En “El patio” se desarrollan pequeños sucesos mientras llueve

07 Abr 2018
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VECINAS CON SECRETOS. Lucila Ale y Belén Mercado, en “El patio”. Fulvio Rivero.

ESTRENO

• A las 22, en la sala Luis Franco de El Círculo de la Prensa (Mendoza 240).

Una tormenta de verano en Tucumán se transforma en un personaje más que incide sobre la vida cotidiana de dos mujeres y un hombre, en un barrio cualquiera, con verdes jardines delante de las casas llenos de plantas y objetos en desuso. De fondo, voces, ruidos y una radio en la que se relata un partido de fútbol; en escena, Sara y Ana Laura que se encuentran en medio del chaparrón y conversan de la vida.

“El patio: lo que dura la tormenta” es un ejercicio actoral dirigido por Raúl Reyes que se estrenará esta noche, en una nueva versión (hubo una puesta original el año pasado), con las actuaciones de Lucila Ale, Belén Mercado y Miguel Méndez Dietrich, en la sala Luis Franco de El Círculo de la Prensa.

“El encuentro de las protagonistas se funda en sucesos pequeños. El transcurrir de ellas, con sus miradas, sus silencios y sus secretos guardados, configuran el universo por el que se despliega la obra, que tiene a veces un costado tierno que arranca sonrisas sin anular la tristeza, en un contexto sin demasiadas salidas o expectativas con un absurdo cotidiano que las ahoga. En ese marco, espacio y comportamiento escénico fueron creando una unidad dramática singular que derivó en esta puesta”, explica el director.

La relación entre ambas tiene un giro con la aparición de Mauricio, quien es extraño y ajeno a ese lugar y descoloca el universo conformado. Su presencia masculina dinamizó el proceso teatral y le otorgó un contraste que permitió la ruptura de climas y la valorización de los detalles, de las gestualidades y de la elaboración del texto final. Todo se plantea en un cotidiano de personajes que pretenden ser un poco más felices de lo que son, pese a las contradicciones y confusiones que afrontan diariamente.

Reyes señala que el objetivo fue “presentar un teatro que recobre el campo emocional como soporte importante de la actuación sin grandes sucesos, sino simplemente con el desafío de estar”. “No nos movió ninguna intención de estilo o de conceptualizar lo teatral. Atendimos al deseo de apelar a un registro escénico centrado en la actuación como medio de producir estados -destacó-. A medida que el trabajo se desarrollaba en las improvisaciones, nos abría caminos y reflexiones de un orden más humano en un universo que, aunque efímero y en la superficie sin sobresaltos, nos dio una teatralidad de un tono suave, sin los grandes estallidos habituales en nuestras producciones”.


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