La nueva novela de Padura

Mario Conde, su popular antihéroe, se mueve en una Habana sin tiempo

01 Abr 2018

POLICIAL

LA TRANSPARENCIA DEL TIEMPO

LEONARDO PADURA

(Tusquets - Buenos Aires) 

En La transparencia del tiempo, Leonardo Padura vuelve a la carga con su anti-heroico Mario Conde. Como en todas las sagas policiales, el lector -en especial un lector adicto a la escritura del cubano, como soy yo- reconoce los gestos del inveterado protagonista: ex policía, comprador de libros usados, investigador privado, escritor frustrado. Un personaje melancólico que recuerda al Sam Spade de Philip Marlowe.

Esta novela se divide en dos tramas: la fábula histórica y la fábula policial. El nexo entre ambas fábulas es el robo de una virgen negra de misterioso origen.

Dentro del libro nos encontramos con cuatro tiempos. El presente, en el que sucede la peripecia principal. Los otros tres tiempos corresponden a la historia de España y Cataluña: la guerra civil de 1936-1939, la guerra civil catalana entre 1462 y 1472, y un acontecimiento de cuatro siglos antes, en la Cataluña medieval. Estas tres últimas fechas se centran en la historia del origen de la virgen y su vinculación con los templarios. El recurso de la proliferación de tiempos ha sido explorado en novelas anteriores como Herejes, pero en este este caso cobra una excesiva autonomía de la trama central.

Cuba actual

La ficción policial situada en 2014 remite al convulsionado presente cubano. Bobby, contrabandista de arte, viejo conocido, le pide a Conde que busque la reliquia milagrosa que trajo su abuelo y le fue robada por el amante. Esta encomienda nos sumerge, una vez más, en el mundo del tráfico de obras artísticas en la isla.

El Conde que cumple 60 años vive con conciencia dolorosa el paso del tiempo y el quiebre de utopías. Su derrotismo es tan grande que ni siquiera sus amigos y su novia lo reconcilian con la nueva realidad que lo expulsa. Se mueve en una ciudad sin tiempo, ha construido un mundo con rituales que lo anclan y le impiden mirar cualquier futuro. Así como su Carlos está amarrado a su silla desde Angola, Conde se limita a La Habana.

La ciudad ostenta cicatrices que dibujan una topología de la derrota. El futuro clausurado anida entre remanentes del esplendor de un presente desasosegado al que no comprende una generación nacida con la revolución que se siente fuera del juego. La Habana se debate entre lo nuevo y lo viejo, la riqueza y la pobreza. Las mansiones resurgidas coexisten con las ruinas; los lóbregos barrios de migrantes con los lujosos hoteles. Lo único permanente es el mar y la naturaleza. En el recorrido por la ciudad aparece una realidad nueva representada, sobre todo, por Yoyi el Palomo.

La escritura de Padura logra romper con la fantasía tropical al incluir una Habana que ya no es la de La ciudad de las columnas, de Carpentier, ni el paraíso revolucionario. En las calles los cubanos cada vez más alejados de un modelo solidario apuestan al dinero turístico. Un extraño -dentro de ese universo- Mario Conde, casi autodestructivo, se encierra en el pasado. Pero el ineludible cambio abre la puerta de otro ciclo en el que parece haberse reencontrado, una vez más, con la escritura.

© LA GACETA

Carmen Perilli


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