La migración de jugadores en el fútbol tucumano

16 Mar 2018 Por LA GACETA

Aunque no es un fenómeno reciente, en los últimos años proliferó la migración de jugadores de fútbol de Tucumán. Por tratarse en general de juveniles, la mayoría nunca jugó en ninguno de los clubes más importantes de la provincia. Esta “fuga de talentos”, que pasan a jerarquizar instituciones foráneas resulta preocupante para el futuro del más popular de los deportes en nuestra provincia. Sin embargo, bueno es destacar que en los últimos tiempos se viene dando un cambio de panorama, a partir fundamentalmente del trabajo que se está desarrollando en Atlético y San Martín, clubes que todavía cuentan en sus planteles con mayoría de jugadores foráneos.

Dos futbolistas consagrados ofrecieron ajustadas visiones de la problemática. Matías Kranevitter advirtió que sería muy bueno que los clubes tucumanos se fijen más en nuestros chicos. “Tenemos muchos que pueden jugar en Primera y en todas las divisiones. Hay que apostar por ellos. Anhelo que tengan entre sus titulares más jugadores de aquí que de afuera”, dijo. Joaquín Correa, otro tucumano que juega en el exterior, fue incisivo. “En Tucumán no hay competencia o torneos serios que potencien las cualidades de los jugadores con proyección. Así no se puede competir con los clubes de Rosario o de Buenos Aires, que sí tienen eso, además de una infraestructura de contención. El problema no se trata de la calidad del futbolista de nuestra provincia, porque aquí sobran talentos”, aseguró.

La situación es seria y exige acciones, porque los captadores de talentos se están llevando chicos desde muy temprana edad con cierta sencillez y sin contemplaciones. Una solución podría ser establecer políticas deportivas claras y precisas en los clubes o en las escuelas de fútbol con respecto a esta “sangría”. También, armar más competencias para las divisiones infantiles, practicar seguimientos pormenorizados y sostener el apoyo en el tiempo.

Ante esta realidad, no resulta una prédica en vano sostener que lo que se necesita es atender cuestiones extradeportivas, pero que impactan en lo futbolístico. Que un club cuente con un albergue cómodo (donde el joven viva bien y se alimente de forma saludable); que brinde educación y que provea de médicos y nutricionistas, asoma como los principales requerimientos. Es un buen síntoma que tanto Atlético como San Martín comenzaran a encarar obras de infraestructura para dotar de comodidades a la actividad que se desarrollan en las categorías menores. En ese sentido, se edificaron vestuarios, albergues y nuevas canchas (o se acondicionó a las ya existentes). La inversión, en el caso del “Decano”, fue importante. Incluyó la compra de un terreno en San Andrés, donde se montará un complejo para los chicos. Y su “perla” es haber hecho construir una cancha de césped sintético, única en el norte. Ya hay un resultado visible a partir de este cambio de política: la aparición de jugadores como Tomás Cuello y Jonás Romero, ambos de Atlético y que ya vistieron la camiseta de la selección Sub 19.

Nuestro fútbol presentó en los últimos tiempos una evolución en muchos sectores. En ello no sólo están involucrados los clubes, sino también las escuelas de fútbol. Hoy, se trabaja muy distinto con respecto a años pasados; el cambio se nota. Todo lo hecho debe ser tomado como un ladrillo más puesto en una pared y planificar día a día cómo sigue la obra. Porque un deporte tan dinámico y popular no sólo vive de pasiones ni de gritos de gol.

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