Desde octubre, cuando se hizo cargo del Gobierno, José Alperovich corrió prácticamente solo. Sin contendor a la vista. Pero llegó el marchitante otoño y en los "idus de mayo" la oposición dejó de ser un puñado de parlamentarios nacionales y provinciales que disparaban como francotiradores, para florecer de golpe.
La aparición tuvo mayor fuerza desde el flanco gremial. Funamentalmente en dos sectores que el mandatario provincial considera emblemáticos de su Gobierno: la salud y la educación. Los cuestionamientos de la sanidad y de la docencia tienen como denominador el reclamo de un salario básico de $ 350, pero cada sector deslizó reclamos que apuntaron al corazón del Poder Ejecutivo. A Alperovich lo calificaron de "autoritario", al tiempo que atacaron los incrementos de impuestos y de tarifas de servicios, las amenazas de corte de agua y de cloacas, el programa Activo por Activo y el retirado proyecto de multimedios. En cuatro palabra, toda la gestión gubernamental.
ATEP se cobró revancha de la pulseada perdida en marzo, cuando el gobernador impuso la tercer nivel de la Educación General Básica (EGB) y se hizo una fiesta con los flancos débiles del área educativa. La denuncia de falta de docentes en las escuelas terminó por dejar mal parada a la Secretaría de Educación Susana Montaldo, a quien la Junta de Clasificación acusó de ser la responsable de que no se concreten los nombramientos correspondientes.
Sin apoyos
El periodista Nelson Castro puntualizó que el protagonismo del gobernador hace que él cargue con todo lo bueno y con todo lo malo. La rutilancia de Alperovich, por un lado, consigue que no haya fusibles en su gestión. Y demuestra, por otra parte, que la administración carece de personalidades capaces de desentralizar la labor y de imprimirle carácterísticas propias que indique la existencia de un equipo de elaboración y no sólo de ejecución.La soledad del Ejecutivo es notoria. No logró conformar hasta hoy un movimiento de opinión que lo acompañe. Sólo los funcionarios defienden sus propias acciones. Y son ellos los únicos que acuden a las ceremonias oficiales.
El peronismo, lejos de acompañar a la Casa de Gobierno, la notificaron como nunca en estos días de que no se consideran parte del oficialismo. El asado del domingo en el Timbó Viejo fue un telegrama por el cual se hizo conocer al Gobernador que si hubiera mañana comicios de convencionales constituyentes, el Partido Justicialista presentaría su propia lista. Y el PJ puede querer la reelección, pero para el próximo mandato y no para este. La extemporánea crítica al senador Julio Miranda por los niños muertos de hambre fue nafta para esa hoguera.
La precoz intención de modificar la Carta Magna no luce como un elemento de contención para buena parte de la opinión pública independiente. Tal vez por ello, el mensaje que comenzó a transmitir Alperovich a su entorno es el de que no tiene apuro con la cuestión.
Paralalelamente, Fernando Juri balconea con paciencia de pescador esa disputa, sin roces ni desgastes. El tiene la llave que abre la puerta para salir a jugar la reforma. Salvo que el Gobierno pretenda convocar las elecciones de constituyentes con la "ley-coima" del 20 de febrero de 2002, habrá que sancionar otra norma en el recinto donde el vicegobernador juega de local.
En este contexto, la gestión de Alperovich presenta complicaciones casi inéditas. En el subtrópico, las administraciones tienen problemas económicos o problemas políticos. Pero entre los reclamos salariales de los sindicatos y el enfrentamiento con el PJ, este Gobierno enfrenta ambos atolladeros. A pesar de que sólo tiene seis meses de vida, un superávit primario proyectado de más de 70 millones y una victoria en las urnas de 270.000 votos.
La suma da como resultado un Gobierno que intenta mostrarse distinto al que lo precedió, pero que aún no revela la existencia de un proyecto que trascienda la persona del gobernador. La recuperación de la calidad institucional sigue sin lugar en la agenda.







