"Tecnoestrés": cuáles son los riesgos de ser adicto a internet

La abundancia de información a través de mails, WhatsApp o mensajes de texto genera estrés, distrae a los empleados, causa trastornos psicológicos, quita creatividad y eficiencia. Vivir “conectados”, incluso, lleva a perder relaciones interpersonales

20 Feb 2018

Digamos que es una escena fantástica, pero a conciencia de que es mucho más cotidiana de lo que imaginamos. Te despertás y lo primero que hacés (incluso antes de desperezarte) es mirar el celular… y ves con horror cómo engordó la bandeja de entrada de tu correo electrónico. Y, de paso, tres mensajes de tu jefe en el Whatasapp. En el medio del desayuno suena el teléfono. “¿No recibiste aquel mensaje que envié anoche? ¿No estabas conectado?”, te reclama alguien. “Deberías estar siempre online”, le faltó decir. Y la jornada recién empieza…

Si situaciones como estas te resultan familiares -y vienen acompañadas de una sensación de ansiedad- probablemente seas una persona “tecnoestresada”. Y aunque no estás inventando nada, lo que estás viviendo puede tener efectos psicológicos, semejantes a los de cualquier adicción.

De hecho, según cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en 2017 alrededor del 52% de los usuarios de Internet padecía algún tipo de conducta adictiva relacionada al uso de dispositivos tecnológicos o a los hábitos de uso de Internet y redes sociales. Pero, se advierte, la cuestión no radica en las tecnologías en sí, sino en la relación que establecemos con ella.

Los “inventores” del término fueron la psicóloga Michelle Weil y el educador Larry Rosen como título de un libro en 1997. “El tecnoestrés es un problema real y reside en la interacción entre el usuario de la tecnología y la tecnología en sí misma”, explicó un año después en una conferencia sobre el tema la psicóloga Nina Davis-Millis, que trabaja para el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Estados Unidos. Y la cosa recién empezaba...

Según informa la BBC, nada menos que Microsoft acaba de publicar resultados de una encuesta a 20.000 trabajadores en más de 20 países europeos. Detectaron que, lejos de hacerlos más productivos, la tecnología distrae a los empleados. Muchos aseguraron que la cantidad de correos electrónicos, mensajes y notificaciones los abruma y les impide concentrarse. Otros, que la tecnología que usa su empresa puede constituir un obstáculo en el objetivo de ser más eficientes.

“Los trabajadores modernos tienen tecnología abundante a su alcance -afirma el informe-. Pero esa disponibilidad no se traduce necesariamente en impacto”. Por ejemplo, describe, la conectividad constante genera peligros relacionados con las expectativas de que los empleados deben responder a todas horas a cualquier mensaje.

La llamada “flexibilidad laboral” tampoco ayuda, pues a menudo va unida a la asunción de que la gente que trabaja muchas horas debería ser más productiva.

“Las tecnologías pueden saturar a las personas y hacerlas menos productivas porque quedan atrapadas en ellas -resalta Cary Cooper, profesor de Psicología Organizacional en la Escuela de Negocios de Manchester, Reino Unido-. La productividad proviene del intercambio creativo. No funciona cuando la gente se sienta delante de una máquina a enviar emails”.

Y hasta aquí solo se habló del ámbito laboral. El psicobiólogo español José María Martínez Seva, autor del libro “Tecnoestrés: Ansiedad y adaptación a las nuevas tecnologías en la era digital”, dice que los inconvenientes generados por las nuevas tecnologías incluyen la pérdida de relaciones personales o la sobrecarga de información. “En muchos casos, nos hace más dependientes, ignorantes y solitarios”, afirmó.

PUNTO DE VISTA

Mecanismos evasivos
============07Q FIR Análisis (12154934)============
Marta Gerez Ambertín
Posdoctora en Psicoanálisis
============02 TEX con Capitular (12154935)============
A medida que nos relacionamos mejor con el mundo real, disminuye la adicción al mundo de las llamadas “redes sociales”; a medida que somos capaces de conseguir amigos o parejas reales, disminuye la adicción a los (ilusorios) amigos o parejas virtuales. El denominador común entre la adicción al juego o a las drogas y la adicción a internet es que son mecanismos evasivos, instrumentos que permiten huir del (insoportable) mundo real. Es archisabido que la mayoría de la información sobre nosotros o sobre los otros que aportan las redes sociales es totalmente insustancial o mentirosa. Estamos “conectados”, pero no “acompañados”, y la treta estriba en hacernos tomar una cosa por la otra. Así, los cientos de “amigos” de Facebook permiten disimular la carencia de amigos verdaderos; el sexo “internético” permite disimular la incapacidad (o terror) para el sexo real. ¿Cómo no entregarse enteramente (“adiccionarse”) a un universo ilusorio donde todo puede comenzar o terminar con un simple, sencillo y poco costoso click? Del mismo modo que el ludópata espera la próxima chance para “salvarse”, el adicto a las redes sociales espera que el próximo link (enlace) le aporte lo que la realidad se empecina en negarle. Es, sencillamente, una nueva “cautividad”, de allí que tan bien le corresponda el apelativo de “adicción”: el addictus era el deudor insolvente que, por falta de pago, era entregado como esclavo a su acreedor. Como se es incapaz de pagar los costos de vivir en el mundo real, se es esclavo del mundo virtual.
Lamentablemente, al igual que el ludópata, el adicto a internet tarde o temprano debe abandonar la sala de juegos y retornar al mundo de las cuentas a pagar, de la comida que comprar y del trabajo que cumplir. En ese mundo nada se resuelve con un click ni con el número de la suerte soñado. Pero ese refugio hace que, más desvalidos que nunca, no sepan cómo enfrentar ese mundo real.


Mecanismos evasivos

Marta Gerez Ambertín - Posdoctora en Psicoanálisis

A medida que nos relacionamos mejor con el mundo real, disminuye la adicción al mundo de las llamadas “redes sociales”; a medida que somos capaces de conseguir amigos o parejas reales, disminuye la adicción a los (ilusorios) amigos o parejas virtuales. El denominador común entre la adicción al juego o a las drogas y la adicción a internet es que son mecanismos evasivos, instrumentos que permiten huir del (insoportable) mundo real. Es archisabido que la mayoría de la información sobre nosotros o sobre los otros que aportan las redes sociales es totalmente insustancial o mentirosa. Estamos “conectados”, pero no “acompañados”, y la treta estriba en hacernos tomar una cosa por la otra. Así, los cientos de “amigos” de Facebook permiten disimular la carencia de amigos verdaderos; el sexo “internético” permite disimular la incapacidad (o terror) para el sexo real. ¿Cómo no entregarse enteramente (“adiccionarse”) a un universo ilusorio donde todo puede comenzar o terminar con un simple, sencillo y poco costoso click? Del mismo modo que el ludópata espera la próxima chance para “salvarse”, el adicto a las redes sociales espera que el próximo link (enlace) le aporte lo que la realidad se empecina en negarle. Es, sencillamente, una nueva “cautividad”, de allí que tan bien le corresponda el apelativo de “adicción”: el addictus era el deudor insolvente que, por falta de pago, era entregado como esclavo a su acreedor. Como se es incapaz de pagar los costos de vivir en el mundo real, se es esclavo del mundo virtual.
Lamentablemente, al igual que el ludópata, el adicto a internet tarde o temprano debe abandonar la sala de juegos y retornar al mundo de las cuentas a pagar, de la comida que comprar y del trabajo que cumplir. En ese mundo nada se resuelve con un click ni con el número de la suerte soñado. Pero ese refugio hace que, más desvalidos que nunca, no sepan cómo enfrentar ese mundo real.

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