22 Mayo 2004 Seguir en 
La extraordinaria -y por cierto muy comprensible- difusión de los teléfonos celulares ha dado lugar a que sea muy común que quienes conducen automotores lo hagan mientras, simultáneamente, operan el referido aparato. En varias ocasiones, nos hemos referido en este comentario, al riesgo cierto que implica ese tipo de conducta.
Casi no es necesario decir que guiar un vehículo exige concentración en esa tarea y capacidad de respuesta inmediata ante cualquier imprevisto. El hablar por teléfono significa, inevitablemente, una distracción, aunque sea por breves minutos. Y sabemos que es en breves minutos que pueden desencadenarse las tragedias. Por otro lado, el tipo de tránsito de Tucumán, erizado de riesgos por las maniobras caprichosas de muchos conductores o por la imprudencia de muchos peatones, redobla la necesidad de una atención muy especial por parte de quien está sentado al volante.
Una vez más, hay que decir que la Municipalidad debe tomar las providencias adecuadas para desterrar un hábito que cabe calificar de peligroso.
Casi no es necesario decir que guiar un vehículo exige concentración en esa tarea y capacidad de respuesta inmediata ante cualquier imprevisto. El hablar por teléfono significa, inevitablemente, una distracción, aunque sea por breves minutos. Y sabemos que es en breves minutos que pueden desencadenarse las tragedias. Por otro lado, el tipo de tránsito de Tucumán, erizado de riesgos por las maniobras caprichosas de muchos conductores o por la imprudencia de muchos peatones, redobla la necesidad de una atención muy especial por parte de quien está sentado al volante.
Una vez más, hay que decir que la Municipalidad debe tomar las providencias adecuadas para desterrar un hábito que cabe calificar de peligroso.
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