Cambiaron el tejido por la compu

Los adultos mayores no quieren quedar relegados de la tecnología. Buscan mejorar la comunicación con sus familiares y que los dispositivos les sirvan para entretenerse y buscar información. Por eso, con ayuda de sus nietos, de sus hijos o recurriendo a algún taller, toman la iniciativa de aprender a utilizar las computadoras de escritorio, las tablets y los teléfonos inteligentes.

07 Mar 2018

“Las abuelas cambiamos las agujas de tejer por la tablet”, afirma Mercedes García de Sotelo, de 75 años, mientras desbloquea la pantalla de su celular y se conecta a internet. Como Mercedes, son varios los adultos mayores que decidieron emprender una nueva travesía hacia el universo de la tecnología. Las razones y objetivos varían pero todos conllevan por detrás las ganas de comunicarse con su familia y no perderse lo que ocurre alrededor.

“Comencé a utilizar el celular porque quería estar al tanto de la vida de mis hijas y poder comunicarme con ellas. Una vive en Brasil y el teléfono fue la solución para mantener el vínculo a la distancia -narra Inés Graciela Coronel, de 65 años-. Hay que abrirse a las nuevas experiencias. Al ser grandes nos cuesta un poco más, pero hay que insistir, tenemos que dejar de cerrarnos a los cambios”.

“Desde que uso el celular me comunico mejor con mis nietos, ellos hablan el lenguaje digital y, por eso, estoy utilizando estos recursos para estar cerca. Cada tanto les pido que me enseñen y, aunque se estresan y reniegan, mi nieta de 12 años ya me explicó cómo usar las redes sociales. Ella fue mi primera amiga cuando creé una cuenta en Facebook”, recuerda divertida Elena Santamaría, de 80 años. Elena comparte un grupo de WhatsApp con sus cinco hijos y sus cuatro nietos: “el mayor de mis hijos vive en Bolivia, cuando nos juntamos toda la familia a comer le mando fotos del asado o de los bizcochuelos que cocino. A cambio, él me manda audios con sus protestas y yo siento que está con nosotros en la mesa”. Además, Elena usa el celular para reenviarle a sus amigas fotos de sus nietos y hasta mandar memes y emojis (aunque ella los conoce como “caritas animadas”).

Carmen Rodríguez, de 85 años, también aprendió a utilizar el celular con la ayuda de sus nietas. “Mi abuela me envía todos los días mensajes para saber cómo estoy o le envía a mamá fotos de sus plantas y de los perros. Para que no se aburra, ayer le descargué en la computadora los juegos del solitario, el buscaminas y Farm Frenzy”, cuenta Lucía. Además le enseñó a Carmen las reglas básicas de Twitter para que pudiese seguir en línea a Marcelo Tinelli y a Mirtha Legrand, dos personajes mediáticos que le encantan.

Por otra parte, su nieta Maitena, de 16 años, intenta que Carmen vea películas con su cuenta de Netflix. “Ella anota los pasos en una libreta chiquita pero se los olvida o después no sabe iniciar sesión. Le repito lo mismo muchas veces pero mi abuela aprieta cualquier botón del mouse. Quiero que aprenda así podemos ver series juntas”, dice Maitena.

Intentar algo nuevo

Luis Bolañes, profesor de varios talleres de tecnología para adultos mayores en La Casa de la Ciudad, resalta que la paciencia y la constancia son fundamentales para enseñar a las personas de la tercera edad sobre computación. “El cambio es difícil, ellos sienten que hay un divorcio con la tecnología pero, cuando la conocen, se entusiasman. El 90% de los adultos mayores comenta que no se anima a usar la computadora por miedo a tocar la tecla equivocada y que se borre la información. Primero hay que trabajar con ese temor, con el miedo a lo desconocido”, comenta Bolañes.

Es la primera vez que Eva Catalina Guillé, de 78 años, usa un dispositivo electrónico y, habiendo roto sus temores iniciales, está dispuesta a aprender sobre estos “pequeños aparatos modernos”, como ella los llama. “Todavía no sé manejar nada de tecnología, pero mi familia me incentiva a que lo haga. Me cuesta agarrarle la mano, espero en el futuro poder mandarles mensajes a mis hijos y sobrinos aunque, por lo pronto, ya sé como encender y apagar la tablet”, dice Eva.

Para Fernando Brito, de 78 años, desde que su hija le regaló un celular, aprender a usarlo fue una meta personal. “Estoy contento, pensaba que no sería capaz de aprender por mi edad, soy bastante cabeza dura, pero después me di cuenta de que sí se puede. No es imposible usar la tecnología, sólo se necesita entenderla desde el comienzo. Es como con las matemáticas, se empieza por lo menos complicado para ir a lo más complejo”, comenta entusiasmado. Fernando aprendió a buscar videos en YouTube y pudo oír una canción de Jairo desde la plataforma: “me gusta escuchar buena música y ver los videos para entretenerme un poco. También leo el diario por el celular, saco fotos y, por supuesto, converso con mis hijos”.

> Un medio de entretenimiento

Cómo forma de recreación, a Inés Graciela Coronel le encanta descargarse juegos en su celular y, según comenta, puede pasarse más de dos horas al día jugando al Candy Crush: “ya voy por el nivel 3.900, es divertido porque competís con gente de otros países y vas subiendo de niveles”. En cambio, Mercedes García de Sotelo, jubilada de su cargo de profesora de Biología, utiliza la computadora para ingresar a Google y conocer más sobre la novela “El sultán”. “Me fascina internet porque encuentro muchísima información sobre el imperio otomano y sus costumbres. Relaciono la historia verídica con mi novela y la comprendo mejor. Siento que buscar información y aprender cosas nuevas por internet agudiza el ingenio y es una forma de actualizar las neuronas”, explica.Dolores Jorge, de 65 años, está de acuerdo con Mercedes. “Internet es una telaraña de datos y noticias. Le preguntás a Google cualquier tontera y tiene miles de respuestas: dietas, tutoriales, videojuegos para mis hijos y páginas de espectáculos”, afirma convencida de la capacidad del buscador. A Dolores le encanta el bordado y la pedrería por lo que tiene varias cuentas en la red social Pinterest. “Es bastante positivo que los adultos podamos insertarnos en la tecnología para no quedar relegados. Si no tenés acceso a la tecnología quedás fuera del sistema y perdés el contacto con otras personas -resalta Dolores-. No nos podemos dejar estar, la ciudad evoluciona y los adultos mayores tenemos que evolucionar también”. 

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