del colegio Guillermina Leston de Guzmán. Resonaban aún más un año después, cuando se cumplía el primer aniversario de la institución ubicada en avenida Sáenz Peña al 600. Nuestro diario presentaba una nota gráfica con varias imágenes.

El colegio ya tenía un importante crecimiento. “A poca distancia de la fundación de este establecimiento ya se palpan sus incalculables beneficios propósitos de sus fundadores y realidad efectuada por las manos bondadosas y diestras de las Hermanas Concepcionistas. Obra que ejerce su influjo benéfico sobre las niñas del barrio sur”, señalaba el cronista en su artículo aparecido a inicios de abril de 1938.

En la nota se destacaba que el colegio “cuenta con un hermoso edificio dotado de todas sus comodidades, agregándose a la obra altruista que él representa, el comedor externo para niñas pobres, en el que se sirve el ‘plato único’, costeado particularmente por los fundadores del establecimiento”. Agregaba a continuación que “recibe internas, externas, pensionistas que deseen estudiar, ya sea en la Universidad, Escuela Normal u otras instituciones, contando para ello hasta con vehículos para el traslado”. También se anunciaba que comenzaban los cursos de corte y confección, artes decorativas, economía doméstica e inglés entre otros.

El nuevo establecimiento cumplirá con una elevada misión educativa, satisfaciendo, al mismo tiempo, necesidades sociales de un carácter incuestionable. Precisamente esta circunstancia, claramente determinada y noblemente sentida, fue lo que impulsó a don Alfredo Guzmán y a su señora esposa, doña Guillermina Leston de Guzmán -cuyas obras en beneficio de la colectividad son múltiples y están en la conciencia pública que las aprecia con justa estima- a donar los elementos necesarios con los que se construyó el colegio, trazándole claros postulados de bien común a cumplir”. De esta manera, LA GACETA del sábado 10 de abril de 1937 anunciaba la inauguración del colegio Guillermina.

Las características de la construcción eran “de un estilo arquitectónico moderno, con ligera tendencia al colonial. El edificio ha sido construido teniendo en cuenta las exigencias impuestas por las nuevas corrientes pedagógicas, es decir, establecimiento amplio, llenos de luz y de aire, en donde los niños encuentren un ambiente hogareño. Las aulas estaban en la planta baja en concordancia con las necesidades de la enseñanza”.

Don Alfredo nació en Tucumán en 1855 y falleció en 1951. Es célebre su inigualada labor de pionero de las industrias azucarera y lechera, los citrus y la investigación agropecuaria. Según relata Carlos Páez de la Torre (h): “En 1882 se casó con doña Guillermina Leston (1863-1947). El matrimonio llevaría a cabo una tarea realmente impresionante de solidaridad social. Costearon, en 1904, la instalación del Asilo Maternal de los Vicentinos. Les prestaron primero una casa, en Laprida al 400”. Las obras caritativas del matrimonio van desde la Sala Cuna, en calle Congreso al 300, hasta los hogares de ancianas San José, de 1942, y de ancianos San Roque en 1945.

En cuanto a las cuestiones del espíritu su aporte se plasmó en la construcción del santuario de Nuestra Señora de la Merced.

El club “Sportivo 9 de Julio”, en villa 9 de Julio (ahora, Sportivo Guzmán) también s cuenta entre sus obras. Otra de sus ideas se plasmó con la concreción de la Estación Experimental Agrícola, para darle un cariz científico a las tareas agrícolas. Presentó el proyecto en 1907 y se puso en marcha en 1909.

La Granja Modelo fue otra innovación: significó incorporar los máximos recaudos de higiene y pasteurización a la leche.

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