No sólo los deportistas merecen la ayuda oficial

19 Mar 2018

Como informamos oportunamente, la Legislatura Provincial aprobó, en su sesión del jueves último, una renta vitalicia para deportistas que se hayan destacado en juegos Odesur, Panamericanos y Olímpicos. Esa renta equivaldrá al importe de una jubilación mínima. Pensamos que la sanción legislativa merece algunas observaciones.

En principio, parece justificado que el Estado ayude económicamente a quienes se hayan destacado en el deporte. Aunque convendría que esa ayuda alcance a quienes, de entre ellos, carezcan de una situación económica holgada. Y que, en esos casos, el beneficio empiece a regir a partir de cierta edad, cuando ya no sea posible encontrar un trabajo que permita vivir con decoro.

También cabe preguntarse por qué la renta citada alcanzaría solamente a los que se destacaron en juegos olímpicos, y nunca a muy importantes deportistas que pueden no haber competido en esos certámenes, y haber tenido, sin embargo, un desempeño de gran trascendencia. Nos parece que debieran practicarse modificaciones en la norma, para que el criterio justiciero tenga una extensión más amplia, que lo haga verdaderamente tal.

Pero, dentro del tema de estas recompensas vitalicias, hay que apuntar que ellas abren otros interrogantes. En concreto, es posible preguntarse la razón por la cual ha considerado la Legislatura que solamente un deportista importante merece una renta de por vida, y que no ocurre lo mismo con otras personas singularizadas en ámbitos distintos a los de las canchas de juego

Nos referimos a las personalidades de la cultura; a los científicos, investigadores, artistas y un largo etcétera. Esas personas no tienen, en los medios, la extraordinaria publicidad que rodea a los deportistas y que los hace conocer por todos. Pero la tarea que realizan tiene una mayúscula importancia en otros órdenes de la vida: los vinculados al adelanto científico y tecnológico, al progreso y agudeza del pensamiento, a las artes y a las letras, que son el más valioso ornamento de toda comunidad civilizada.

Sabido es que la inmensa mayoría de estos creadores carece, a lo largo de toda su vida, de las compensaciones económicas -en ocasiones cuantiosas- que los deportistas, durante su época de gran rendimiento, tienen posibilidades de recibir. Un investigador, un literato, un artista, un catedrático, por regla general son personas que viven muy ajustadamente. Y cuando la edad o la enfermedad los obliga a retirarse, suelen tener jubilaciones de montos absolutamente inadecuados a los que hubiera merecido su aporte al progreso científico y cultural. Podrían llenarse varios libros con sólo un catálogo de estos casos, muchos de ellos conocidos por el gran público.

Nos parece, entonces, que a la hora de recompensar servicios pasados, los hombres y mujeres que se han caracterizado por la calidad e importancia de su producción en ámbitos extradeportivos, también merecen que el Estado les acerque su ayuda, sobre todo en los años altos de la vida. Ellos son los más difíciles y, en su transcurso, el dinero es más necesario que nunca, ya que no pueden salir a la calle para ganarlo.

Convendría entonces que los representantes del pueblo estudien la manera de reparar la omisión y la lleven a cabo. Tucumán se ha enorgullecido siempre, y con razón, de su tradición cultural. Convengamos que no concuerda, con ese orgullo, la indiferencia respecto a quienes han afianzado tal tradición, desde la cátedra, el laboratorio o la mesa del escritor.

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