Las arterias peatonales y las ordenanzas municipales

17 Feb 2018

Representó un monto de importancia, por cierto, la suma que la Municipalidad de San Miguel de Tucumán invirtió, allá por 2015, para el nivelado, embaldosado y trabajos subterráneos en la peatonal de calle Mendoza. No menos significativa es la inversión que le demandan, ahora, los trabajos similares en la calle Muñecas. Nadie puede discutir el significativo aporte que esas obras representan, en orden a elevar, de modo muy apreciable, la comodidad y la estética en un punto neurálgico de nuestro centro comercial.

Por eso, junto con ese remozamiento sustancial de su superficie, y el agregado de desagües y de pérgolas cubiertas, es necesario adoptar medidas enderezadas a que el logro que todo ello representa, no termine desvalorizado y degradado. No se trata de tomar recaudos excepcionales, sino de acometer algo sin costo y mucho más al alcance de las autoridades. Se puede sintetizar, sencillamente, en cuatro palabras: hacer cumplir las ordenanzas.

No está ocurriendo así en la peatonal de la calle Mendoza, como cualquiera lo puede comprobar. Está prohibido el ingreso de vehículos de dos ruedas, aunque su conductor no esté montado y los lleve empujando. Sin embargo, a toda hora del día se produce ese ingreso, teóricamente vedado. Está prohibido también, obviamente, el estacionamiento de tales rodados en el ámbito de la peatonal. Sin embargo, hay motociclistas que tranquilamente dejan allí sus máquinas, y no pocos ciclistas amarran las suyas, con cadenas, a un árbol o a una columna de las farolas. Está prohibida la venta ambulante, como lo confirmaron en su momento los enérgicos operativos de desalojo. Sin embargo, esa venta sigue existiendo. Por las mañanas, en pequeña medida, y en gran medida cuando cae la noche. Esto se halla favorecido por la ausencia absoluta del personal de agentes municipales, cuyo curioso horario haría suponer que desde el atardecer hasta que amanece, es tan correcta la conducta del vecindario, que no requiere control alguno. Y por supuesto, como no existe un convenio (que tantas veces hemos sugerido) para que la Policía coopere haciendo observar las normas comunales, cada infractor obra como quiere.

Así, los ambulantes despliegan tranquilamente su mercadería sobre el piso; los ciclistas acortan camino pedaleando por medio de los transeúntes; y los motociclistas se detienen en medio de la peatonal para buscar a familiares o amistades que terminan su horario en los negocios. Con un desorden de ese tipo, se degradan totalmente las peatonales por el uso indebido, y pierde valor el cuantioso esfuerzo económico que se realizó para convertirlas en un pulcro paseo comercial: en ese “shopping a cielo abierto” que tanto se publicitó en su momento. Pensamos que el cuadro someramente descripto debiera ser conjurado, con las medidas enérgicas que la Municipalidad debe implementar, de manera que el espacio peatonal quede libre de vehículos de dos ruedas y de vendedores callejeros. Las ordenanzas municipales, como tantas veces lo hemos dicho, si no se hacen cumplir, no tiene sentido dictarlas. Es más, ese incumplimiento va arraigando en el vecindario una cultura de la infracción, que es realmente lamentable y muy difícil de extirpar con posterioridad. Nuestro centro comercial, cada vez más nutrido y más activo, merece un marco donde la observación de las normas municipales sea lo normal, y su desacato la excepción, rápidamente corregida y sancionada.

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