El arte, el amor y María Elena Walsh

Texto a “contrapelo” del recuerdo para remarcar la inexorabilidad del tiempo

25 Mar 2018
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UNA OBRA BIEN LOGRADA. Massuh consigue hurdir un texto delicado y delicioso, en donde alternan lo biográfíco y lo autobiográfico.

TESTIMONIO

NACI PARA SER BREVE

GABRIELA MASSUH

(Sudamericana - Buenos Aires) 

Gabriela, camino al velorio de María Elena Walsh, vuelve hacia atrás, rememora la amistad con ella y remite al reportaje que le realizara en 1981 cuando ésta enferma de cáncer. La vida comienza allí donde termina.

Goce estético y realidad en ese andar de experiencias y de nostalgias por los amores y por el país: “por todo y a pesar de todo…yo quiero vivir en vos”; “pobre de mí que en esta tierra nací, y en otra no sé vivir” dice María Elena. Un texto delicado y delicioso en donde alternan lo biográfíco y lo autobiográfico, diseminados entre la voz de la entrevistada que cuenta pasajes de su vida y la voz de la entrevistadora, mientras acopla lo suyo propio. Ensambla discursos críticos con otros géneros; la poesía late y revuela el espacio del texto al ponerse a soñar con la infancia, y luego sobreviene el desprecio social y el dolor por un país que se prestó a la historia de la dictadura.

Se rescata el tiempo por un mosaico de textos de María Elena incorporados en cursiva; ingresan trozos de sus novelas, de sus poemas, de sus canciones, relacionados con las experiencias vividas. Sus recuerdos son parte del “folklore” familiar, sus frustraciones, sus miedos, alegrías, amores; las creaciones y el compromiso y la pasión creativa, más el armado del campo literario, social de la época. Sus lecturas, sus escritores preferidos y admirados.

El género tiene un particular formato, Gabriela Massuh construye cruces de voces y discursividades guiados por sus preguntas. Relato de “fantasmas”, previamente corregido por María Elena; una autobiografía mediada por dos subjetividades que conducen el recorrido de sí mismas por caminos nostálgicos. Rayuela de vidas privadas y públicas con minibiografías como álbum de la memoria cultural.

En ese desandar las pendientes del tiempo con un delicado sentido de la belleza, María Elena confiesa su búsqueda de lo estético por “la sencillez y el despojamiento,…”. Su “predilección por la brevedad”, enmarcada a través del sugerente título elegido.

© LA GACETA

Liliana Massara


PERFIL

Gabriela Massuh nació en Tucumán. Obtuvo una licenciatura en Letras en la Universidad de Buenos Aires y un doctorado en Filología en la Universidad de Erlangen-Nürnberg. Fue docente universitaria, periodista y traductora. Dirigió la programación cultural del Goethe-Institut de Buenos Aires y fundó la Editorial Mardulce. Desmonte (2015), y El robo de Buenos Aires (2014) son dos de sus últimos libros.

Nací para ser breve* 
Por Gabriel Massuh
Durante el trayecto me asaltaban imágenes que había perdido, regresaban con la fuerza de un vendaval. La fuerza centrífuga del recuerdo involuntario. María Elena bronceada, en una casa de Martínez, con el pelo casi blanco de sol y los ojos increíblemente azules mirando a la amorosa cámara de Sara; María Elena feliz, caminando sin bastones en el agua de una pileta transparente; María Elena sentada bajo la sombra de los árboles de una quinta que teníamos en Parque Leloir observando a las calandrias con largavistas: chicas, vengan que se abre el comedor; María Elena acostada sobre una camilla de ambulancia que la llevaba a hacer su tratamiento de rayos con un aparato llamado temiblemente “acelerador lineal”; María Elena en el museo de San Antonio de Areco haciéndome gozar de los cuadros de Figari; María Elena en medio del ocre de las hojas de aquel mismo otoño de Areco; María Elena en su escritorio, recostada sobre una cama camera apenas cubierta por una manta de telar mientras yo apretaba la tecla play de un grabador; María Elena en el Munich de la Recoleta intentando protegerse con gesto adusto y poca paciencia de la euforia de unas madres que insistían en acercarle a sus desconcertados niños...
* Fragmento.


Nací para ser breve* 
Por Gabriela Massuh

Durante el trayecto me asaltaban imágenes que había perdido, regresaban con la fuerza de un vendaval. La fuerza centrífuga del recuerdo involuntario. María Elena bronceada, en una casa de Martínez, con el pelo casi blanco de sol y los ojos increíblemente azules mirando a la amorosa cámara de Sara; María Elena feliz, caminando sin bastones en el agua de una pileta transparente; María Elena sentada bajo la sombra de los árboles de una quinta que teníamos en Parque Leloir observando a las calandrias con largavistas: chicas, vengan que se abre el comedor; María Elena acostada sobre una camilla de ambulancia que la llevaba a hacer su tratamiento de rayos con un aparato llamado temiblemente “acelerador lineal”; María Elena en el museo de San Antonio de Areco haciéndome gozar de los cuadros de Figari; María Elena en medio del ocre de las hojas de aquel mismo otoño de Areco; María Elena en su escritorio, recostada sobre una cama camera apenas cubierta por una manta de telar mientras yo apretaba la tecla play de un grabador; María Elena en el Munich de la Recoleta intentando protegerse con gesto adusto y poca paciencia de la euforia de unas madres que insistían en acercarle a sus desconcertados niños...
* Fragmento.

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