Preocupa el despilfarro de agua de los tucumanos

29 Mar 2018 Por LA GACETA

La vida no sería posible sin ella, pese a que ocupa el 70% de nuestro planeta. Mientras unos carecen de agua potable, otros la desperdician, pese a que los pronósticos poco alentadores datan desde hace tiempo. En 2002, durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, en Johannesburgo, se hizo un llamado urgente para hacer frente al problema de la falta de líquido elemento. Según las Naciones Unidas, una de cada cinco personas en el mundo no tenía en ese entonces acceso al agua potable, y alrededor de 2.400 millones carecían de condiciones adecuadas de salubridad.

De acuerdo con un informe del organismo mundial, la disponibilidad de agua en el mundo disminuyó un 50% en el último cuarto de siglo. Se ha pronosticado, en 2025, alrededor de 3.500 millones de personas (casi la mitad de la población total) tendrán problemas con el agua. En los países en vías de desarrollo, el 80% de todas las enfermedades está relacionado con el acceso limitado al agua potable. Mientras un habitante de Islandia cuenta con 685.000 metros cúbicos de agua por año, uno de Egipto solo dispone de 20. Más del 80% de las aguas residuales que generamos regresa a los ecosistemas sin ser tratada ni reciclada. El agua no potable, las pobres infraestructuras sanitarias y la falta de higiene, causan alrededor de 842.000 muertes al año, según la ONU.

Pese a contar con una cantidad de ríos que cualquier otro lugar envidiaría, los tucumanos no nos llevamos bien con el agua. En informe de la Universidad Tecnológica Nacional de 2012, señalaba que un comprovinciano usaba alrededor de 600 litros por día, cuando debía emplear entre 200 y 300 litros para satisfacer sus necesidades básicas. “Cada tucumano debería consumir alrededor de 200 litros por día y, en realidad, el consumo de cada habitante es, al menos, el doble”, afirmó un docente de la UTN, en 2014.

Un colaborador de la Secretaría de Medioambiente de la provincia se alarmó por el nivel de despilfarro: se la usa para regar las canchas de fútbol, las plantas o lavar los pisos. “Debemos hacer un empleo inteligente del líquido, para que no escasee y para evitar enfermedades por tomar agua no potable o contaminada”, dijo. El director del Instituto de Ecología de la Fundación Miguel Lillo destacó la importancia de la educación para tomar conciencia de la problemática y enseñarles a los niños desde el hogar la importancia de cuidar el agua.

Si se agregan las pérdidas constantes de agua en la vía pública en el Gran San Miguel de Tucumán o en los lavaderos callejeros, el dispendio es aún mucho mayor, y a ello se suma la inacción estatal para impedir el despilfarro, como sucede en la calle Muñecas 560, donde desde hace dos meses sale constantemente un borbotón de agua a la calle, debido a una filtración en la red de agua potable. En ese sector se halla una instalación subterránea de servicio eléctrico de EDET, lo cual agrava la situación. Según la SAT, la reparación no se realizaba porque aún no ha conseguido la autorización municipal para romper la calle, mientras la Municipalidad informó que el trámite de autorización de obras es automático. Por una cuestión burocrática, se han perdido millones de litros de agua potable solo en una cuadra, sin que nadie se responsabilice.

Si no se educa a la comunidad ni se diseña una política integral para proteger este recurso y realizar, de una vez por todas, las obras indispensables para su obtención y distribución, las palabras y explicaciones vanas no evitarán la extinción de este don tan preciado para la vida.

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