Las escuelas necesitan conocer sus trayectorias

19 Feb 2018

Con mucha frecuencia, acuden a la sección Archivo de LA GACETA, directoras, docentes o alumnos de las escuelas de la provincia, para solicitar datos referidos a la fecha de fundación de su establecimiento, a las autoridades que tuvo a lo largo de su trayectoria, a los sucesivos edificios, o a las razones del nombre con el cual fue bautizado. No siempre es posible satisfacer toda la consulta. Sucede que una buena parte de ella demandaría detenidas investigaciones en las actas de la Legislatura, o en los archivos que, se supone, debe poseer el área respectiva, provenientes del antiguo Consejo General de Educación.

Esa incertidumbre, que en muchos casos termina disipada sólo a medias, demuestra una carencia en la documentación de cada establecimiento que bien podría corregirse. Hace muchos años, en 1930, el doctor Juan B. Terán, como presidente del Consejo Nacional de Educación, dispuso crear el denominado “libro histórico” para las escuelas rurales.

La circular respectiva disponía que cada establecimiento estaba obligado a notar, en un cuaderno, todo lo referente a su nombre y a su entorno histórico, geográfico y social; los hechos destacables ocurridos en la zona, las tradiciones, artesanías, etcétera. También debía consignar las biografías de personalidades prestigiosas o de maestros ejemplares del lugar. Es decir, aspiraba a establecer, con base en la escuela, un banco de referencias que armaran la tradición de cultura local. La norma implicaba una innovación y una nueva tarea, de manera que pronto cayó en desuso.

Por cierto que la oscuridad sobre los antecedentes de las escuelas, podría solucionarse, como decimos arriba, por medio de una investigación. Pero esta, nada sencilla, demandaría una aptitud, un tiempo y una dedicación de los que el personal directivo y docente no disponen. Como tampoco disponen de fondos para encargar la búsqueda a terceros y abonarles los respectivos honorarios. De ese modo, se priva la escuela de tener una conciencia sobre su trayectoria, lo que es lamentable, considerando la antigüedad y la importancia de nuestra tradición educativa. Muchas veces, la ignorancia llega hasta los datos biográficos del prócer cuyo nombre lleva el establecimiento: del cual tampoco se posee, muy a menudo, un retrato. No parece que aquella iniciativa de 88 años atrás del doctor Terán, bien podría ser remozada y aplicada en nuestra actualidad. Hablamos de la posibilidad de establecer como obligación, que cada establecimiento, de la ciudad o de la campaña, lleve un “libro histórico”. Es decir, un libro de hojas blancas, sólidamente encuadernado, donde se anoten todos los antecedentes referidos al pasado de la escuela y a su presente. Un apunte tanto de las referencias con las cuales se cuente, como las que se vayan obteniendo más adelante, provengan de testimonios escritos o verbales.

El “libro histórico” nunca podría salir de la escuela, y podrían confiarse por turnos las anotaciones tanto al personal directivo como al docente. Y cada vez que se renueve la dirección, ser entregado bajo constancia de firma a la nueva autoridad, y así sucesivamente. Esto para evitar que, ante la falta de antecedentes, se alegue posteriormente el cómodo argumento de que “la anterior directora se llevó todo”. Pensamos que, de esa manera, se iría cimentando una tradición, que permita a cada escuela enorgullecerse de ella y conmemorar sus fechas más destacadas.

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