Ya no necesitamos que nos digan qué se siente

28 Mar 2018 Por LA GACETA

Pasmados. Así siguieron los miembros de la Redacción el amistoso de la Selección Nacional contra España. Define el Diccionario de la Real Academia Española (justamente española) el “pasmo” como “admiración y asombro extremados, que dejan como en suspenso la razón y el discurso”. Síntesis acabada de la sensación colectiva frente a las pantallas. Ya en el primer tiempo, el mal presagio había instalado un desasosiego general. Pero antes del entretiempo llegó el descuento e irse a los vestuarios 2-1 dejó un falso sabor a alivio. Cuando uno de los editores recién llegado de la calle preguntó “¿qué tal fue?”, la respuesta consistió, en síntesis, en que la Argentina había llegado tres veces con claridad, de las cuales convirtió sólo una; mientras que los adversarios habían capitalizado sus dos mejores oportunidades. Creer que no todo estaba perdido fue lo peor. Empezó el segundo tiempo y, con él, la pesadilla. Cuando nos anotaron el cuarto, otro jefe dijo, premonitorio: “Es como el 7-1 de Alemania a Brasil: cada ataque de ellos entraña peligro de gol”, sintetizó. Ahora, a propósito de lo que cantaban nuestras hinchadas en el mundial 2014, ya no necesitamos que nos digan qué se siente...

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