Apostar siempre por la Vida

01 Abr 2018

Por presbítero Marcelo Barrionuevo.

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. (Juan 20,1-9).

La Resurrección de Jesús es no sólo un hecho histórico sino un acontecimiento absolutamente único. Un suceso que los discípulos del Señor comprendieron que estaba llamado a cambiar la vida humana. Jesús no regresó a nuestro tiempo y a nuestra condición terrestre actual como Lázaro, el hijo de la viuda de Naím o la hija de Jairo. Jesús entró corporalmente en la eternidad y abrió definitivamente las puertas a todo el que crea en Él y viva su vida. Su Resurrección no es un retroceso a nuestra forma de vida, es una promoción hacia adelante y ya irreversible: Cristo Resucitado ya no muere, vive glorioso en el Cielo.

La Resurrección de Cristo es la prueba más clara de que Él es la Vida, una vida que se reveló más fuerte que la muerte. Ella nos recuerda que el amor siempre puede más que el odio; la verdad que la mentira; la entrega y el servicio desinteresado a los demás sobreviven a todos los egoísmos; que el bien y la buena conciencia triunfan sobre los que extorsionan; que la única opción válida es siempre apostar por la vida.

La Pascua 2018 nos encuentra con la propuesta de la muerte ante la posible ley del aborto. Ante esa posibilidad legal, hoy nos hemos de comprometer en la misión de ser portadores de vida, misioneros de la Vida. Esta misión implica dar a conocer la verdad de la Vida a todos y en todas formas. Ser creativos de la Vida, forjadores de una cultura que no mira a que una ley no salga sino a tomar conciencia del don que supone la Vida que Cristo nos ganó en el Calvario.

La Pascua es vida nueva y es un nuevo estilo de vida, implica que salgamos en misión a evangelizar, de comunicar desde Jesús el estilo de la vida como forma y manera de ser. Para ser misioneros de la Vida podemos pensar algunas consideraciones:

1) Hemos de ser “callejeros de la Vida” como nos pide el Papa. Esto significa que hay que hablar en la calle, participando, caminando, opinando, generando luz, aportando ideas, impulsando la participación en toda acción, creando gestos de vida, etc.

2) “Optimistas creativos de la Vida”. Siempre positivos, con caridad y cariño, sin agredir ni acusar. Queremos compartir el amor a la vida, no derrotar enemigos. Lo nuestro es cuidar y proteger lo más valioso: al ser humano, en su estado mas indefenso como en todos los estadios de existencia y vivencia humana.

3) “Mujeres de Vida y por la Vida”. Amar la vida es jugarse por la mujer portadora exquisita de la Vida. Más que nunca tomar conciencia de que la Mujer es la llamada a ser protectora y custodia del don sagrado que lleva en su seno materno. Por eso hemos de apostar un estilo de mujer jugada por la vida de todos.

4) “Cercanos con el dolor”. No podemos ser insensibles como si el problema del que que sufre una angustia o soledad frente a decisiones de vida deba ser dejado solo. Acompañar, caminar junto al que sufre, buscar soluciones y ser cercano a cada situación difícil.

5) “Testigos de la Vida”. Los seres vivientes debemos ser testigos de lo obvio; vivir. Es la tarea que nos toca, ser testigos de todo el don de la vida, de su verdad y su respeto, de su inviolabilidad y dignidad, de su belleza y cuidado.

La Pascua nos llama a anunciar que Cristo Vive, y esa es vida de todo ser humano viviente. Anunciemos el evangelio de la Vida. ¡Felices Pascuas!

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