Como Mirtha Legrand

08 Mar 2018

¿Por qué Juan Manzur estuvo sentado en esa mesa? Fue la pregunta que varios de los invitados al almuerzo en honor de los reyes de Noruega, Harald V y Sonia, que realizaron su primera visita oficial a la Argentina en medio siglo. Ni siquiera el gobernador tucumano sabe los motivos de la invitación porque el contacto entre Tucumán y el país nórdico es casi nulo.

El viaje del martes a Buenos Aires, incluso, dejó de lado otro compromiso. Manzur tenía que ser parte del Foro de Líderes Empresarios del NOA en el marco del Business 20, que se hizo en Salta. Esa cumbre estuvo rodeada de industriales. Pero el gobernador tucumano estuvo a la par del presidente Mauricio Macri; sí, ese que se pintó la cara para reclamarles a los hombres de negocios (como lo había hecho antes su ministro de Producción Francisco Cabrera) que dejen de llorar y que se pongan a invertir.

“El cambio viene por el lado de trabajar en conjunto, sin descalificaciones”, retrucó el industrial salteño José Urtubey, organizador de aquel foro en “La Linda”. El dirigente describió que los industriales tienen problemas de financiamiento, subas de tarifas, modificaciones arancelarias (decreto 814) y un consumo que no repunta. Afirmó que “en el Norte, la reforma tributaria diluye los eventuales beneficios por la caída que representó el decreto 814”. Una sensación similar es la que tienen los dirigentes de la Federación Económica de Tucumán (FET). Héctor Viñuales Santafé, su presidente, observa que la eliminación de aquel decreto no hace más que alentar las asimetrías históricas en el país. ¿Por qué? La explicación es sencilla. El decreto permitía descomprimir las cargas sociales sobre el IVA como un incentivo para que la mano de obra regional se quede en la zona y no tenga que emigrar hacia los grandes centros comerciales. El beneficio se traducía en créditos fiscales que alentaban la competitividad de las economías regionales. Tal como está concebido el esquema actual, una gran empresa instalada en el conurbano bonaerense gozará de los mismos beneficios que otra que está radicada en Tucumán, Salta o Jujuy. La diferencia es que en esta parte del país se pagan fletes para llegar a los puertos y no hay la misma infraestructura que en la zona núcleo de la Argentina. De allí la pérdida de competitividad.

El macrismo adquirió la costumbre de los almuerzos a lo Mirtha Legrand. Ayer fue el turno del mismísimo Urtubey que fue invitado por el jefe de Gabinete Marcos Peña -que suele hablar con el mandatario tucumano-, en un intento por bajarle la espuma a la disputa Gobierno-industriales. “Apostemos al diálogo y no entremos en generalizaciones”, le transmitió Peña al salteño, que fue acompañado por otros empresarios. Por la tarde se conoció que habrá otro encuentro, tal vez en forma de almuerzo, en la Casa Rosada entre miembros del gabinete y la cúpula de la UIA.

El macrismo está ingresando en la peligrosa senda de la confrontación, que alguna vez fue impulsada por Néstor Kirchner, en otras circunstancias. No sólo es con la oposición y los industriales. Ahora se suma la Iglesia, que ayer expresó su preocupación por la delicada situación social del país, por “el número creciente de despidos” y también por la “despenalización del aborto”. El poder no se gana con la fuerza, sino con el diálogo. Así llegó Macri a la Presidencia, con una plataforma que, en los discursos, era completamente diferente a la gestión anterior. “Lo que no es puede llegar a ser... como te ven te tratan y si te ven mal... ¡Te maltratan!”, diría la señora de los almuerzos.

¿Por qué Manzur estaba en aquel almuerzo con los Reyes de Noruega? En el entorno de Manzur, en tanto, consideran que la lectura política de la convocatoria del Gobierno nacional al mandatario está relacionada con la idea de entablar conversaciones sobre la reforma política con el ala más pragmática del Partido Justicialista (PJ). Manzur y el cordobés Juan Schiaretti vienen conversando acerca de lo que puede llegar a ser la reorganización del Justicialismo, que todavía no encuentra liderazgos. Esa es una de las fortalezas electorales que aún capitaliza Cambiemos, la dispersión de la oposición. Sin embargo, las peleas y las vicisitudes del programa económico vigente no suman. Y, así, aquel capital electoral puede esfumarse. Son los riesgos del “divide y reinarás”.

En Esta Nota

Notas de opinión
Comentarios