Preocupa la proliferación de cortejos “tumberos”

05 Abr 2018

Es sinónimo de prepotencia, de imperio del más fuerte, de salvajismo, del “ojo por ojo”, de la ausencia de la ley. “Esto parece el Lejano Oeste”, se suele escuchar con frecuencia para referirse a una realidad caótica, donde cada uno hace lo que quiere. Esta postal típica de los westerns parece haberse trasladado a Tucumán en los últimos tiempos. Es como si los acompañamientos y sepelios “tumberos” se hubieran puesto de moda. Los deudos y amigos despiden a los tiros a los difuntos, por lo general, vinculados con el mundo de la delincuencia y de la droga.

Un nuevo episodio ocurrió ayer, cuando una caravana de unas 50 motocicletas, partió de Barrio Sur, luego pasó por la cancha de San Martín en La Ciudadela y desde allí partió al Cementerio de la Paz, ubicado a la vera del Camino de Sirga, en Yerba Buena. En el video de LA GACETA.com se observa a varias personas despidiendo al fallecido, mientras un grupo de jóvenes hace tiros al aire. La filmación, acercada a nuestro diario por un lector, se realizó en Barrio Sur. Ya en el Camino de Sirga, el acompañamiento de los deudos fue escoltado por un grupo de policías, según se dijo, para evitar disturbios. En el programa las “12 en 30”, que se emite por LA GACETA online, una vecina contó que cuando se dirigía a su trabajo, se encontró un cortejo fúnebre de unas 80 motos. “En todos los vehículos iban tres personas arriba, sin cascos y con actitud amenazante; nos tiraban los rodados, como obligándonos a parar. No nos dejaban avanzar. Fue un abuso, una falta de respeto”, afirmó.

En nuestra edición de ayer, consignamos que el responsable de la Fiscalía IX había avanzado en la causa iniciada por los incidentes registrados en cortejos fúnebres, que incluyeron disparos y daños a vehículos particulares. El fiscal dijo que dispondría nuevos procedimientos. “La investigación recién se inicia. Muchas personas participaron y realizaron disparos. Ya fueron identificadas otras personas”, afirmó.

Las primeras noticias sobre esta modalidad “tumbera”, vinculada con las barras bravas, datan de octubre de 2014, cuando amigos de un delincuente llevaron el ataúd por medio de una calle y haciendo tiros al aire mientras cantaban canciones referidas al club San Martín, a plena luz del día. El joven de 22 años, que había olvidado a su hijo tras un robo, murió en un accidente al intentar escapar de la Policía. En noviembre de 2016, despidieron a “Huguito”, de 17 años, a los tiros, ante la atónita mirada de los vecinos del Cementerio del Norte. En lo que va de 2018, hubo, por lo menos, cinco episodios de estas características. “Vamos a tomar los recaudos necesarios. Vamos actuar de manera preventiva para impedir que sucedan estos hechos”, dijo 17 de marzo el ministro de Seguridad.

Hace casi cuatro años, cuando se divulgó una de las primeras balaceras en la despedida de muertos, aparentemente la noticia no generó inquietud alguna entre las fuerzas de seguridad ni en la Justicia. Los hechos no sólo se siguieron repitiendo, sino que ahora es la misma Policía la que escolta estos acompañamientos, en lugar de controlar si los acompañantes portan armas ilegalmente y entonces detenerlos. ¿La cantidad de armas en poder de los malhechores o la facilidad con que las obtienen no les llama la atención a las autoridades? ¿Cómo piensan combatir los cortejos “tumberos”? ¿Protegiéndolos del resto de la ciudadanía? El Lejano Oeste puede estar cercano si se sigue permitiendo el avance de estos hechos mafiosos.

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