Inseguridades

28 Mar 2018 Por Indalecio Francisco Sanchez

Fueron dos radiogramas (“Rad” en la jerga azul), casi simultáneos, que dejaron mareados a los policías tucumanos. Es que la calesita de las autoridades de Seguridad da tantas vueltas que confunde a la tropa. Primero, lanzaron una circular “recomendando” a todo el personal, sin distinción de rango, que se abstuviera de “comprar o adquirir de algún modo uniforme policial, en todas sus versiones, teniéndose en cuenta que a la brevedad se producirá el cambio de los mismos, conforme a planificación de las autoridades del Ministerio mencionado (el de Seguridad)”. Al cabo de unas horas, apareció otra orden (la Rad N° 156): “déjese sin efecto Rad N° 155 referente al cambio de uniforme de la institución, dado que se continuará utilizando el uniforme actual”. ¿Será un chiste de mal gusto? No. Más bien es una muestra del desconcierto y de la toma de decisiones poco pensadas. Si ese mandato prosperaba, el Gobierno habría pagado un doble costo político, el de sumar enojo interno entre la fuerza y el de recibir chicanas opositoras de que la única idea para combatir el delito era cambiar el uniforme.

Para colmo, en medio del revuelo por las circulares contiguas, trascendió que se habría rubricado la reincorporación de Miguel Gómez en el Equipo Científico de Investigación Fiscal (ECIF). ¿Qué no era que se había retirado de la Secretaría de Seguridad para estar más con la familia? Otro yerro. El último y más preocupante: el jefe de Policía habría salido de vacaciones el viernes. Lleva tres meses en el cargo y enfrenta una letal ola de inseguridad. Sin remate...

Mala jugada

El ministro de Desarrollo Social, Gabriel Yedlin, le sacó del ángulo el tiro libre que desde el municipio de San Miguel de Tucumán creían que iban a colar en el arco de la Provincia. El secretario de Desarrollo Social, Oscar Velasco Imbaud, había dicho que el plan Argentina Trabaja tenía “altísimos niveles de clientelismo y de asistencialismo” en la asignación del programa y había cargado culpas a la administración de Juan Manzur. Sin embargo, el funcionario de Germán Alfaro no sólo no cantó el gol, sino que casi le hacen uno de arco a arco. Con serenidad, Yedlin le contestó que era mentira. Le recordó que ahora hay un manejo diferente, que el municipio posee unidad ejecutora propia desde que Cambiemos llegó al poder nacional y que ya no existen las cooperativas. Hasta evitó pelearse con la gente de Mauricio Macri y, tras cachetear el tiro de Velasco Imbaud con mano cambiada, devolvió el chumbazo. “Me parece que todo esto responde a la interna de los distintos sectores que integran Cambiemos para quedarse con el puesto de Laura Costa”, dijo en el programa “Buen Día”, de LG Play.

Traduciendo del idioma político al castellano, le enrostró que lo del municipio no es preocupación por la gente, sino pirotecnia interna. Le contestó con lo mismo que la oposición local siempre criticó al oficialismo. Casi gol en contra.

Alternativas del cambio

En Cambiemos se busca un norte. Intentaron afinar la brújula el fin de semana con una serie de reuniones, pero por el momento persisten las diferencias de criterio. Las discrepancias son sanas, pese que a algún que otro líder de la alianza no le agrade. Por ejemplo, los intendentes de Concepción y de Yerba Buena no coinciden en su vaticinio respecto de si habrá o no internas de cara a los comicios provinciales del año próximo. Roberto Sánchez estimó que no y Mariano Campero, que sí. El del sur sostuvo que se podría llegar a un acuerdo sobre quién debería ser el candidato hacia fin de año, mientras que el yerbabuenense lanzó que podría haber internas y que los que pugnen por la candidatura a gobernador deberían dejar todo en la cancha. Sí coincidieron en algo: José Cano ya no es el único en carrera. Sánchez hasta se animó a tirar nombres de los posibles interesados en la compulsa. Mencionó a Domingo Amaya y a Silvia Elías de Pérez. Campero, la semana pasada, también le había quitado exclusividad a la candidatura del ex titular del Plan Belgrano. Habrá que ver la reacción del “Gallego”, que según sus allegados está cada vez más iracundo.

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