Como en la Guerra Fría

03 Abr 2018

Ricardo Arredondo - Prof. de Derecho Internacional Público- UBA

En cuestión de unas pocas horas, el lunes 26 de marzo, Rusia perdió más de un centenar de sus diplomáticos en los Estados Unidos y en Europa, como resultado de las expulsiones coordinadas en respuesta a la intoxicación de un ex espía, Sergei Skripal, y su hija, Julia, en el Reino Unido.

La administración Trump expulsará a cuarenta funcionarios diplomáticos rusos de su territorio (12 son de la Misión Permanente de Rusia ante las Naciones Unidas) y procederá también a cerrar el consulado ruso en Seattle.

Las expulsiones recíprocas de diplomáticos que caracterizaron al período de la Guerra Fría se han transformado en una suerte de ritual donde lo simbólico ha destronado a la sustancia. La sincronización de las expulsiones conlleva un particular simbolismo, ya que no era del todo evidente que el Reino Unido pudiese negociar con éxito una respuesta a las alegadas acciones de Rusia. A la vez, representa una afirmación de que la noción de cooperación en materia de seguridad en Occidente no ha perdido su fuerza.

Quizás el dato más significativo sea la respuesta única y unificada de Washington y catorce países de la Unión Europea (UE), que representa un cambio en esta materia, al que se ha sumado un Estado no miembro de la UE como Ucrania. Rusia ha intentado dividir las alianzas y debilitar las instituciones en Occidente, procurando de esa manera debilitar la cooperación diplomática y de seguridad entre los Estados Unidos y Europa. La concepción de esta política, con el estilo Realpolitik de la vieja escuela, se basa en la idea de que es más fácil lidiar individualmente con estos Estados en lugar de enfrentar un frente unido.

Aunque también es revelador casi la otra mitad de los 27 miembros de la UE no se haya plegado a este movimiento, lo que habla de una división al interior del bloque europeo, algo que el Kremlin ha estado esperando e intentando fomentar durante años.

La Administración Trump viene exhibiendo un doble estándar ante Rusia, ya que si bien el Presidente estadounidense no habla mal de Putin o Rusia, continúa adoptando duras políticas frente al Kremlin. Por su parte, las autoridades rusas continúan tratando de separar a Trump de casi todos los demás en Washington, aferrándose a la idea de que Trump se ve obligado a arremeter contra Rusia y atribuyendo estas acciones a “la fuerte presión del establishment estadounidense”.

Rusia ya ha anunciado que tomará medidas recíprocas, expulsando a un número comparable de diplomáticos estadounidenses y europeos. Es probable que cierre un consulado de Estados Unidos en algún lugar del país (como dato anecdótico, su cuenta de Twitter la Embajada de Rusia en Washington pidió a los seguidores que votaran por qué consulado estadounidense debería cerrarse: San Petersburgo, Vladivostok o Ekaterimburgo). También es posible que se adopten otras medidas más impredecibles y asimétricas.

En definitiva, las expulsiones diplomáticas son la solución política fácil y obvia. No obligan a Londres ni a otros centros financieros europeos a confrontar verdades incómodas sobre la cantidad de dinero ruso que circula a través de sus instituciones financieras y mercados inmobiliarios. El Reino Unido se encuentra en una posición vulnerable frente a la potencial pérdida de capital internacional en un momento en que su condición de centro financiero global ya está cuestionada debido al Brexit.

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