Las manchas del tigre

22 Feb 2018 Por Marcelo Aguaysol

Pecados de verano. Por palabra, obra u omisión. Eso es lo que ha quedado de esta temporada que calentó el escenario político argentino. Que potenció aquella vieja pero tan actual frase de “total...¿qué le hace una mancha más al tigre?” Las polémicas decisiones se toman cuando nadie los ve, como cantaría un español. O, mejor dicho, cuando la sociedad busca el descanso en las sierras, en las playas o en la tranquilidad de sus hogares. Pero la dirigencia política argentina siempre tiene que mostrar algo en el verano, para calentar más el ambiente con una sucesión de hechos desafortunados que no distinguió colores partidarios y que abarcó desde los más encumbrados hombres de poder hasta los más ignotos.

Mauricio Macri arrancó el año con una mojada de oreja a la institucionalidad. Un megadecreto presidencial con el que se intenta reducir la burocracia. La cuestión de ese Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), que introducía 140 modificaciones normativas y buscaba derogar 19 leyes, fue diluyéndose a medida que pasaban los dos primeros meses del año. La historia en el Gobierno nacional no terminó allí. Jorge Triaca, ministro de Trabajo, se subió a la marquesina y lo dilapidaron porque un audio de WhatsApp se conoció que su empleada doméstica estaba en negro, pero fue designada delegada en un sindicato. El “incidente Triaca” le costó varios puntos en la consideración social a la gestión de Macri. Ah, hace algunos días, el ministro de Trabajo pidió luchar contra la informalidad laboral. Un detalle.

Otro dolor de cabeza para los moradores de la Casa Rosada llegó desde España. El diario El País reveló que el subsecretario general de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan, no declaró su participación en una sociedad radicada en el Reino Unido con una cuenta en la banca del Principado de Andorra. Terminó eyectado del Poder Ejecutivo y dejó al jefe de Estado como aquel marinero de la serie televisiva que naufragó hacia una isla ignota debido a la tormenta política.

Los yerros políticos del verano en el poder también se reflejaron en Tucumán. El último es el que tiene como protagonista al gobernador Juan Manzur. Durante su misión comercial a Dubai se conoció que Agro Aceitunera SA, la empresa del mandatario tucumano, forma parte de la oferta argentina en el exterior. Más allá de que el titular del Poder Ejecutivo diga que no hay conflictos de intereses, hay algo que es ineludible: la omisión. Antes de partir hacia el emirato árabe, Manzur debió haber dicho que en la feria de Gulfood iba a exhibirse los productos de la compañía que tiene junto con su esposa. Esto es, al menos, para cuidar las formas. En un mundo globalizado, todo trasciende; nada queda oculto bajo el sol.

Manzur dejó Tucumán cuando estalló el sonado caso de los dos policías asesinados en el Parque 9 de Julio. La sociedad se convence cada vez más que la inseguridad transita las calles tucumanas a sus anchas y que aún no se puede encontrar el antídoto para luchar con el delito. En la Legislatura esperaban que el ministro de Seguridad, Claudio Maley, explicara qué es lo que está pasando y qué está haciendo el Ejecutivo para combatir a los delincuentes. La respuesta del ex gendarme fue que posponía el encuentro por problemas de agenda. Ayer recibió a choferes de colectivos y a taxistas. Dejó en off side, incluso, hasta el propio Osvaldo Jaldo que, si bien está al frente del Poder Ejecutivo, es el presidente de la Cámara que reclama explicaciones. En medio de todos estos problemas de Estado, el senador José Alperovich asomó como mediador de conflictos entre particulares. Actuó como le gusta, como un hombre que ejerció el poder durante 12 años. Otra muestra de que tiene ganas de volver a la conducción de la provincia.

El verano político sigue mostrando que no se puede percibir cómo terminará la novela del Frente Justicialista por Tucumán, con un triángulo de poder en el que sólo hay lugar para dos. Pero la serie parece prolongarse porque, en el otro canal, el de Cambiemos, el libreto tampoco tiene a la unidad como eje. Ya se exteriorizaron cortocircuitos que, más temprano que tarde, se desatarán por las candidaturas.

Así se va apagando el verano, con gestiones y dirigentes que siguen acumulando manchas.

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