La magia de la doma para un domingo en familia

Este fin de semana, en el Festival que se desarrolló en el predio de la Rural, los tucumanos reafirmaron su devoción por la doma y el folclore

19 Mar 2018

“El aplauso de la gente… es el premio para el montador”, canta el payador mientras el potro enojado da brincos alejándose del palenque. El jinete no se acobarda y sujeta bien fuerte de las riendas al caballo. Es instantáneo el aplauso del público luego de la segunda campanada; se emocionan algunos espectadores, se escuchan gritos de satisfacción.

El reconocimiento se repite en cada monta y son unánimes los aplausos. “¡A mí me encanta la doma!”, exclama Augusto Cisneros, de 12 años, que se esconde detrás de su abuelo, sonriendo. Norberto Altamiranda, el abuelo, comenta que son una familia a la que le gusta el campo y los caballos. Desde pequeño su nieto interactuó con los potrillos y con los terneros. Por eso, siempre que pueden, se acercan a este tipo de evento. Norberto vive desde hace 20 años en San José. Pero, aclara, no se olvida de su Garmendia natal. “Vinimos después de almorzar a pasar la tarde viendo la doma”, detalla Norberto, que ha venido al festival con su esposa Paula, con Augusto y con otras dos nietas. Paula lo interrumpe para advertirle que dentro de una hora deben ir a la parroquia San José (frente a la Rural) porque empieza la procesión y las festividades religiosas.

La misma devoción por San José profesa la familia Yapura. “No nos perdemos ninguno de las celebraciones en torno al día de nuestro patrono”, comenta Candelaria Yapura. A pesar de no vivir ya en San José, no se pierde ninguno de los festivales. “El ambiente es familiar y este espectáculo refleja que el folklore sigue vivo y eso me emociona mucho”, señala, sonriente. Jessica Roldán, hija de Candelaria, comenta que en la noche del sábado el predio de la Sociedad Rural estuvo repleto de gente que cantó a coro durante dos horas con Sergio Galleguillo. “Todos cantaban y bailaban. Parecía carnaval, caía del cielo nieve y harina”, describe, todavía emocionada.

Ana Costilla, una vecina de Yerba Buena, destaca la convocatoria que tuvo el Festival. “El único día que no vine es el viernes. Me arrepiento porque es una fiesta muy linda. Además a los chicos les atraen mucho la doma y los caballos”, cuenta Ana, que vino acompañada de su cuñada, una amiga y su sobrino de tres años.

Entre el público, Gabriela Rosales sobresale con su sombrero blanco. “Es la primera vez que venimos”, subraya Gabriela. “A mi marido le encanta; él nos invitó y nos pareció una linda salida de domingo en familia”, comenta, ante la mirada atenta de su madre.

Poca venta

Si las artes ecuestres sedujeron al público, los puestos de comida no tuvieron ayer su mejor día, pese a la oferta tentadora de lasapas fritas, sándwiches de milanesa y de vacío, pizza, empanadas, tiras de asado, pollos a la parrilla y choripan (desde $ 50 los choripanes hasta aproximadamente $ 200 la docena de empanadas).

“Se vendió mucho el sábado. Estaba llenísimo y nos compraron hasta las 5 de la mañana comida y bebidas Pero hoy (domingo) estuvo muy flojo”, sintetiza Adriana Paredes, dueña de un puesto. “La jornada, empezó después de las 13 y las personas llegaron como a las 15, la mayoría, almorzó en su casa”, especifica la vendedora. Norma Giménez y la academia de folklore “El Palenque” administró otro de los puestos de comida. Al igual que Adriana, señala que el mejor día de venta fue el sábado. Pero queda el recuerdo de los aplausos del público, que no tiene precio.

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