Diego Ruiz: vencer arcos rivales lo marcó en el mundo futbolístico y también en el amor

Hoy está instalado en Chile, jugando en Deportes Iberia, de Los Ángeles.

01 Abr 2018

Son muchos los futbolistas que, con su primera pelota en los pies, sueñan con vestir la camiseta en la Primera de su equipo. Uno de ellos es Diego Alejandro Ruiz, que a sus 15 años vivía su sueño y jugaba en el primer equipo de Argentinos del Norte.

Cualquiera pensaría que un futbolista con un talento prometedor daría su próximo paso en alguno de los grandes tucumanos. Pero con Diego no pasó de esa manera. A los 17 años emigró hacia Lanús, pero su debut profesional se produjo en San Telmo.

Ruiz, antes de llegar a pelear un ascenso con Atlético, ya había jugado en Europa y deseaba volver. Bélgica, Rumania, Azerbaiyán y Chile fueron sus destinos futbolísticos. Y fue en equipos de estos países donde pudo jugar algunas de las competencias más importantes del mundo, como la Champions League y la Copa Sudamericana.

Convertirse en profesional es algo inolvidable, y Diego recuerda qué hizo con el primer sueldo: “me compré los botines que tanto quería. Antes, sólo podía usar de los más baratos o los que me regalaban Serrizuela (hermano de José) o el ‘Chato’ Burela” recordó el futbolista.

Hoy está instalado en Chile, jugando en Deportes Iberia, de Los Ángeles. Y todo parece indicar que será su última escala, aunque no descarta algún día volver a la provincia. Ruiz le contó a LG Deportiva que una de sus pasiones es la pesca: “cuando voy a Tucumán vamos a pescar con mis hermanos a Tafí del Valle”.


Netflix se apodera de su tiempo libre: Vikings, Prison Break, Lost, son series que Ruiz sigue con fidelidad. Pero no es lo único: “miro todas las películas del Messi del cine, Ricardo Darín.”

La vida del futbolista nómade no es fácil. “Tenía un contrato por dos años en Azerbaiyán, por muy buena plata, pero a los cinco meses no aguanté más y me fui, tuve que devolver la mitad del dinero”, recordó “Tamke”.

Un comentarista del fútbol chileno lo apodó “Iván Drago”, por su parecido físico con el boxeador que, en la ficción, terminó con la vida de Apollo Creed y fue derrotado en una pelea épica por Rocky Balboa.

Sus millas alrededor del mundo le dieron la posibilidad de aprender algunos idiomas: “rumano hablo bien, del turco sé lo básico, y en inglés hablo como indio”, relató.

Su familia está compuesta por sus hijos: Luca, de ocho años y Milo, de seis, niños que ya pasan horas y horas en las canchas de fútbol. Un capítulo especial merece su esposa, Femke, una joven dos años menor que él, a la que conoció en Bélgica. “Yo salía a tomar mate y ella siempre me saludaba. Un día entablamos una conversación con un diccionario de por medio. Pasamos toda una tarde para decirnos una palabra”, recordó, encantado.

Eso sólo fue el inicio; el delantero, al igual que en la cancha, pensó estratégicamente cómo conquistarla. “Le pedí que me acompañe a comprar un perro. Esa fue la primera excusa. Así empezó nuestra historia de amor. Ella iba a ver al perro, pero era otra excusa para verme a mí”.

Hoy, Diego entiende que, a sus 37 años, su carrera dentro de las canchas con ‘los cortos’ está cerca de terminar. Pero seguirá vinculado al fútbol, ya sea como DT o el cargo que el destino depare para él.

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